La Plata, nov 25 (Por
Andrés Lavaselli, de Agencia DIB).- La sostenida caída en la valoración pública
de la figura del presidente Mauricio Macri producto de la recesión de la economía,
combinada con la recuperación de la popularidad de Cristina Fernández en un
escenario en el cual la unidad del peronismo ya no parece una quimera
irrealizable, llevó a la gobernadora María Eugenia Vidal a plantear una
posibilidad que hasta ahora solo había evaluado en privado: adelantar las
elecciones bonaerenses respecto de las nacionales.
La lógica esencial del
plan se conoce desde que fue ideado por el presidente de la cámara de
Diputados, Emilio Monzó. Se trata de aprovechar la relativa buena imagen que
conserva Vidal para lograr un triunfo bonaerense que anteceda a la contienda
presidencial, bajo la hipótesis de que se conseguiría así un golpe efecto más
beneficioso para la chances del propio Macri que la tracción que,
eventualmente, aportaría la gobernadora
si su nombre apareciera en el tramo medio de una boleta encabezada por las
categorías nacionales.
El hecho nuevo es que esa
posibilidad pasó de ser minimizada por Vidal a ser planteada en firme por el
jefe de Gabinete, Federico Salvai, que es su alter ego político y actúa en esto
en sintonía con Monzó y con el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez
Larreta, de gran influjo sobre la gobernadora. Es importante reparar en que
Salvai se preocupó por aclarar en las últimas horas que sólo se avanzará si hay
asentimiento de Marcos Peña, Jaime Durán Barba y Santiago Nieto, que hacen la evaluación de costos y beneficios en
nombre de Macri.
La precisión del jefe de
Gabinete busca dar certidumbres sobre dos cuestiones críticas: solo se avanzará
si se concluye que hay chances razonables de que el Presidente resulte
beneficiado y, en ningún caso, habrá decisiones unilaterales de la Gobernadora.
Y son necesarias porque la movida no
solo tiene contraindicaciones potenciales importantes, sino que además
despierta suspicacias en sectores de
Casa Rosada porque es alentada por el eje Vidal-Larreta-Monzó, que ya expresó
miradas disidentes del núcleo PRO en
materia de estrategia político-electoral.
Una de las sospechas que
dejan trascender desde Balcarce 50 tiene que ver con las motivaciones detrás
del planteo “¿No se tratará, simplemente, de una forma de presión de Vidal para
asegurarse los $ 20 mil millones suplementarios que reclama para 2019?”,
especulan. En cuanto a los riesgos, hacen notar que el desdoblamiento podría
terminar con la Gobernadora reelecta y el Presidente no, un temor que la propia
Vidal agitaba hace unos meses, cuando se oponía a la movida, pero que ahora
parece haber dejado atrás.
Más allá de las internas,
existe un dato duro: el mero hecho de que la conducción política de la
provincia deje trascender que se analiza con seriedad un cambio de las reglas
electorales de este calibre confirma la debilidad que, hoy, define la situación
de Macri. Y, en cierto modo, blanquea una perspectiva inquietante para el
oficialismo: solo una mejoría en la situación económica le permitirá
reconstituirse. El ministro de Economía, Nicolás Dujovne, acaba de informar
internamente que eso ocurrirá antes de marzo, pero pocos comparten el
diagnóstico.
El efecto de la recesión
conecta con el otro aliciente para desdoblar: la mala perspectiva económica
facilita los acercamientos en el peronismo, al
tornar más verosímil la posibilidad de un triunfo opositor. El acuerdo
entre sectores K y no K por el Consejo de la Magistratura es para esa mirada un
ejemplo de la lógica que puede comenzar a primar a partir de ahora. Y que no
alcanza a ser disipado por las promesas posteriores del peronismo alternativo
de mantenerse como una tercera opción, que además no son compartidas por todo
ese espacio.
En el fondo, lo que parece
haber entrado definitivamente en revisión es que la polarización con Cristina
Fernández sea, necesariamente, la apuesta electoralmente más redituable para
Cambiemos. Es que, en paralelo con la
caída de los índices de Macri, es ella quien experimentó la mejoría relativa
más notable. Esa evolución, que no asegura por ahora un resultado electoral
favorable en un eventual balotaje, alcanza sin embargo para desordenar al
oficialismo, que hasta dice que la perspectiva de “retorno” que se abre puede
condicionar la supuesta recuperación económica.
Y la provincia de Buenos
Aires es el escenario donde aquella cuestión se torna más candente, porque aquí
se encuentra el territorio base del poder electoral de CFK, el sur y el oeste
del Conurbano. Ese puñado de distritos constituye una especie de fortaleza que
parece por ahora inexpugnable para el peronismo alternativo, incluso para
Sergio Massa, lo que le da a la expresidenta la plataforma estratégica desde la
cual intentar hegemonizar un reagrupamiento opositor.
Pero justamente esa
singularidad bonaerense es un argumento que esgrimen quienes sostienen la tesis
del adelantamiento. Señalan por caso que, si persisten las condiciones
actuales, las boletas de los alcaldes oficialistas del Conurbano
experimentarían con una boleta encabezada por Vidal una “tracción” positiva
superior a la que recibirían si compitieran como último eslabón de una lista
cuya tramo más elevado fuese el de Macri.
Un razonamiento análogo
aplican al caso de los alcaldes peronistas del Conurbano: obligarlos a competir
antes implica abrir la posibilidad, al menos en potencia, de que no sumen su
poder territorial al dispositivo electoral de Cristina. Hoy, esa eventualidad
no puede contemplarse, porque más allá simpatías personales y miradas sobre
políticas de fondo, la Expresidenta tiene un nivel de adhesión en las encuestas
que se hacen en esos distritos que tornan impensable para ellos pegar su boleta
a la de cualquier otro candidato.
Con Massa podría ocurrir
al similar. Para dar el OK al presupuesto, el tigrense viene pidiendo una ley
que permita adelantar los comicios municipales para resguardar a sus
intendentes y potenciar su base de negociación en el peronismo, que Vidal le
negó desde el vamos. Sin embargo, ahora que se conoció que es la gobernadora
quien podría desdoblar ?ella propone el corte en la categoría gobernador, pero
eso supone adelantar también en las comunas, lo que pide él- las negociaciones
parecen encaminarse rápidamente.
Una reunión en San Miguel
abierta y promocionada entre ministros del gabinete bonaerense y legisladores e intendentes del
massismo plasmó ese cambio de escenario. Es otra muestra de las
particularidades de la provincia: Massa, que a nivel nacional es un opositor de
dialéctica dura, en suelo bonaerense hace punta para un acuerdo que, tal vez,
abra el escenario para que la Gobernadora tenga las dos leyes que busca la
gobernadora para cerrar el año. El peronismo de los intendentes, quizás, haya
encontrado una excusa “realista” para
sumarse al entendimiento. (DIB) AL