La Plata, feb 24 (Por Andrés Lavaselli, de la redacción de DIB).-
El anticipado anuncio de la candidatura a diputado nacional del ministro de
Seguridad, Cristian Ritondo, realizado en paralelo con ciertas señales menos
públicas dirigidas al radicalismo y a la Coalición Cívica, marcaron esta semana
una aceleración de los tiempos electorales en la provincia. Es un fenómeno que
también se verificó en el peronismo, donde el congreso partidario de La Matanza
funcionó como ratificación de una aspiración creciente a una unidad que tiende
a desbordar lo estrictamente partidario, pero no se plasma en una articulación
general por falta de definición nacional.
“Por la complejidad y el tamaño de la provincia, algunas
definiciones se van a demorar hasta último momento”, dijo María Eugenia Vidal
en una reunión con senadores de su espacio, a mitad de semana. Acto seguido,
deslizó que su candidato a vicegobernador no está definido, como tampoco el de
Mauricio Macri ni el de Horacio Rodríguez Larreta. Como cualquier dirigente de
su nivel sabe, una frase de ese tenor, dicha en una reunión de asistencia
colectiva, con representantes de líneas internas enfrentadas entre sí, está
destinada a trascender. Cosa que efectivamente ocurrió.
Vale preguntarse, entonces, los motivos de la picardía de la
Gobernadora. ¿Fue un mensaje a Daniel Salvador, que estaba a unos metros,
escuchándola? El actual vice venía escaldado respecto del tema de su nueva
postulación, no tanto porque se haya negado a confirmarlo en cierta declaración
periodística, sino porque allí mismo habló de “otros” dirigentes con
posibilidades de secundarla, lo que dio pie a un abierto intento de Jorge
Macri, cuya cercanía ella recela, de filtrar una postulación propia. Por eso, a
primera vista, volver a echar dudas sobre su fórmula parecía un revés para
el vice. Casi un destrato.
En realidad ocurrió otra cosa: Vidal emitió un mensaje en
medio de las tensiones entre PRO y el radicalismo pero a nivel nacional. Se
trata de los chispazos que terminaron de emerger cuando Martín Lousteau pidió
que se habilite una interna para definir candidato a presidente, horas después
del triunfo de la UCR en La Pampa. En su núcleo político más cercano no parecen
tener dudas: “Salvador no tiene riesgo”, dicen. ??l mismo tal vez lo sepa, a
juzgar por el conclave de intendentes planeado para respaldarlo, que quedó
apenas en una muda foto de familia Gerardo Morales, que iba venir para sumar
volumen, finalmente no lo creyó necesario.
Unos días antes, Salvador, el jefe de Gabinete Federico
Salvai y la referente de la Coalición Cívica en la provincia, Maricel
Etchecoin, habían mantenido un encuentro a solas, que fue oficialmente
difundido. Luego de esa cita, comenzaron a circular algunas definiciones nuevas
sobre el armado electoral. Una primera certeza es que esta vez Vidal tendrá la
lapicera, en soledad. Todo un mensaje no solo para el intendente Macri, sino
también para el sector que nuclea Emilio Monzó. Esos dirigentes solo “colarán”
en las listas en proporción casi exacta a la representación que ya tienen,
siempre y cuando la Gobernadora dé el OK.
De hecho, en el oficialismo dicen que la única dirigente que
verá cumplidas todas sus aspiraciones electorales (los radicales tienen a
Salvador, pero deberán negociar, y duro, por el resto) es Elisa Carrió. El
único veto para ese sector, por ahora, procedería de la mismísima “Lilita” y
afectaría al senador marplatense Guillermo Castello. Vidal en cambio tiene en
carpeta promover a incondicionales para un segundo mandato, como el secretario
general y ex consultor Fabián Perechodnik, quien sería primer candidato a
senador por La Plata, donde podría enfrentar a Andrés “Cuervo” Larroque.
Pero la novedad principal es sin duda la candidatura de
Ritondo, un hombre clave del entorno de Vidal, no siempre advertido como tal.
La sorpresa no tiene que ver con el destino político del Ministro, sino por el
momento en que fue hecho el anuncio. Justo cuando su par nacional, Patricia
Bullrich, lanza su intento por ser vice de Macri y antes de que Monzó, a quien
Ritondo aspira a suplantar en la presidencia de Diputados, confirme en público
su mudanza a Madrid. En el monzoísmo no cayó nada bien la confirmación tan
anticipada para un movimiento que se efectivizará luego de que el armado de
listas esté finalizado.
La Matanza y después
En el peronismo también parecen comenzar a calentarse los
motores. Pero en un sentido distinto: allí la cuestión es la unificación, que
por ahora aparece como una lógica relativa, de núcleos dispersos que se van
aglutinando pero no tienen conexión entre sí. El Congreso del PJ en la Matanza
fue una muestra. Contra algunas especulaciones, todos actuaron allí bajo una
premisa: Cristina Kirchner será candidata. Pero las certezas se acabaron ahí:
la triple pelea entre Martín Insaurralde, Verónica Magario y Axel Kicillof por la
postulación a gobernador quedó confirmada: el intendente fue antes de la foto
final y el exministro ni siquiera estuvo.
Con esas multiplicidad en la cancha, lo que se terminó de
acordar en el Congreso es una especie de pacto de no agresión. Cada uno de los
tres caminará el territorio con vistas a una definición que debería llegar en
marzo. En el horizonte más bien cercano asoma otra cuestión, que ya comenzó a
conversarse: si ninguno de ellos despega del resto en las encuestas, es
probable que haya una interna. Una que podría trasladarse “hacia abajo”, a los
distritos, pero no hacia arriba, donde CFK es la piedra de toque de todos.
Mientras, surgen integraciones nuevas. La más “taquillera”,
tal vez, sea la de un sector de Suteba, el gremio docente. Existe la
posibilidad de que su secretario general, Roberto Baradel, integre la lista de
diputados nacionales del peronismo cristinista. Pero más concreto parece ser
otro acuerdo: varios intendentes del Conurbano piensan llevar en listas a
representantes de ese gremio como candidatos a los concejos deliberantes y
escolares. Otra iniciativa de unidad, más clásica, se dio en la sexta sección,
donde kirchneristas, “dialoguistas” y exrandazzistas, firmaron una carta de
intención en ese sentido.
Ese documento tiene la particularidad de provenir del
interior provincial, pero adolece de la misma debilidad que la cumbre
matancera: más allá de algún dirigente que se suma por la suya ???y mirando a su
conveniencia local- el massismo queda afuera, con lo cual la bipartición del
peronismo sigue en pie. Por eso, la foto de Sergio Massa con Roberto Lavagna es
tan significativa: aunque arrancó casi como un entretenimiento de verano, la
candidatura de exministro parece tomar vuelo, a favor de su intención de voto.
Esos números favorables se dan en general en un marco de
crecimiento de la aceptación social a un espacio que no se identifique con
ningún extremo, justo cuando Massa tenía decidido abandonar el discurso
centrista para captar voto K. En promedio, las consultoras hablan de un 32% de
intención de voto para Macri, un 28 para CFK y un 24 para Lavagna, con el
primero de ellos perdiendo apoyos a expensas del último. Eso bastaría para
ordenar las postulaciones de un sector con interna imposible si es que el
exministro de Economía impone su criterio. Los que se ilusionan son los
massistas que, contra los deseos de su jefe, quieren que Massa sea candidato a
Gobernador. (DIB) AL