La pandemia
de coronavirus ha modificado al mundo en apenas tres meses. La infectóloga Silvia
González Ayala, M.P. 91.229, profesora titular de la Cátedra de Infectología de
la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP y consultora en Infectología del
Hospital de Niños “Sor María Ludovica” de La Plata, en varios pasajes de la
charla que mantuvo con DIB para analizar esta situación tan nueva y cambiante que
se vive a nivel global usó la palabra “vertiginoso”. Y eso es lo que pareciera que
causa este virus: una temporalidad
dinámica e inestable, con un presente en confinamiento social masivo y un
futuro plagado de incertidumbre.
De acuerdo al avance de la enfermedad, se han visto
distintas manifestaciones, algunas más leves que otras y algunos síntomas que
han sido descritos, diferentes a los de la neumonía. ¿Puede ser que el virus
haya mutado?
El virus ha
mutado, ya hay datos que se ha transformado. En Islandia tienen estudios certeros
que el virus ha presentado estos cambios, que llamamos mutaciones. No es el
mismo virus que se originó en la ciudad china de Wuhan el que circula en
Italia. Brasil ha hecho también un estudio entre las personas infectadas: el
virus que tienen ellos es el que llegó desde
Italia. Pero es todo muy nuevo y muy vertiginoso. No se sabe si esas mutaciones
en el virus tienen algún impacto en la evolución de la enfermedad. Numerosos virus
tienen este comportamiento, por ejemplo el de la gripe, para el que cada año
tenemos una vacuna nueva. Lo que impacta
es la rapidez con la que se ha producido todo. El 31 de diciembre se supo que había
un conglomerado de casos de neumonía grave de causa desconocida en Wuham, China;
el 6 de enero identificaron el virus nuevo o emergente que se ha denominado
SARS-CoV-2 y el 16 de enero ya se habían desarrollado métodos diagnósticos y se
compartió el genoma a nivel global, algo que no había pasado antes con esta
celeridad. Ante el avance de la epidemia en China y la presentación de casos
por viajeros en otros países, el 30 de enero la Organización Mundial de la
Salud decretó la Emergencia Internacional y el 11 de marzo, declaró la
pandemia. Es algo sin antecedentes.
En cuanto a
los síntomas también se han visto cambios. En un principio las manifestaciones
clínicas eran la fiebre alta, la tos y el dolor de garganta, en la mayoría de
los casos. Pero se han sumado diarrea, disminución del olfato, alteración del
gusto y conjuntivitis en pacientes al inicio del cuadro y sin fiebre; también
durante la evolución de la enfermedad. Esto de la manifestación conocida como “de
los ojos rojos”, que es como un velo rojizo en la parte inferior de los ojos,
que se describió en Seattle, ya había
ocurrido en China porque la primera consulta que realizaban los pacientes era por
ese síntoma, y en realidad ya padecían la enfermedad.
Otro cambio que se presenta es que muchas
personas sanas de entre 30 y 55 años
presentan la enfermedad.
Sí, y
también niños y jóvenes están siendo afectados, que en un principio ocurría con
baja frecuencia en menores de 18 años en China. En Estados Unidos hay registro
de un caso de un bebé que murió con COVID-19 en Illinois. Es así, va cambiando
día a día. Estamos aprendiendo constantemente sobre este virus y el espectro de
enfermedad que causa.
Se habla mucho de medicamentos que se aplican
con eficacia en otras enfermedades que podrían usarse con el COVID-19 y de
vacunas en marcha. ¿Qué es lo que tenemos?
No tenemos
nada certero, esa es la realidad. Hay medicamentos que se utilizan para otras
enfermedades que están siendo probados como tratamiento compasivo y
experimental. Los resultados publicados hasta ahora son en series con un número reducido de pacientes entre 20 y
199 y no hay evidencia de su eficacia. Además, al tomar la decisión de ser
usados, deberían aplicarse solo con el consentimiento informado del paciente.
Lo cierto es que no hay nada probado ni existe ningún fármaco que sea
específico para esta enfermedad. Otro tratamiento que también se está estudiando es lo que se llama plasma hiperinmune específico (de convalecientes), como se usa en nuestro país para la fiebre hemorrágica
argentina, y que se extrae de la sangre de los pacientes que han padecido la enfermedad. Pero son todos
tratamientos que están en estudio.
En cuanto a
la vacuna no hay que dar falsas expectativas. Hay dos vacunas que están en una
fase más avanzada, en la primera fase de experimentación en las personas, una
en Estados Unidos y otra en China. Hay otras en desarrollo. Pero una vacuna
tarda años en ser desarrollada, por eso hay que ser muy cuidadoso con lo que se
informa. Con prudencia se puede decir que podría estar desarrollada una vacuna en
alrededor de 18 meses según la Organización Mundial de la Salud. Ambas vacunas están
en la fase 1, que es cuando se prueba en un reducido grupo de personas que se
ofrece de forma voluntaria.
¿Cómo se puede analizar en general el avance de
la pandemia en Argentina a un mes del primer caso confirmado?
No se puede
hacer un análisis local objetivo porque nos faltan datos, falta saber
principalmente cuándo es que se enfermaron las personas, la fecha de las
primeras que manifestaciones de la enfermedad. Eso permitiría hacer un análisis
del avance de la enfermedad
¿La medida de aislamiento social es positiva
para frenar los contagios?
La medida
de aislamiento es positiva pero siempre y cuando las personas la cumplan.
Sabemos que ya ha habido desbordes en algunas zonas donde hay vulnerabilidad y
situaciones preexistentes, como falta de agua para lavarse las manos, y donde
se vive de forma precaria, con hacinamiento. Y es preocupante que ya haya
circulación comunitaria en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Una cosa es
la situación en la zona norte (Vicente
López, San Isidro), en cuanto a las características de la población, y otra muy
distinta en las zonas oeste y sur del Área Metropolitana
¿El sistema de salud local va a estar preparado
para el momento del pico de la enfermedad?
Esperamos
que esté preparado en cuanto a camas, pero lo más preocupante es la formación
del personal. Los médicos intensivistas son una especialidad crítica. Y no
cualquier médico o especialista sabe manejar un respirador, es algo muy
complejo. A ellos se les pueden sumar los anestesistas y otros especialistas
como segunda línea pero hay que capacitarlos ahora Ya se debería estar desarrollando
una estrategia para formar al personal así como también a los voluntarios.
En simultáneo con el Covid-19 va a circular el
virus de la gripe. ¿Cuál piensa que sería la medida más adecuada para poder
vacunar a toda la población de riesgo?
Todos los
grupos de riesgo tienen que vacunarse, sobre todo los adultos mayores. La
semana pasada ya comenzó la vacunación en centros sanitarios dando prioridad al
personal de salud, adultos mayores y embarazadas. Además estos centros de
vacunación también están trabajando en territorio, por zonas, van a los
domicilios de las personas que estén en situación más crítica, más comprometida
por enfermedades crónicas, y los vacunan en sus casas. También se debe lograr que
estén dados los permisos para circular en el marco del aislamiento social para
todas las personas que vayan a los centros de vacunación. En estos lugares se toman,
además, todas las medidas sanitarias, de distancia entre las personas y de
seguridad del personal, porque quienes aplican las vacunas están muy cerca de
las personas, tienen que tener el barbijo, y el protector facial o gafas.
También hay que destacar que siguen las actividades de vacunación para lactantes,
niños, adolescentes y adultos. Estamos con una epidemia de sarampión en curso y una epidemia
de dengue, que no hay que descuidar, más allá de que esta enfermedad “nos haya
entrado por la ventana”.
¿Cómo hacemos para no contraer el virus?
Cumpliendo con
el aislamiento social y sobre todo lavándonos las manos, no tocarnos la cara,
protegernos con el pliegue del codo al toser o estornudar, guardar la distancia
social de 1,5 m. Las otras medidas de higiene como desinfectarse los zapatos con un trapo al llegar a la casa no sé
bien de dónde han salido, pero bueno, no las vamos a descartar, pueden sumar.
Lo principal es evitar el contacto y lavarse las manos.
La moraleja es que seguimos, en pleno siglo
XXI, aprendiendo a lavarnos las manos.
Y sí, son
las medidas que debieron haberse aprendido con la gripe A en el año 2009 (la
primera pandemia de este siglo) y que pareciera que nos las hemos olvidado como
sociedad. Porque en definitiva, las medidas son exactamente las mismas. (DIB)
AR