Este 3 de junio se cumplen 11 años de la primera movilización bajo el lema "Ni Una Menos", el movimiento que marcó un antes y un después en la lucha contra la violencia de género en Argentina, América Latina y el mundo. Lo que comenzó como una convocatoria intuitiva, por Twitter, terminó convirtiéndose en una de las expresiones sociales más masivas de los últimos tiempos y con más conquistas a nivel social y político.
La fecha recuerda la histórica marcha realizada frente al Congreso de la Nación el 3 de junio de 2015, cuando más de 300.000 personas se reunieron para exigir respuestas ante el crecimiento de los femicidios y reclamar políticas públicas destinadas a proteger a mujeres y diversidades. Una década después, el reclamo sigue vigente pero con una mayor conciencia social sobre la problemática.
El hecho que desencadenó la reacción social fue el femicidio de Chiara Páez, una chica de 14 años que vivía en la ciudad santafesina de Rufino, que fue asesinada por su novio, tras enterarse que estaba embarazada. La joven desapareció el 9 de mayo de 2015 - patrón común en los femicidios adolescentes en los que primero se denuncia la averiguación de paradero - y al día siguiente fue encontrada enterrada en el patio de la casa de los abuelos del perpetrador, Manuel Mansilla, de 16 años.
Tras el asesinato de Chiara, un grupo de periodistas, escritoras, artistas y referentes feministas impulsó una convocatoria a través de la red social Twitter (hoy X) bajo la consigna "Ni Una Menos", una frase inspirada en un verso de la poeta mexicana Susana Chávez, reconocida por denunciar los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.
“Ni una mujer menos, ni una muerta más”, escribió Chávez en 1995. Esa frase, sencilla y potente, cargada de rabia y esperanza, de arte y realidad, se convirtió en un lema que trascendió fronteras y generaciones. La paradoja es que la propia Chávez no pudo ver su verso hecho grito colectivo para frenar la violencia machista y buscar crear una sociedad más justa e igualitaria, ya que fue asesinada en 2011.
María Moreno y una lectura de época: los femicidios de Candela, Ángeles, Melina y Lola
Otra referencia al lema de la marcha de todos los 3 de junio - #3J - es un texto de la escritora argentina María Moreno, quien tomó la consigna "Ni una Menos" como referencia de un texto propio de 2015, en el que resignificó el cuento popular del hombre de la bolsa, añadiéndoles perspectiva de género. Esta lectura surgió de una escalofriante marca de época que trazó el modus operandi de los varones que cometieron varios crímenes de adolescentes que, de un modo u otro, desencadenaron la primera marcha contra la violencia machista en el país once años atrás.
En 2011, Candela Sol Rodríguez, de 11 años, fue asesinada en Hurlingham y su cadáver fue encontrado nueve días después de su desaparición, el 31 de agosto, dentro de una bolsa negra.
El 10 de junio 2013, el crimen de Ángeles Rawson, de 16 años, generó un gran impacto mediático luego de que su cuerpo fuera descartado en una bolsa de basura por su asesino, Jorge Mangeri, el portero del edificio en el que vivía con su familia en el barrio porteño de Palermo. Los restos de Ángeles fueron hallados un día después en la planta de tratamiento de residuos del CEAMSE, en la localidad bonaerense de José León Suárez.
Otros brutales femicidios previos al crimen de Chiara Páez que sumaron bronca y cargaron las gargantas de hartazgo para gritar "Ni Una Menos" el 3 de junio de 2015, fueron el de Melina Romero, de 17 años, ocurrido en septiembre de 2014, y el Lola Chomnalez, de 14 años, acontecido en diciembre de 2014 en Uruguay, mientras estaba de vacaciones.
El cuerpo de Melina fue hallado casi un mes después del homicidio, el 23 de septiembre de 2014, en el margen del río Reconquista, cerca del predio de la CEAMSE en José León Suárez, también dentro de una bolsa de residuos.
Candela, Ángeles, Lola y Melina
De izquierda a derecha, de arriba hacia abajo: Candela Sol Rodríguez; Ángeles Rawson; Lola Chomnalez; y Melina Romero.
La pluma de María Moreno: un cuento popular que estremece
El hombre de la bolsa era uno y se llevaba niños.
Las mujeres de la bolsa somos muchas y salimos de ellas para que no haya ni una menos.
Hay una historia política de la bolsa. Si la cartera era míticamente revoltijo cosmético, dejó de serlo cuando escondió armas revolucionarias, panfletos militantes, cuadernos de estudio, libros y planos; la bolsa la amplía y hace funcional.
¿Y la bolsa de basura? Sacarla implica expulsar afuera del hogar los deshechos de la vida productiva. Cuando aparecieron las bolsas de consorcio, el objeto pasaba del espacio que el feminismo llamó del llamado trabajo invisible a herramienta laboral del encargado de edificio; la utilería del asesino hoy incluye la bolsa y el container, la cloaca y el pozo ciego en donde la razón práctica devela un horror semiótico: las mujeres son basura.
Activar desde la bolsa no significa invitar a una identificación sacrificial o melancólica con las víctimas; ocupar el lugar en donde se encubrió el cadáver y romperlo para leer y hablar es evocar aquello que la muerte tiene para decir aún desde el silencio, por eso de que “el cadáver habla”, da señales de su identidad, pistas que llevan al asesino como lo demuestra la tradición política del Equipo Argentino de Antropología Forense.
Que la bolsa se transforme en el símbolo del luto popular y el compromiso porque no haya ni una menos.
Fuente: Agencia DIB