Las tareas de cuidado, que incluyen limpieza de hogar, recaen mayoritariamente en las mujeres, dentro de los estereotipos de la conformación de los roles familiares de la sociedad occidental. En suma, es la brecha de género en relación al cuidado la que mantiene a las mujeres trabajadoras en posiciones de bajos salarios limita sus oportunidades de acceso a puestos de liderazgo y toma de decisiones.
De acuerdo a un artículo publicado por el portal Investiga de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), este trabajo cotidiano, en tiempo, lleva más de 1 hora y media por día y, al año, representa alrededor de 25 días invertidos en servicio no remunerado. Se trata de tareas como cocinar, limpiar el hogar, hacer compras, ocuparse de la ropa y las mascotas y atender niños, niñas y personas mayores o con discapacidad. Un dato ilustra el desajuste: los varones con educación superior completa participan menos en las tareas de cuidado que las mujeres con el mismo nivel.
Las economistas Cecilia Velázquez y Analía Calero, autoras de la investigación, indagaron en los siguientes interrogantes, situados en América Latina: ¿estas diferencias son el resultado de elecciones por preferencias individuales, como sostiene la visión clásica de la economía, o se deben a la organización social del cuidado, la estratificación socioeconómica y las normas de género?
Las especialistas concluyeron en que la brecha de género en el uso del tiempo dedicado a trabajo doméstico y de cuidado responde a condicionamientos estructurales, en línea con los aportes de la más reciente economía feminista.
Sobre este punto, Velázquez precisó: "El 1º de Mayo es una oportunidad para preguntarnos qué trabajos se reconocen y cuáles quedan invisibilizados. El trabajo doméstico y de cuidados sostiene la vida cotidiana y la economía, pero todavía recae de manera desproporcionada sobre las mujeres. Medir el uso del tiempo permite dimensionar esa desigualdad y diseñar políticas orientadas a las tres 'R' del cuidado: reconocer, reducir y redistribuir estas tareas".
Según las autoras, América Latina ofrece cuatro abordajes analíticos acerca del debate sobre el cuidado, que se contraponen a la mirada tradicional que interpreta las decisiones sobre el uso del tiempo como una simple cuestión de preferencias individuales. Estas miradas, con algunas singularidades, tienen algo en común: las reconocen como manifestaciones de dinámicas estructurales y relaciones de poder.
En estas perspectivas sobre el cuidado se encuentran una propia de la economía feminista; una segunda más ligada a la sociología que lo piensa como componente del bienestar social; una tercera que se centra en el cuidado como derecho; y una última desde la ética, cercana a la antropología y la psicología social.
Doble carga y el peso del estereotipo
La incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral se ha plasmado para ellas en una doble jornada, ya que a las exigencias del trabajo no remunerado se sumaron las del empleo remunerado. Esta elevada carga tiene consecuencias: menor participación y peor posicionamiento en el mercado laboral. Fenómenos que limitan el crecimiento laboral, nombrados como “pisos pegajosos”, “escaleras rotas” y “techos de cristal”, afectan a las mujeres empleadas, y son consecuencia de estereotipos que las identifican con las tareas de cuidado familiar.
Velázquez y Calero realizaron un análisis comparado de encuestas de uso del tiempo en los 18 países de América Latina. Usaron datos provenientes del Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Analizaron encuestas y módulos de uso del tiempo recopilados desde 1998 en el Repositorio de información sobre uso del tiempo de América Latina y el Caribe (OIG-CEPAL, 2025). Allí figura el porcentaje del tiempo diario que las personas de 15 años o más dedican al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
Sobre la situación particular de nuestro país, Velázquez explicó que "en Argentina, las mediciones de uso del tiempo muestran de manera persistente que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado sigue estando fuertemente feminizado. Con Analía Calero acabamos de sistematizar todas las mediciones realizadas en el país entre 1998 y 2024, tanto nacionales como subnacionales y, pese a las diferencias metodológicas, el resultado es robusto: las mujeres dedican sistemáticamente más tiempo a estas tareas".
Variación entre países
Con estos datos, las economistas mostraron que el ancho de esta grieta de género varía notablemente entre países. El trabajo, publicado a fines de 2025 en la revista especializada Tramas y redes, muestra además que, los países con mayores niveles de desarrollo económico y menores niveles de desigualdad de ingresos tienden a registrar brechas menos pronunciadas en el uso del tiempo entre hombres y mujeres.
Es decir, estos hallazgos reflejarían diferencias contextuales en la organización social del cuidado. Pero además, las investigadoras reportan que en la mayoría de los países hay una tendencia a la reducción de esta brecha a lo largo del tiempo. Las expertas interpretan esto como una señal auspiciosa, aunque aclaran que los avances siguen siendo parciales y desiguales.
Según las investigadoras, “se trata de un fenómeno complejo, que debe ser abordado con una mirada multidisciplinaria, que permita diseñar políticas integrales que reconozcan, redistribuyan y reduzcan el trabajo de cuidados no remunerado, avanzando hacia un modelo de corresponsabilidad social y de género que involucre al Estado, al mercado, a las familias y a las comunidades”. Así, derribar estereotipos de género resulta un mecanismo de igualdad laboral.
Las autoras
- Cecilia Velázquez es doctora en Economía por la Universidad Nacional de La Plata, docente en esa casa de estudios e investigadora del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS-UNLP) y del Centro de Estudios de Población (CENEP). Actualmente también integra el equipo del Sistema de Indicadores con Perspectiva de Género de la Dirección Provincial de Estadística de la Provincia de Buenos Aires (SIPG-DPE).
- Analía Calero es doctora en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), y el estudio sobre brechas de género en el trabajo no remunerado en América Latina y recupera aportes de su tesis doctoral, que fue dirigida por Velázquez.
Fuente: Agencia DIB