martes 16 de junio de 2026
16 de junio de 2026 - 18:39

La batalla imposible: el día que Güemes venció, a caballo, a la flota británica

Este 17 de junio se cumplen 205 años de la muerte del general Martín Miguel de Güemes. Un salteño de origen aristocrático que de los 14 a los 36 combatió con fiereza al enemigo extranjero, sea inglés o español. Entre sus hazañas, ésta que protagonizó en el Río de la Plata.

A fines de 1805, el panorama internacional estaba en llamas por las Guerras Napoleónicas y España preveía que Gran Bretaña atacaría sus colonias americanas. Por eso, el Virrey Rafael de Sobremonte ordenó concentrar tropas en la ciudad de Buenos Aires para defender el puerto. Entre ellos, el batallón a cargo del jovencito salteño de 21 años Martín Miguel de Güemes.

El operativo diseñado por Sobremonte no tuvo éxito. La flota británica al mando de William Carr Beresford desembarcó en Quilmes en junio de 1806, tomó Buenos Aires, ciudad de la que el virrey ya había huido.

Soy de Salta y hago falta

Pese a su edad, Güemes tenía siete años de experiencia armada, por eso fue puesto al mando de la caballería de los Blandengues de la Frontera para formar parte de la Reconquista liderada por Santiago de Liniers. Es aquí cuando aparece "La batalla imposible".

En agosto de 1806, las tropas criollas y españolas lideradas por Santiago de Liniers estaban logrando reconquistar Buenos Aires. Pero faltaba el golpe de efecto que inclinara definitivamente la balanza.

En el río, un batalla inédita

En medio de los combates entre invasores e invadidos, el barco inglés Justine se encontraba navegando cerca de la costa, a la altura de lo que hoy es el barrio de Retiro, más precisamente donde ahora está la Estación. El río entonces llegaba hasta la actual Plaza San Martín.

El Justine era un mercante de gran porte que había sido reacondicionado por la Real Armada Británica como buque de apoyo y transporte militar. Equipado con 18 cañones, transportaba una tripulación fija de más de 100 hombres.

Ese 12 agosto de 1806 tenía la misión de cañonear las posiciones criollas en Retiro para cubrir la retirada de las tropas británicas hacia el resto de la flota que comandaba el comodoro Home Popham.

Al mal tiempo, buena estrategia

De pronto, el clima típico del Río de la Plata apareció en escena: sopló una fuerte sudestada seguida de una violenta bajante del río. El Justine encalló en un banco de arena, quedando completamente inmovilizado a no más de 300 metros de la costa.

Liniers vio la oportunidad de neutralizar el poder de fuego del barco y le ordenó al joven Güemes: "Vaya y rinda a ese barco".

De inmediato el salteño reunió a sus hombres (todos expertos jinetes) y enfilaron hacia el oscuro Río de la Plata. El agua les llegaba al pecho a los animales, pero todo fue tan sorpresivo que los marinos ingleses no podían creer lo que veían: una horda de jinetes parecía trotar sobre las aguas, apuntándoles con fusiles revoleando boleadoras y sables.

Güemes y los suyos rodearon al Justine. Debido a la inclinación del barco varado, los cañones ingleses apuntaban demasiado alto y no podían bajarse lo suficiente como para disparar a los jinetes que se acercaban por el agua.

Rodearon el casco del buque, treparon por las cuerdas y tras un breve pero intenso intercambio de disparos y combates cuerpo a cuerpo en la cubierta, el desconcertado capitán del Justiea ordenó arriar la bandera británica y se rindió ante el joven oficial salteño. La batalla imposible había terminado.

Botín de guerra

Cuando Güemes y su treinta de hombres tomaron el control del buque, se encontraron con un verdadero tesoro logístico que fue directo a las manos de Liniers para financiar la resistencia:

  • Armamento: Se confiscaron todos los cañones del buque, cientos de fusiles ingleses de última generación (los famosos Brown Bess), pólvora seca y sables.
  • Cargamento: El barco venía repleto de víveres, ropa para las tropas británicas y una importante suma de dinero en monedas de plata destinadas a la paga de los soldados invasores.
  • Prisioneros: Los más de 100 oficiales y marineros ingleses fueron bajados a caballo (algunos en ancas de los Blandengues) y trasladados como prisioneros de guerra.

El parte militar que Santiago de Liniers envió a España describiendo la Reconquista de Buenos Aires menciona el hecho con asombro y destacó el "arrojo inaudito y su audacia ante un peligro inminente", del joven alférez salteño al que el Rey de España ascendió a Teniente de Granaderos de Liniers.

Por su parte, en los registros del almirantazgo británico, con más vergüenza que autocrítica, la pérdida del Justine figura casi como un "accidente de la naturaleza" provocado por el río, omitiendo el detalle de que fueron vencidos por soldados a caballo con boleadoras.

Fuente: Agencia DIB

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