La Plata, feb 17 (Por Andrés Lavaselli, de la redacción de
DIB).- Por motivos difíciles de comprender y que, por eso mismo, dispararon
todo tipo de suspicacias, la gobernadora María Eugenia Vidal recibió de dónde
menos se esperaba un envión a su plan para meter a la paritaria docente en la
lógica de la grieta política y hacerla funcionar, en sintonía con sus intereses
electorales, como un conflicto relativamente beneficioso en términos de agenda
para Cambiemos, alianza que en otros niveles afronta tensiones irresueltas.
El responsable de eso es Miguel Díaz, secretario general de
Udocba, quien en la antesala de la primera reunión con el gobierno increpó al
ministro de Educación, Gabriel Sánchez Zinny, con modales cuya funcionalidad
para la estrategia de negociación gremial puede medirse por el callado fastidio
con que sus pares de Suteba y FEB, Roberto Baradel y Mirta Petrocini,
asistieron al show, montado antes de que el periodismo dejara la sala de reuniones,
por lo que quedó grabado, lo que favorece su viralización.
Con base en el Conurbano y terminal en el moyanismo, Udocba
es un gremio “chico” en comparación con Suteba y FEB, pero es el que más creció
en los últimos años. Y lo hizo en buena medida de la mano del alto perfil
mediático de Díaz, que suele “correr por izquierda” a Baradel y Petrocini con
posturas que lo dejan como el más intransigente en la defensa de los
trabajadores. Una práctica de bajo costo, ya que sus representados cobran igual
los aumentos que se decretan o cierran los otros gremialistas. ATE hace lo
mismo.
Aunque inédita por el tono y la circunstancia, su
intempestiva intervención podría comprenderse bajo esa lógica de competencia
intra gremial. También podría deberse a la pérdida del poder adquisitivo de los
sueldos de los maestros, que ni el gobierno puede negar, aunque en sus cálculos
sea menor a lo que dicen los gremios. No está tan claro que Díaz esté al tanto
de la arqueología legal que hicieron en el Ejecutivo sobre las personerías con
que funciona Udcoba, pero si lo estuviese, seguro que sería otra razón para el
enojo.
Lo cierto es que el episodio jugó, objetivamente, en favor
de los planes de Vidal, quien de modo evidente “eligió” la cuestión docente
como eje para estructurar su acción política en esta coyuntura. “Arrancamos
ganando uno a cero”, se ufanó oficialista. En su evaluación enlazó lo que
ocurrió con Díaz con la jornada en Ensenada, donde la Gobernadora estrenó las
mesas que suman docentes sin sindicalizar y padres a la pelea paritaria con una
frase elocuente: “No vamos a insultar ni a escrachar a nadie, nos preocupa la
educación”.
Son varios los motivos por los cuales Vidal le da
centralidad a esa pelea. Uno tiene que ver con una ventaja relativa que cree
haber conseguido a partir de su relación con la Casa Rosada. Es que luego de
los “sacrificarse” al aceptar el juste vía subsidios y de deponer la idea de
desdoblar las elecciones, Vidal consiguió que se le permita ofrecer una
cláusula gatillo para actualizar sueldos por inflación. Aunque sabe que la
discusión por lo perdido en 2018 es inevitable, ese mecanismo le pone otro
marco al debate.
Pero las razones de fondo son otras. Como se demostró en
Ensenada, el conflicto docente le permite a Vidal movilizar y motivar a su
aparato político ???y a partir de eso a parte de su base social- a partir de una
batalla “ideológica” hecha a su medida, en la que el sindicalismo hace de
contraparte perfecta de cierta escala de valores que forma parte del ADN social
de Cambiemos. Es una dinámica que el coqueteo de Baradel con la lista de
diputados nacionales del kirchnerismo, se concrete o no, tiende a potenciar.
Esa especie de grieta a escala se monta, además, con una
finalidad de agenda: mejor discutir eso (o la inseguridad, que de pronto volvió
al discurso del oficialismo) que la crisis económica. Y también sirve para
solapar cierto malestar remanente entre algunos intendentes de Cambiemos, que
nunca estuvieron de acuerdo con la unificación electoral y, ahora, encendieron
las alarmas porque un miembro del Gabinete dice que es más importante la
cantidad global de votos del oficialismo que sumar o retener distritos.
¿Adiós avenida?
Como se demuestra en el caso docente, toda la estrategia
política del oficialismo asume a la “grieta” como elemento dinamizador del voto
propio, en octubre y sobre todo después, y a Cristina Fernández como “garante” de la perduración de esa dialéctica.
Pero el silencio de la expresidenta, combinado con sus contactos, discretos
pero cada vez más frecuentes con gobernadores e intendentes, alimenta elucubraciones
sobre cómo se moverá: ¿jugará o no? ¿esta vez abrirá el juego en el armado de
las listas o actuará como en 2015 y 2017?
El peronismo bonaerense entero está paralizado en espera de
esa decisión. Y uno de los que la mira con especial interés es Sergio Massa. El
tigrense viene recibiendo sugerencias de un sector K y, también, de una porción
???minoritaria- de su propia tropa para “bajar” a la Provincia, como candidato a
gobernador de CFK en el primer caso, como parte de una lista encabezada por
Roberto Lavagna en el segundo. Las rechazó a ambas porque se dispone a poner en
marcha la etapa final de su plan nacional.
Aconsejado por el catalán Antoni Gutiérrez Rubí ???el mismo
que asesoró a Cristina en 2017- el tigrense ensaya un endurecimiento de su
discurso contra Macri, bajo la hipótesis de que el 70% del electorado es
crítico de la gestión presidencial, aunque ese porcentaje esconda a muchos
desencantados de Cambiemos que jamás votarían a la Expresidenta. Ese es el
primer desafío de Massa: decir adiós a la “ancha avenida del medio” sin regalar
al oficialismo la chance de identificarlo con el pasado.
El objetivo inmediato de Massa es llegar al 15% de intención
de voto, para estar en mejores condiciones de hacer lo que en público dice que
no va a hacer: negociar con Cristina. La idea, dicen en el comando renovador,
es que la Expresidenta priorice el objetivo de derrotar a Macri en un balotaje
y, en esa lógica, decline (cobrando “caro” el movimiento con la imposición de
nombres propios en listas y en un eventual gobierno) en favor del tigrense,
mejor dotado, en teoría, para la segunda
vuelta.
Es difícil que eso ocurra, pero la mera existencia de la
estrategia revela, a trasluz, que una premisa del juego de Massa es que CFK no
se presentará. Si lo hace, lo suyo será más complejo, dicen en su entorno. Pero
él mismo, en reuniones informales mantenidas en los últimos días, ha comenzado
a dar una definición más inquietante: si Cristina ya, yo no juego, dice. No se
sabe hasta qué punto es una postura negociadora ni, tampoco, si se trataría de
una abstención total o solo para la postulación presidencial.
Ese último dato es clave desde el punto de vista bonaerense,
donde Alternativa Federal, el sector en el que permanece Massa, no logra hacer
pie, ni aún después de la novedad que significó la irrupción de Lavagna. Pero
no solo para ellos: en el resto del peronismo bonaerense también impactará. Ese
sector se reúne el jueves en La Matanza en pleno debate de su santo grial: un
esquema de unidad, de ser posible sin internas. Como en el caso de Massa, la
respuesta parece estar en manos de CFK, que no pierde centralidad. (DIB) AL