“Disculpe, usted salvó a una bebé la noche que el Titanic se hundió”, se escuchó del otro lado del teléfono.
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Este 15 de abril se conmemoran 114 años del hundimiento del RMS Titanic. La increíble historia que envuelve a la tripulante bonaerense.
“Disculpe, usted salvó a una bebé la noche que el Titanic se hundió”, se escuchó del otro lado del teléfono.
"Sí", atinó a responder, dubitativa, la mujer.
"Yo era esa bebé", rió y colgó esa voz femenina en medio de la noche tormentosa.
Este diálogo, se dio años después del hundimiento del RMS Titanic, la más famosa catástrofe marítima ocurrida en la noche del 14 al 15 de abril de 1912. La mujer que escuchó sorprendida ese llamado era Violet Constance Jessop, una bahiense que era una de las escasas mujeres que integraban la tripulación. Y que, además, tiene el feliz récord de haber sobrevivido a tres naufragios en su vida.
Si bien su amigo y biógrafo John Maxtone-Graham dijo que lo más probable era que esa voz era de alguna joven del pueblo británico donde por esos años Violet vivía haciéndole una broma, ella siempre estuvo convencida que era de la bebé que protegió en medio de la tragedia. "No, John, nunca le había contado esa historia a nadie antes de contártela ahora", le respondió, en ese momento.
Más allá de este detalle, lo cierto es que la historia de Jessop es increíble. Nacida en Bahía Blanca en octubre de 1887, fue la mayor de varios hijos de un matrimonio de inmigrantes dublineses que se dedicaban a la crianza de ovejas. Durante su adolescencia, contrajo tuberculosis y, pese a que los médicos del Hospital Británico le dijeron que viviría solo unos meses, sobrevivió. Una palabra, sobrevivió, que la persiguió en el resto de sus días.
Tras la muerte de su padre, junto a su familia se instaló en Inglaterra. Allí, la madre, Katherine, consiguió trabajo como camarera en el RMS Orinoco, un barco de correos real británico que operó entre ese país europeo y el Caribe. Pero al poco tiempo su madre murió y Jessop, con 19 años, se hizo cargo de toda la familia.
Había aprendido de su madre el oficio de camarera de a bordo, y consiguió trabajo como tal primero en el Orinoco, luego el Majestic y finalmente en el RMS Olympic, el más lujoso y gigante de su tiempo. Fue a bordo de este cuando en septiembre de 1911 tuvo su primera historia límite en el agua. El barco gemelo del Titanic chocó con el crucero británico HMS Hawke, aunque afortunadamente, no hubo víctimas mortales.
El 10 de abril de 1912, ya de 25 años y adiestrada también como enfermera, fue una de las camareras contratadas para servir en el Titanic, ese monstruo de 269 metros de largo y cuatro chimeneas que llevaba a bordo 2224 almas.
Tardó tres años en construirse y sólo navegó cuatro días, partió desde Southampton rumbo a Nueva York. Magnates, empresarios, políticos y personajes de lo más influyentes y adinerados iban en primera clase. Pero en el resto de la nave iban familias enteras que no conocían el turismo ni el confort, y que tenían a Estados Unidos como el destino para desarrollar sus “sueños americanos”.
Minutos antes de la medianoche del 14 de abril, el gigante de 52.000 toneladas chocó contra un iceberg. Un daño que llevó a inmortalizar una fúnebre frase: "El Titanic se hundirá en dos horas". Mientras la orquesta animaba los salones de primera clase, Violet buscaba serenar a los pasajeros de elite que empezaban a alarmarse, y luego hizo lo propio con los de tercera clase.
En medio de los gritos, consiguió un lugar en el bote salvavidas número 16. Lo hizo gracias al pedido de un oficial que insistía a las mujeres de la tripulación que suban para que así dieran el ejemplo sobre lo seguro que eran esas pequeñas estructuras de madera. Como se decía que el Titanic era muy seguro, invulnerable, nadie reparó en que los botes tenían lugar para 1178 pasajeros. Lejos de los 2224 que viajaban.
En momentos donde reinaba la desesperación, uno de los oficiales puso, intempestivamente, un bebé en sus brazos. Ella lo cuidó ocho horas hasta la llegada del rescate del transatlántico británico Carpathia. Ya en cubierta, una mujer envuelta con una manta llegó corriendo hasta ella y le arrancó, sin decir ni siquiera gracias, el chico de los brazos. Era la madre que se reencontraba con su beba.
Tras la tragedia que dejó sólo 712 sobrevivientes, Violet regresó a Inglaterra. Ya con la Primera Guerra Mundial en marcha, a fines de noviembre de 1916 la mujer de “las mil vidas” tuvo otro hecho que volvió a marcarla. No a fuego, sino a agua.
Como enfermera de la Cruz Roja, navegaba por el Mar Egeo en el HMHS Britannic, un transatlántico reconvertido en buque hospital, cuando una explosión hizo temblar su estructura y se fue a pique en apenas 55 minutos. El accidente causó 30 muertes, pero una vez más la mujer fue una de las sobrevivientes. Pese a que al tirarse al agua se fracturó el cráneo, uno de los tripulantes la vio sumergida y la rescató tomándola de su larga cabellera.
Ni los anteriores ni este último naufragio alejaron a Violet de las inmensidades de los océanos. Y recién dejó los barcos, de manera definitiva, en 1950, cuando ya tenía 63 años. Fue allí que se mudó a una casa de campo en Great Ashfield, en el condado de Suffolk, al este de Inglaterra.
Tuvo un muy breve matrimonio y sin hijos, sus memorias fueron publicadas por sus sobrinos, en 1998, casi treinta años después de su muerte, el 5 de mayo de 1971.
“Me preguntaron como vivía, me preguntaron / Sobreviviendo dije, sobreviviendo”, escribió alguna vez Víctor Heredia en una de sus más emblemáticas canciones que, sin dudas, podría aplicarse a esta bahiense que una insuficiencia cardíaca le quitó a los 84 años la vida, algo que la tuberculosis y tres desastres en alta mar no habían podido.
Fuente: Agencia DIB