martes 17 de marzo de 2026
28 de octubre de 2025 - 18:19

Escapadas rurales: tres pueblos de Buenos Aires ideales para desconectar un fin de semana

Gorostiaga, Pardo y Vagues guardan la memoria ferroviaria, la calma rural y la hospitalidad de sus comunidades. Tres pueblos diminutos donde el tiempo se detuvo

Entre llanuras, vías oxidadas y cielos amplios, la provincia de Buenos Aires esconde pueblos que se resisten al olvido. Lugares donde la vida se mide por estaciones —del año y del tren—, y donde el silencio es parte del paisaje.

Gorostiaga, historia y resistencia ferroviaria

Gorostiaga

A 145 kilómetros de la Capital, Gorostiaga conserva la estampa de un pueblo detenido en el tiempo. Fundado en 1910 sobre tierras de la familia Gorostiaga, creció junto a la expansión del Ferrocarril Oeste en la segunda mitad del siglo XIX. Su estación, emblemática, fue parte del ramal que unía Mercedes con Chivilcoy.

Hoy, los visitantes recorren la Capilla, el Club Social, la Escuela y la vieja estación, convertida en emblema del lugar. En las redes, los vecinos la describen como un “lugar de sueños”, ideal para caminar y fotografiar.

Pardo, la calma que inspiró a Bioy Casares

Pardo

A poco menos de 200 kilómetros de Buenos Aires, Pardo ofrece una postal rural perfecta. En estas tierras escribió Adolfo Bioy Casares La invención de Morel y las definió como “uno de los lugares más bellos del mundo”.

Con calles que llevan nombres de árboles y frutales, el pueblo combina historia y comunidad. El proyecto Pardo Auténtico, surgido en 2017, impulsa el turismo rural comunitario con talleres, festivales y hospedajes familiares.

Entre sus sitios emblemáticos se encuentran la Capilla Nuestra Señora del Socorro, el Museo Bioy Casares y el Club Unión Deportiva. También el histórico Hotel y Restaurante Casa Bioy, construido a fines del siglo XIX, donde aún se sirven dulces caseros y miel de colmenas locales.

Vagues, la huella del tren en San Antonio de Areco

Vagues

A sólo 134 kilómetros de Buenos Aires, Vagues tiene menos de 90 habitantes y una identidad marcada por el ferrocarril. Su estación, inaugurada en 1894 por el Ferrocarril Central Argentino, fue clave en la conexión Rosario-Buenos Aires y consolidó el poblamiento de la zona.

Hoy, el edificio restaurado alberga el Centro de Interpretación Ferroviario, con objetos y testimonios de antiguos trabajadores. Los visitantes pueden alojarse en vagones reciclados o en hoteles de campo como La Posta de Vagues, donde la gastronomía regional acompaña el silencio del entorno.

Los caminos de tierra invitan a pedalear o caminar entre arboledas centenarias. Por la tarde, el sol cae sobre los rieles inactivos, como un reloj que se detuvo pero aún marca la hora exacta de la memoria bonaerense. (DIB)

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