miércoles 17 de junio de 2026
30 de julio de 2019 - 09:30

La economía colaborativa: un debate que derriba las fronteras

La Plata, jul 30 (DIB).- No pasaron dos años desde que en Argentina las aplicaciones de delivery invadieron las principales ciudades del país, creando un nuevo segmento de negocio, no exento de polémica. Sin embargo, este fenómeno choca con una serie de problemáticas que se repiten a lo largo del mundo y que tienen que ver con la explotación de los trabajos esporádicos.

Las nuevas tecnologías dispararon la expansión de la economía colaborativa o “sharing economy”, por cuanto permitieron la creación de plataformas que facilitan el encuentro de usuarios para compartir, intercambiar o prestar bienes y servicios. La organización tradicional del trabajo está en crisis y los empleos no convencionales, independientes y con ingresos intermitentes, han llegado para quedarse con las nuevas plataformas digitales. En la Unión Europea, este tipo de trabajo crece a unos ritmos muy superiores al resto, pasando de ocupar al 23% de las personas de entre 25 y 39 años en 1995 al 32% en 2016, lo que apunta a que en 2030 podría ser mayoritario.

Fundada en 2015 en Barcelona, Glovo en nuestro país tiene presencia en más de 40 localidades de siete provincias y cuenta con unos 6.000 repartidores, según datos de la empresa. En ciudades como Madrid la lista de espera para trabajar como glover supera las mil personas. Y en Francia ya se da un fenómeno particular, donde algunos repartidores registrados en esas aplicaciones están rentando sus cuentas. Es decir, dejan en manos generalmente de inmigrantes no autorizados en el país, el duro trabajo de reparto y se quedan con entre un 30% a un 50% de las ganancias. 

Pese a estar en plena fase de expansión, la compañía de las mochilas amarillas, que opera en veintitrés países, replegó posiciones en Latinoamérica. De hecho este año abandonó los mercados de Chile y Brasil, donde empezó a operar hace aproximadamente un año. Cabe recordar que la aplicación que tiene más de tres millones de usuarios y más de 10 mil establecimientos asociados, inició operaciones durante el año pasado, además de Argentina, en doce países: Uruguay, Guatemala, Panamá, Costa Rica, Ecuador, Marruecos, Egipto, Turquía, Georgia, Ucrania, Rumanía y Kenia.

Uber Eats señaló que los repartidores de Francia ganaban un promedio de 10 a 15 euros por hora en las horas pico. Mientras Deliveroo y Stuart estiman ganancias en torno a los 13 euros, Glovo habla de unos 10 euros. En La Plata, por ejemplo, si se mide en euros el promedio es de 3 a 4 por hora.  

Las condiciones de seguridad que se discuten en Argentina también se repiten en otros países. De hecho, la muerte de un trabajador de Rappi en abril tras un accidente de tránsito mientras trabajaba en Buenos Aires, fue un disparador para que los repartidores reclamaran medidas básicas de seguridad como que reciban cascos o un seguro. Algo similar pasó en mayo en Barcelona, cuando un “glover” de 22 años falleció al ser atropellado por un camión de los servicios de limpieza.

La desprotección de este tipo de trabajadores favoreció la creación de grupos para defender sus intereses, sobre todo en Estados Unidos y el Reino Unido. En tanto, en Europa se creó la Federación Transnacional de Conductores, mientras que hubo huelgas en países como España, Francia o Colombia. En Argentina, el año pasado, pasó algo similar con una protesta en el que por un día no prestaron servicio.

A fuerza de reclamo, los repartidores han conseguido en algunos países triunfos judiciales, como ser considerados empleados de este tipo de empresas. En julio, la Inspección del Trabajo de España exigió a Deliveroo, la firma con mayor presencia en Europa, a contratar a cientos de repartidores y a pagar 1,3 millones de euros a la Seguridad Social y recargos no abonados por sus trabajadores. (DIB) FD

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Un grupo de trabajadores en una obra pública.

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