Casi en silencio, Axel Kicillof dio esta semana el primer paso para intentar desenredar dos nudos políticos enmarañadísimos, pero a la vez determinantes para el destino de su proyecto presidencial: cómo expandir su figura más allá de los límites que le impone su identidad de origen kirchnerista sin termina de romper en público con Cristina Fernández, y de qué manera asegurar que los intendentes, el núcleo duro de la tropa que lo trajo hasta acá, sorteen el límite legal para las reelecciones indefinidas.
Kicillof coronó sobre el fin de semana su primer triunfo el año: el logro consistió en conseguir el sí de los gremios estatales a la paritaria pese a que los aumentos quedaron por debajo de la inflación. En términos estratégicos, el principal activo del acuerdo fue clausurar la discusión correspondiente a 2025 con menos plata de la parecía indispensable. Pero en términos políticos, la “pax sindical” que logró luce frágil: la suba es tan módica que el conflicto quedó latente, como indica el rechazo de una parte de los docentes al acuerdo.
En la hoja de ruta de Walter Correa y Pablo López, ministros de Trabajo y Economía, la primera semana de febrero está marcada en rojo, para recordar la nueva convocatoria para intentar mejorar el aumento ya otogado, de 3%, que llega a 4,5% con retroactivos que se cobran una sola vez. Kicillof acumuló crédito con los gremios en los seis años previos, y el contraste con Javier Milei le juega a favor porque lo transforma en el mal menor. Pero la paciencia de las bases no es infinita y la dirigencia siente la presión. Por eso, aunque el gobierno dio un paso, el objetivo de arracnar el año sin paros docentes sigue sin definición.
El modo en que va avanzando la parita, una negociación que hace un par de año Kicillof resolvía de un modo mucho más holgado, da cuenta del angostamiento de los márgenes financieros que signarán su gestión todo este año. En su equipo lo saben bien: “2025 no fue el mejor año económico para el gobierno y 2026 será igual o peor de difícil ”, se atajan. Unos de los problemas -reconocen las mismas fuentes- será político: ese será el contexto del período clave para el éxito o el fracaso de su instalación como candidato.
“Hay que ir a hablar con todos los que dejamos de hablar ”. Con esa definición, que pronunció en el Golf Club de Gesell en miércoles por la noche ante intendentes del Movimiento Derecho al Futuro, el gobernador fijó el rumbo para intentar resolver el primero de los desafíos políticos de 2026. Lo que hasta ahora se describió como “nacionalización” de su figura, tendrá entonces un objetivo paralelo: tender puentes con ese peronismo que el kirchnerismo expulsó del peronismo mientras fue hegemónico.
Esa intención tiene nombres propios, combinados con territorios: Ernesto Sáenz en Salta, Martín Llaryora en Córdoba, Alberto Weretilnek en Río Negro, son solo algunos de los que se escuchan en los despachos de la gobernación. En los planes, esa es la primera etapa: después, el ideal sería acercar a no peronistas que tienen una relación tensa con el mundo libertario. Es un listado que comienza con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, pero también incluye a figuras como Martín Lousteau.
Es un objetivo que hoy luce muy complejo. De mínima, porque en el mejor de los casos lleva añadida una agenda parlamentaria exigente: en el MDF creen que un requisito, que de base es habilitar nuevamente las PASO. “De lo contrario, sumar no K es inviable”, dicen. Pero la incógnita mayor es que la dirección de apertura implica una toma de distancia mayor de Kicillof respecto de CFK y el gobernador no da señales -ni siquiera en su círculo íntimo- de estar dispuesto a una ruptura explícita y pública.
En la provincia, de lo que parece tratarse es de preservar el aparato de sustentación política de Kicillof, los intendentes peronistas, que no es propio sino que se fue aglutinando en torno suyo por distanciamiento del kirchnerismo. Y eso gestos para sostener la cohesión. Respaldar el fin de las reelecciones indefinidas fue un paso en esa línea, que Kicillof repitió esta semana en la reunión de Gesell luego de que Verónica Magario lo planteara como prioridad, en parte porque una vuelta a La Matanza puede ser su futuro, y en parte porque quiere presidir el PJ.
Pero el gobernador fue más allá: ordenó a su tropa exponer las posiciones de todos los sectores del peronismo, con vistas a un eventual tratamiento legislativo del tema. El tiro por elevación fue claro: apuntó al camporismo, del que el Kicillof sospecha que no quiere acompañar la iniciativa solo para perjudicar a sus aliados. La jugada busca incomodar, porque si el objetivo de ese sector es quedarse con la candidatura a la goberanción en 2027, enemistarse con los alcaldes no parece una buena receta.
Si Kicillof consigue que el proyecto -sería una reforma a la ley actual- se trate, habrá avanzado solo con una parte de la agenda parlamentaria que plantea para este año. Con la Boleta Única Papel como una novedad exitosa que nadie cree que tenga vuelta atrás, los libertarios intentarán avanzar en Provincia. El MDF probablemente intente que no se repita el desdoblamiento de las elecciones bonaerenses que fue una de sus marcas de origen: esta vez, podría perjudicar