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Ricardo Barreda durante el juicio.
En el primer relato, contó que había limpiado parte del techo y se iba a poner a limpiar la entrada de la vivienda. Pero en ese momento se le cruzó su hija Cecilia, la mayor, de 26 años y además colega. La joven le dijo con sorna: “Parece que Conchita –mote peyorativo con el que, según él, lo llamaba su familia- se levantó temprano y se puso a trabajar”.
Barreda contó que en ese instante sintió “una especie de rebeldía” y le dijo a su hija: “El Conchita no va a limpiar nada la entrada, el Conchita va a atar la parra”. Continuó: “Para hacer eso había que sacar una escalera del garaje. Voy a buscar un casco que estaba en el bajo escalera, porque tuve dos conocidos que haciendo cosas similares se vinieron abajo y tuvieron lesiones serias en la cabeza. Entonces yo me había comprado un casco de esos de obreros de la construcción y voy a buscar el casco y encuentro que afuera del bajo escalera, entre una biblioteca y la puerta, estaba la escopeta (una Víctor Sarasqueta calibre 16 que le había obsequiado su suegra) parada. Los cartuchos estaban al lado, en el suelo, en una caja, y así habían estado desde hacía mucho tiempo. Y ahí, bueno, fue extraño. Sentí como una fuerza que me impulsaba a tomarla. La tomo y voy hacia la cocina”.
El orden de los femicidios
¿Cómo fue el orden de los crímenes? El primer relato del odontólogo continúa: “Voy hasta la cocina, donde estaba Adriana (su hija favorita, de 24 años, y a punto de casarse), y ahí disparo”.
Pero según los últimos datos, primero mató a su mujer Gladys McDonald, luego a su hija Cecilia, después a Adriana y finalmente a su suegra Elena Arreche.
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La mujer, la suegra y las hijas de Ricardo Barreda.
Esto fue fundamental para que se aplicara la teoría de la conmoriencia del Código Civil, es decir, cuando no puede determinarse el orden exacto de las muertes en casos de múltiples homicidios. Esta doctrina presume que todos los fallecidos murieron al mismo tiempo, lo que impide que se hereden bienes entre ellos y dirige la sucesión hacia parientes colaterales.
La figura resultó determinante para excluir a Barreda de la herencia de su esposa e hijas -fue declarado “indigno”- y para que los bienes pasaran directamente a la familia de Arreche.
Detalle: mucho después del juicio y la condena, Barreda contó que no había querido matar a Adriana, su preferida. De hecho, aseguró, “los crápulas de mis abogados me hicieron decir que la última en morir había sido mi hija menor, así yo heredaba la casa”.
Ricardo Barreda, la vida después de la muerte
Luego de la masacre, Ricardo Barreda dejó todo intacto. Salió para encontrarse con una de sus amantes, María de las Mercedes “Pirucha” Guastavino, una vidente platense que le había asegurado al odontólogo que su familia lo quería matar y que le estaban “haciendo un daño”.
Pero ella lo evitó ese día. Barreda no se amilanó y siguió camino para encontrarse con otra mujer, Nilda Bono. Juntos fueron a un hotel alojamiento platense, tuvieron sexo, y el hombre regresó a su vivienda pasada la una de la madrugada. Antes se había deshecho de la escopeta.
En medio de ese escenario dantesco, el hombre llamó a la Policía y dijo que alguien había entrado a la casa en su ausencia, con supuestas intenciones de robo, y había matado a toda su familia. Para los investigadores de entrada sus explicaciones y la abundancia de detalles que aportaba resultaron sospechosos. Pero no hizo falta ahondar demasiado porque dos días después, acorralado, terminó admitiendo que había sido el autor de los homicidios.
Crimen y castigo
El juicio fue uno de los procesos más famosos en Argentina, ya que en él el odontólogo ventiló gran parte del día a día y la intimidad de la familia. Barreda se defendió como pudo, pero también afirmó que no estaba arrepentido de lo que había hecho. Declaró los días 7 y 14 de agosto de 1995 frente a los jueces que integraban la Sala I de la Cámara Penal, Carlos Hortel, Pedro Soria y María Clelia Rosentock.
Bartolomé Capurro, perito, declaró que Barreda padecía de "psicosis delirante". Esta teoría solo fue aceptada por Rosentock, y el odontólogo terminó condenado a reclusión perpetua, por “triple homicidio calificado” (su mujer e hijas) y “homicidio simple” (su suegra).
Más tarde, tanto la Suprema Corte bonaerense y la Corte Suprema de la Nación ratificaron la condena. Barreda cumplió 16 años en prisión en cárceles bonaerenses, la Unidad 9 y Unidad 34 de Melchor Romero, ambas en el partido de La Plata.
Berta, un nuevo amor
Mientras estudiaba Derecho en la cárcel, Barreda comenzó a dialogar con una docente que cada tanto iba de visita al lugar a ver a un pariente preso. La relación con Berta André terminó en romance.
En 2008 Ricardo Barreda recibió el beneficio de la prisión domiciliaria y ya tenía dónde quedarse: la casa de Berta, en el barrio porteño de Belgrano.
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Ricardo Barreda y Berta André.
Barreda, en ese momento, volvió a convertirse en una celebridad. Cuando visitaba la ciudad de La Plata, aparecían fotos en los diarios y la gente le pedía autógrafos por la calle.
En 2011 la Justicia le concedió la libertad condicional. Mientras tanto, el vínculo con Berta comenzó a deteriorarse. El odontólogo la maltrataba y la mujer empezó a padecer trastornos psicológicos. Así, en 2014 le revocaron a Barreda el beneficio de “la domiciliaria” y quedó de nuevo detenido en la cárcel de Olmos.
Berta falleció en 2015, sumida en una profunda depresión. A fines de ese año, la Sala I de la Cámara de Apelaciones le otorgó una vez más la libertad condicional y Ricardo Barreda se mudó a Tigre.
Morir en libertad
En mayo de 2016, la Justicia consideró cumplida su condena y el asesino múltiple recuperó su libertad. Barreda, tras andar por varios lugares, se refugió en un hospital de General Pacheco hasta que lo echaron. El último tiempo se instaló en un hotel en San Martín. Allí se reunía en un bar cercano a la estación con amigos que había hecho, algunos de la barra de Chacarita.
Por agosto de 2019 Barreda se descompuso y se salvó de milagro porque el encargado del hotel llamó de inmediato al servicio de emergencia. Lo internaron en el Hospital Interzonal General de Agudos Eva Perón donde le salvaron la vida. Allí diagnosticaron que padecía una severa neumonía, y deterioro cognitivo con pérdida de memoria.
Lo alojaron en marzo de 2020, justo antes de que se desatara la pandemia del coronavirus, en la residencia geriátrica Del Rosario en José C. Paz. Allí murió el 25 de mayo.
Fue enterrado en el cementerio local con una cruz que reza: “Ricardo Alberto Barreda: 16-06-1935/25-05-2020. Arrepentido de mis pecados cometidos”.
“San Barreda”
Ese día terminaron las andanzas de Ricardo Barreda sobre la Tierra, pero las historias continuaron.
En los años ’90 apareció una corriente de simpatía de ciertos sectores por el odontólogo. En varias partes de la capital bonaerense aparecieron grafitis en apoyo a Barreda, como uno muy recordado que decía “Ricky es de la 22”. Ese número representa a lo más pesado de la hinchada de Gimnasia y Esgrima La Plata.
En 1995, la banda Sometidos por Morgan, integrada por redactores de la revista cultural La Maga, lanzó "La cumbia del odontólogo". Allí, Pablo Marchetti -que años más tarde fundó la publicación humorística Barcelona- canta: "Pusiste tu sello y las pasaste a degüello. Agarraste la escopeta y las hiciste boleta. Experto en dentaduras y en minas que se ponen duras, no te arrepentís de nada, sos el héroe de la jornada”.
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Mientras que a fines de la década, cuando Internet se comenzaba a popularizar, se divulgó por email la imagen de la estampita de “San Barreda”.
El periodista Rodolfo Palacios, autor de “Conchita”, una suerte de biografía no autorizada del asesino, aseguró con asombro en una entrevista en 2013 que “la hinchada de Estudiantes tiene una bandera a favor de Barreda, en la cárcel algunos presos lo ovacionaron, en Mar del Plata hay un grupo de médicos que todos los meses se junta para rendirle culto a San Barreda".
Los anteojos de Barreda
Mientras tanto, en septiembre de 2022 una persona puso en venta en Mercado Libre “los anteojos de Barreda”, los icónicos lentes Stetson XL16 que lucía el odontólogo en todas las imágenes conocidas.
La vendedora le contó en ese momento a Infobae que solía visitar a Barreda en una pensión de José C. Paz. En un momento, el odontólogo se los sacó y se los regaló. Al hacerlo, le dijo: “Te los regalo porque cuando me muera vas a poder venderlos y va a salir guita. Es un regalo. Acá están todos locos. Llegaron a vender remeras y tazas con mi nombre”.
Dos años y medio después de la muerte de Barreda, la mujer decidió venderlos. “Estoy necesitada de plata. Ni idea de cuánto pueden costar esos lentes y quién los compraría. Pero aunque me den diez mil pesos sería genial”, aseguró. Más allá de “ni idea de cuánto pueden costar”, en la publicación pedía 25 millones de pesos. El aviso desapareció en pocas horas. No se sabe qué ocurrió con los anteojos.
El femicida llega a la pantalla
Por estos días, en tanto, se sabe que hay dos proyectos audiovisuales en realización y, presumiblemente, con fecha cercana de estreno. Uno es una docuserie llamada "Conchita, el odontólogo femicida". El otro es una película llamada simplemente “Barreda”, producida por Amazon Prime, y en la que Luis Machín se pone en la piel del odontólogo.
De todos modos, la primera producción televisiva sobre los crímenes platenses se realizó en 1994, antes incluso de la condena. Se trató de un episodio de la serie “Sin Condena”, producida y dirigida por Rodolfo Ledo, y que fue un éxito de Canal 9. Ese capítulo, llamado “El caso Barreda”, tuvo a nada menos que Norman Briski como el odontólogo asesino.
Hoy la casa donde ocurrió todo esto permanece como un hito del horror en la calle 48 número 809. El inmueble estuvo cerrado durante muchísimos años mientras se decidía su destino, un proceso que involucró un embargo por deudas impositivas, un incendio y la discusión por la herencia del asesino. No prosperó una idea que a priori parecía interesante: abrir el “Bar Reda”, donde se contaría la historia a los visitantes, al estilo de lo que se hace en Londres con Jack el Destripador.
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La casa de Barreda en 2006.
DIB / Fotografía del autor.
Ahora en el frente borraron las pintadas que decían “asesino” y se ve un cartel flamante: “Centro de Memoria Activa Feminista”.
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La casa de Barreda en 2025.
DIB / Fotografía del autor.
Y en una de las ventanas hay una gigantografía donde aparecen Gladys, Adriana, Cecilia y Elena.
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La gigantografía con las víctimas de Barreda.
DIB / Fotografía del autor.
Así, los fantasmas de las víctimas de uno de los crímenes más espantosos ocurridos en La Plata se convierten en memoria activa. (DIB) MM