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13/09/2022
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El ex prefecto que mató a un matrimonio y cayó por su pasión por las compras

Ocurrió en marzo de 1999 en una casona de Banfield. Los mató a puñaladas y se llevó del lugar una tarjeta de crédito que lo terminó delatando. Fue detenido en Córdoba y condenado a prisión perpetua.

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Cuando la hija llegó al anochecer a la casona en la que vivían sus padres en un barrio residencial de Banfield no imaginaba el peor final, aunque le llamaba la atención que no contestaban el teléfono de línea en las últimas horas. Al ingresar a la vivienda de dos pisos, descubrió una escena dantesca: su madre de 65 años estaba degollada en la cocina, y su padre de 67 asesinado en la pieza de la planta alta. Sin signos de robo, sin la puerta forzada, el criminal cayó semanas después por los gastos que hizo con una tarjeta de crédito que se llevó del lugar.

La historia que sacudió a los vecinos de ese distrito del sur del Gran Buenos Aires empezó el 27 de marzo de 1999, cuando un conocido de María Parada y Antonio Cosentino llegó a la casa de dos pisos en la que vivían. Un día anterior les había avisado por teléfono que pasaría y por eso la mujer había preparado una torta para agasajarlo.

El visitante en cuestión había trabajado en una pizzería y en la Prefectura durante casi 10 años. De esa fuerza había sido exonerado en 1997 por estafas con tarjetas de crédito. El matrimonio Cosentino solía prestarle su departamento de Mar del Plata para que tuviera donde vivir mientras se quedaba en esa ciudad costera.

A Buenos Aires había llegado cuatro días antes, el 23 de marzo. Se alojó en un hotel de avenida de Mayo y pagó por adelantado su estadía hasta el 1° de abril. Y en agenda tenía esa visita a Banfield, que terminó con el sangriento doble crimen.

Esa mañana, mientras María cortaba la torta y servía el té, el muchacho la sorprendió de atrás. Con el mismo cuchillo que ella había usado, el ex prefecto de 28 años le dio siete puñaladas y luego la degolló. Sin perder un minuto, subió la escalera y fue en busca de Antonio, quien estaba por despertarse para desayunar. Al ex directivo de la empresa YPF entre 1957 y 1988, le aplicó en la cama 25 puñaladas, muchas en el pecho y otras en las manos, lo que hizo pensar que intentó defenderse.

Raid por shoppings

Tras esos minutos de furia, el asesino se tomó su tiempo para ordenar la escena, como si todo lo tuviera perfectamente planeado. Revolvió cajones y un placard como para simular un robo, pero no se llevó dinero ni joyas. Limpió parte de la sangre esparcida y se fue al hotel en el que estaba alojado. Pero antes hizo un paso por dos shoppings de Buenos Aires. Ese sábado y dos días posteriores se dedicó a comprar cosas: buzos de marca, perfumes importados, discos compactos y hasta ropa de cama.

En total gastó unos 4.000 pesos; es decir, en época del 1 a 1 dilapidó 4.000 dólares. Como referencia sirve saber que el salario mínimo, vital y móvil era en ese año de 200 dólares y que el hombre había pagado 38 pesos por noche para dormir en el hotel. Pero esos gastos exorbitantes, el hombre los había hecho con lo único que se llevó de la casa del matrimonio Cosentino: una tarjeta de crédito.

Los investigadores, quien apuntaban a alguien conocido de la familia, empezaron a atar cabos. Un llamado en los días previos del joven en cuestión desde Mar del Plata, la alerta que dio una de las hijas sobre el faltante de la tarjeta, una huella y una comunicación que quedó grabada en el contestador automático terminaron de dar con el asesino. Allí, desde la empresa de la tarjeta se alertaba sobre los gastos extraordinarios que “estaba haciendo Cosentino”.

Cuando dieron con el hotel donde se alojaba, el ex prefecto ya no estaba. Había comprado un mapa con rutas y destinos del país y, mochila al hombro, recorría la provincia de Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba. A dedo y en micro, iba durmiendo en hoteles y haciendo algunos pagos con la tarjeta que dejaban rastro. Pero cuando llegaban a buscarlo, él ya había partido a otro destino. Se movía a diario. 

En el hotel porteño, los policías encontraron dos bolsas con ropa que había comprado y una agenda en el que el asesino anotaba sus andanzas, como las llamadas telefónicas que realizaba. Además de las facturas que lo incriminaban, escribía cartas y mensajes de amor.

Desde un hotel de Villa María, Córdoba, el sujeto llamó al alojamiento porteño para que le envíen esas dos bolsas con ropa de marca que había comprado. Los investigadores vieron allí el anzuelo perfecto.

Cuando el ex prefecto quiso hacerse con los paquetes que llegaron al hotel, la Policía lo detuvo. Vestido de forma impecable con ropa de marca, no opuso fuerza, no dijo nada. Su silencio hablaba. Tiempo después, fue condenado a prisión perpetua. (DIB) FD

 
 

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