A partir de diciembre y hasta febrero, los micros de La Plata entran en un régimen de baja frecuencia, conocido como “horario de verano”. Al rayo del sol, que sale cada vez más temprano, las esperas se alargan y las dificultades de conectividad de los barrios periféricos quedan expuestas, mientras que los transportes pasan cada vez menos y más saturados.
Las localidades de la periferia platense concentran alrededor de medio millón de personas, casi dos tercios de la población estable del partido de La Plata. Sin embargo, sus habitantes son quienes padecen con mayor crudeza las modificaciones en los horarios del transporte público.
Mientras aguarda el 202, una joven de Berisso señala que la baja de frecuencias “es un tema”, ya que, aunque disminuye el movimiento general, el impacto se siente igual. “Con el calor y los micros llenos se hace más difícil”, explica. Según cuenta, pasó de esperar “quince minutos” a hacerlo entre “media hora o 40 minutos”. Marta, vecina de la misma ciudad, opta por la bicicleta o por "la caminata" para evitar la incertidumbre en la parada.
Esperas largas y consecuencias laborales
Las demoras también se repiten en Villa Elvira, barrio ubicado al sudeste del casco urbano. Allí, el tiempo de espera puede alcanzar los “30 o 45 minutos”, según relata una vecina. “Si uno entra a trabajar a las ocho de la mañana, tiene que salir a las seis y media para poder alcanzar un micro porque van repletos: además de la baja frecuencia, se llenan y no paran y después tenés que volver a esperar esa media hora o 45 minutos para que pase el siguiente”, explica.
La situación tiene consecuencias concretas: "en el trabajo no te entienden si llegaste tarde. Perdí un trabajo por llegar tarde. Trabajaba en Berisso y el micro pasa cada una hora. No era que lo perdía, sino que el micro iba repleto y no paraba. Llegaba una hora tarde al trabajo y me despidieron". Ahora, si está en apuros recurre a aplicaciones "como Didi Moto, que es lo más rápido".
Frecuencias mínimas y recorridos extensos
Una jubilada usuaria de la línea Este describe un escenario aún más crítico. Para regresar a su casa, ubicada entre Sicardi e Ignacio Correas, depende del interno 80, que puede tardar entre “dos horas o dos horas y media”. “No hay taxis ni autos que te lleven hasta allá”, comenta. La alternativa del Este 14 tampoco resulta efectiva: “Casi nunca frena, viene lleno”.
Incluso dentro del casco urbano se registran reclamos. Un vecino de El Mondongo cuestiona la reducción del 214, una línea de alta demanda que durante el año pasa “cada diez minutos”, pero que en verano apenas circula un par de veces por hora.
A esto se suma la falta de precisión de las aplicaciones que informan la llegada de los colectivos, que no siempre reflejan el horario de verano. Para muchos usuarios, esa desactualización vuelve todavía más inciertas las esperas y complica la organización diaria.