viernes 09 de enero de 2026
8 de enero de 2026 - 09:29

Verano de 1913: cuando los camellos de "Paco" Medina invadieron la Bristol

Había llegado a Mar del Plata con una docena de dromedarios para insertarlos en las tareas rurales. Como no funcionó realizó paseos por las playas.

Tras la inauguración del hotel Bristol, en 1880, Mar del Plata comenzó un proceso de construcción de chalets y mansiones de la élite que fueron dándole color a la zona de la Playa Bristol y el Torreón del Monje. Todo mientras las familias adineradas, en tiempos en que la Belle Époque europea llegaba a su fin, vacacionaban en la ciudad.

Fue hacia fines de 1911 cuando comenzaron las obras para dotar a “La Feliz” de una rambla de mampostería. Casi dos años después estaba lista. El 19 de enero de 1913, se inauguró la Rambla Bristol, en medio de pomposos festejos, la presencia del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Ezequiel de la Serna, elegantes carruajes, los primeros automóviles en serie y hasta una docena de dromedarios o camellos de una sola joroba, traídos desde las Islas Canarias.

Detrás de esos camellos, estaba el inmigrante español Francisco "Paco" Medina, que había llegado a la ciudad unos meses antes en busca de aires de mejor futuro para parte de su familia. Con una valija y una docena de camélidos que había adquirido en Marruecos, buscaba reemplazar a los caballos en las tareas rurales y a los bueyes criollos como animales de tracción. Incluso contaba con el visto bueno del Ministerio de Agricultura del Gobierno de Roque Sáenz Peña.

Los cálculos no eras errados. Un dromedario puede cargar casi media tonelada y su potencia equivale a la de dos bueyes juntos; además, vive un promedio de 40 años, diez años más que un caballo y el doble que un buey.

Sin embargo, se sumaron dos problemas que, al parecer, Medina no había tenido en cuenta en su planificación. Uno tuvo que ver con el ambiente marplatense, diferente al marroquí. Fuera del desierto, los dromedarios soportaban una carga más liviana que la habitual. Y el otro fue la poca obediencia de estos animales para que los jinetes puedan montarlos. El mal genio a la hora de tirar un arado hizo que la idea de emplearlo en el campo fuera abandonada rápidamente.

camellos mar del plata
Una mujer en un paseo en camello. (Cultura de Mar del Plata)

Una mujer en un paseo en camello. (Cultura de Mar del Plata)

El Plan B de Medina en Mar del Plata

Caída la idea “campera”, la apuesta de este empresario pasó por la arena, piso conocido para los camellos. Y para ello ese 19 de enero organizó, gracias a sus contactos, una carrera en la Bristol. Jinetes vestidos de beduinos con turbantes hicieron correr a los dromedarios ante miles de personas. Una excentricidad. Un golpe de efecto que dio resultado.

A partir de allí y durante el resto de ese verano, Medina impulsó los paseos en dromedarios por Playa Brístol para turistas, quienes no acostumbraban aún a meterse al mar (esa costumbre recién llegó en el inicio de 1915). Mujeres y niñas vestidas con grandes sombreros, hombres de traje mirando a todo el mundo desde la altura privilegiada que brindaba la especie de silla que llevaba el animal. Todos bajo la conducción de un hombre vestido de gala, que guiaba al camello a lo largo de la playa.

Pero la alegría (y negocio) de “Paco” fue efímera. Las autoridades no le renovaron el permiso por considerar que la actividad resultaba antihigiénica. Los dromedarios hacían sus necesidades en el mismo lugar donde las personas y sus familias reposaban y a esto se sumaba un olor muy fuerte durante los días de calor. Pese a que probó con las playas ubicadas más al sur, los animales se iban muriendo y se iba quedando sin staff.

Con el dinero que había logrado ahorrar y la venta de algunos camellos, puso un Tambo Modelo y canchas de tenis en el Paseo General Paz, que inauguró en 1921. Cuentan que aquellos que jugaban un turno de tenis, una vez terminado el partido, solían reunirse a beber leche fresca en su otro emprendimiento.

Con ese negocio le fue bien, y pudo invertir en hotelería. Además, formó una "nueva" familia, tuvo una hija que se sumó a la que lo había esperado en Islas Canarias hasta los 18 años, momento en el que vino a la Argentina.

Francisco Medina murió en Mar del Plata en 1947, a los 72 años. Lejos y perdidos por algún destino de Mar del Plata habían quedado los dromedarios, esos socios que le permitieron dar sus primeros pasos en el mundo de los negocios.

Fuente: Agencia DIB

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