domingo 29 de marzo de 2026

Florencia Moreno, de la tragedia al top ten del tenis adaptado mundial

Desde Cañuelas hasta los courts del mundo, convirtió la adversidad en fuerza, disciplina y un ejemplo de vida inspirador. Perdió una pierna a los 11 y llegó a la élite del tenis adaptado.

Nacida el 30 de diciembre de 1990 en Cañuelas, Florencia Moreno creció en un hogar lleno de vida, con rutinas sencillas y la alegría cotidiana de la infancia: amigos con quienes compartir juegos, días de escuela, tardes de bicicletas y risas. Su mundo parecía estable y predecible, hasta que, a los 11 años, un accidente cambió su destino de manera abrupta. Mientras pedaleaba con su mejor amiga, un camión la embistió. La consecuencia fue devastadora: la amputación de su pierna derecha a la altura de la cadera, un golpe que habría marcado la vida de cualquier niño. Sin embargo, Florencia nunca permitió que aquel accidente definiera su existencia. Con el amor y apoyo de su familia, continuó con sus estudios, mantuvo sus amistades y buscó nuevas formas de relacionarse con el mundo. La silla de ruedas, lejos de ser un límite, se convirtió en su aliada y en la herramienta con la que comenzó a edificar una vida de resiliencia y autonomía.

El tránsito hacia la normalidad no fue sencillo. Aprender a moverse con andadores, muletas y bastones canadienses exigió paciencia, fuerza y un carácter férreo. Cada pequeño avance era una conquista; cada caída, un recordatorio de que el camino sería largo. Pero la perseverancia y la curiosidad natural de Florencia no conocían límites. Y fue así que, a los 24 años, descubrió el tenis adaptado, un deporte que, sin saberlo aún, cambiaría su historia. Al principio, sentarse en la silla le resultaba extraño e intimidante: apenas podía moverse, los golpes no salían como esperaba, y cada error parecía subrayar sus limitaciones. Sin embargo, con cada caída, cada movimiento torpe y cada golpe fallido, aprendió a conocer su cuerpo en la silla. Lo que inicialmente parecía un obstáculo, pronto se transformó en una extensión natural de su fuerza, su agilidad y su determinación sobre la cancha.

Lima 2019

Donde los límites se transforman en fuerza

Su primer contacto serio con el tenis adaptado ocurrió en 2014, cuando un club de Cañuelas la invitó a entrenar. Lo que empezó como una sesión semanal se fue multiplicando: primero dos, luego tres, hasta que Florencia participó de su primera competencia internacional en Brasil. Su talento innato, combinado con una disciplina pundonorosa y una constancia inquebrantable, despertó el interés de la Selección argentina. Al principio dudó: estudiar contaduría pública y mantener un empleo hacía difícil comprometerse plenamente al alto rendimiento. Empero, el desafío era demasiado grande para ignorarlo. Decidió trasladarse a Buenos Aires, renunciar a su trabajo y dedicarse de lleno al deporte. Cada día en la cancha implicaba entrenamientos de fuerza, movilidad y tenis que oscilaban entre seis y ocho horas, adaptando cada sesión a las exigencias físicas de la silla y al cuidado de sus brazos. La disciplina, la constancia y la pasión se convirtieron en los pilares que la forjaron como una atleta de elite.

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Con el tiempo, su esfuerzo comenzó a rendir frutos: participó en torneos nacionales e internacionales, acumulando experiencia y confianza. Cada competencia era un paso más en la consolidación de su identidad como tenista adaptada, y cada logro personal servía como inspiración para quienes la rodeaban. La silla de ruedas -que al principio había sido un símbolo de limitación- ahora representaba poder, independencia y destreza. A través del tenis, Florencia no solo encontró un deporte, sino un espacio en el que podía expresarse plenamente, superando cada miedo y cada barrera que la vida le había impuesto.

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De la disciplina al podio: forjando una atleta de élite

Desde 2017, Javier Zubiri la entrenaba con una estrategia clara: mostrarle que, si se comprometía, podía llegar a ser profesional. Con paciencia y firmeza, la guio por un camino que exigía sacrificio, disciplina y pasión, enseñándole a transformar cada limitación en oportunidad. Así fue como Florencia ingresó al programa de alto rendimiento, un espacio donde cada detalle contaba: la técnica, la fuerza, la movilidad, la resistencia, y la coordinación necesaria para dominar la silla y la raqueta. Desde entonces, su rutina diaria se convirtió en un ritual de esfuerzo y constancia: entre seis y ocho horas de entrenamientos, adaptando cada sesión a las exigencias físicas de su cuerpo y a la recuperación de sus brazos, que soportaban buena parte del trabajo de propulsión y golpe. Cada repetición, cada desplazamiento, cada golpe perfeccionado se sumaba a la construcción de una atleta de élite, capaz de competir al más alto nivel internacional. La disciplina y la constancia no eran solo hábitos, sino pilares que le permitieron transformar sueños en resultados tangibles.

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Y los frutos de tanto esfuerzo no tardaron en llegar. En menos de una década, Florencia acumuló un historial impresionante que la consolidó como referente del tenis adaptado argentino: la medalla de bronce en los Juegos Parapanamericanos de Lima 2019, junto a Nicole Dhers; la participación en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, una experiencia que exigió adaptación física y mental frente a la presión de la élite mundial; y, en 2019, la histórica hazaña de convertirse en la primera tenista adaptada argentina en disputar un Major, alcanzando el puesto 13 del ranking mundial. Cada uno de estos logros llevaba consigo entrenamientos extenuantes, viajes, ajustes en la alimentación y el descanso, y la constante búsqueda de superar miedos y barreras personales.

En 2022, la historia sumó un capítulo aún más brillante: junto a la china Zhenzhen Zhu, Florencia alcanzó el top ten en dobles tras su triunfo en el Abierto Británico, consolidando su lugar entre las mejores del mundo. Cada victoria, cada clasificación, era fruto de años de sacrificio, pero también de confianza en sí misma, resiliencia y pasión por el deporte.

Cuando se abrió el cuadro del Abierto de Australia en 2023, Florencia se fijó un objetivo claro: disputar el torneo tras conseguir los puntos necesarios en Ecuador. Ingresar al Major le permitió vivir la experiencia desde adentro: cruzarse a figuras como Stefanos Tsitsipas y Aryna Sabalenka, sentir la logística y la magnitud de un evento de esta envergadura, y aprender de cada detalle, de cada gesto y de cada momento en la cancha.

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Aunque fue eliminada en la primera ronda por Dana Mathewson, aquel momento se convirtió en un hito histórico: no solo para su carrera, sino también para el tenis adaptado argentino, que encontró en Florencia a una pionera capaz de abrir caminos y dejar un legado para las futuras generaciones.

Entre torneos escasos y kilómetros infinitos

A nivel local, sin embargo, la realidad del tenis adaptado en Argentina es muy distinta a la de otros países. Solo existen dos torneos oficiales, ambos de categoría Futures, lo que limita de manera considerable las posibilidades de los jugadores que compiten en el top 20 mundial. Para Florencia, esto significa un constante desplazamiento al exterior, un desafío que requiere tiempo, recursos y un alto nivel de planificación.

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Cada viaje implica entrenamientos previos, adaptación a distintos husos horarios, superficies y condiciones climáticas, además de logística de transporte de la silla de ruedas deportiva. En este contexto, su carrera no sería posible sin el apoyo del ENARD, la Asociación de Tenis Adaptado y la Secretaría de Deportes de la Nación, que la acompañan en todo su recorrido. Su preparador físico, Matías Tettamanzi, apunta con claridad a los obstáculos: la necesidad de disputar más torneos se convierte en un factor determinante para sumar puntos y mantenerse competitiva. Jugadoras con menor nivel que Florencia, pero que disputan más torneos, pueden superar su posición en el ranking. La geografía y la economía son desafíos constantes que requieren de planificación, sacrificio y un espíritu inquebrantable.

La maternidad, su mejor versión

Pero más allá de los títulos, los rankings y los trofeos, 2025 marcó un giro trascendental en su vida: la maternidad. Junto a su esposo, Florencia adoptó a dos hijas, un proceso largo y complejo que implicó espera, gestión y una profunda preparación emocional. La llegada de sus hijas no solo transformó su rutina diaria, sino que le ofreció una nueva perspectiva sobre la vida y sobre la fuerza que habita en ella misma. “Ellas me necesitan, necesito estar en mi casa. Es un tiempo de acompañamiento en los primeros momentos. Estoy atravesando un momento muy lindo”, confesó a El ciudadano, en un momento de reflexión íntima. La pausa en su carrera deportiva no representó un adiós definitivo, sino la apertura de un capítulo diferente: donde la familia se convirtió en prioridad, y la raqueta, aunque siempre presente, quedó momentáneamente en segundo plano. La maternidad le enseñó que la fortaleza interior y la determinación no se ejercitan solo en la cancha, sino también en la vida cotidiana, en la paciencia, en la dedicación y en el amor que se brinda a los hijos.

La maternidad, su mejor versión

Florencia no limita su impacto a la pista: su historia de superación se traduce en acciones concretas para inspirar y acompañar a otros. Colabora con jóvenes con discapacidad, donando material deportivo, ofreciendo consejos y motivándolos a probar el tenis adaptado. Busca mostrar que existe un camino para cada uno, y que el deporte puede transformar vidas. A través de su trabajo con otros, evidencia que los límites son muchas veces mentales, y que la pasión, la disciplina y la familia pueden coexistir sin renunciar a los sueños. Su historia, marcada por la superación de obstáculos físicos, sociales y personales, se convierte en un ejemplo vivo de fortaleza, esfuerzo y compromiso, un testimonio de que cada etapa de la vida puede ser enfrentada con valentía y propósito, ya sea en la cancha o en la crianza de sus hijas.

De la tragedia al triunfo: un ejemplo de vida

Hoy, con 35 años, Florencia Moreno continúa su camino, equilibrando la maternidad y el deporte con una energía que asombra. La raqueta en una mano, la silla de ruedas como extensión de su cuerpo y un corazón lleno de sueños, sigue escribiendo capítulos en la historia del tenis adaptado argentino. Cada saque, cada volea, cada desplazamiento sobre la cancha refleja años de lucha, de disciplina inquebrantable y de amor por lo que hace. La técnica perfeccionada, la mirada atenta y la fuerza que imprime en cada golpe son producto de años de entrenamientos intensos, de sacrificios y de la capacidad de transformar cada caída en aprendizaje. Más que una atleta, es un ejemplo de vida: perseverancia frente a la adversidad, habilidad para convertir el dolor en motivación y determinación como motor que impulsa a alcanzar cualquier meta que se proponga.

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La vida de Florencia no se limita al deporte; la maternidad le ha enseñado otra forma de resistencia y de compromiso. Sus hijas son ahora parte central de su existencia, y la disciplina que aplica en la cancha se refleja también en los momentos de cuidado y acompañamiento en el hogar. La fortaleza que se necesita para disputar un Grand Slam y la paciencia que requiere criar a sus hijas se entrelazan, demostrando que la entereza no se mide solo por los títulos o medallas, sino también por la capacidad de amar, cuidar y estar presente en cada etapa de la vida. Cada día es un aprendizaje, cada desafío, una oportunidad para crecer, y cada logro, una confirmación de que la pasión, el esfuerzo y la constancia pueden abrir caminos donde antes solo había obstáculos.

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Desde Cañuelas hasta los escenarios internacionales, desde la silla de ruedas hasta los Majors, Florencia ha dejado constancia de que las barreras son mentales y físicas, y que la tenacidad puede convertir cualquier adversidad en un triunfo. Sus viajes por el mundo, enfrentándose a las mejores jugadoras, los entrenamientos interminables, la preparación física y mental, son parte de un relato de superación que trasciende el deporte. Pero lo que realmente la define no son los trofeos ni los récords, sino la forma en que ha logrado transformar su historia personal en una inspiración viva para otros: jóvenes con discapacidad que ven en ella un ejemplo de que los límites pueden superarse, y toda persona que descubre que la pasión y la perseverancia son más poderosas que cualquier dificultad.

La historia de Florencia Moreno es, en definitiva, una historia de vida completa: marcada por la tragedia temprana, iluminada por la pasión, moldeada por la disciplina y transformada por el amor y la familia. Cada capítulo, desde la bicicleta en Cañuelas hasta los courts de los torneos más prestigiosos, refleja su capacidad de resiliencia y su compromiso con el esfuerzo constante. Hoy, más que nunca, Florencia continúa evidenciando que con dedicación, constancia y corazón, se puede convertir cualquier adversidad en un triunfo que inspire a generaciones enteras, dejando una huella imborrable en la historia del tenis adaptado argentino y en la vida de quienes la conocen.

Fuente: Agencia DIB

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