A sólo 50 kilómetros de la ciudad, el Área Natural Protegida El Doradillo es uno de los mejores lugares para ver de cerca las rutinas de cortejo, nacimientos y cómo las ballenas madres les enseñan a nadar a sus crías de una punta a la otra de la playa. De acceso libre y gratuito, es un espectáculo único en el mundo que se recomienda maridar con unos mates y una canasta de picnic.
El avistaje costero es una experiencia totalmente diferente y complementaria a los avistajes embarcados que se ofrecen en Puerto Pirámides, el único pueblo dentro de la reserva natural Península Valdés. En lanchas, gomones y catamaranes, estas excursiones se extienden una hora y media aproximadamente, se pueden realizar durante el día o bajo la luz del atardecer, y son acompañadas por guías de naturaleza con muchísimo conocimiento en la materia, expertos en divisar ballenas a lo lejos.
El Doradillo protege el ecosistema costero patagónico, hogar de diversas especies como guanacos, ñandúes, zorros, maras y aves marinas. La particular fisonomía de sus costas permite la observación de cetáceos a solo unos metros de distancia, brindando la oportunidad de admirar la majestuosidad de estos gigantes marinos, sus movimientos, los típicos soplidos en forma de V al respirar, los golpes de aleta y de cola, y las madres navegando con sus crías en paralelo a la costa.
Llegar a El Doradillo desde el centro de la ciudad es sencillo. Se debe manejar en dirección norte, tomar la ruta 1 hasta la rotonda y tomar ruta 2 hacia Península Valdés hasta encontrar el acceso (norte) para seguir hacia la costa por la ruta 42. El camino incluye un tramo de ripio en buen estado y bien señalizado. No hay transporte público directo, pero es fácil llegar con agencias de turismo, taxis, remis o alquilar un auto. (DIB)