El cierre de la tercera edición del DAE – Creative Bootcamp dejó en claro que la creatividad argentina tiene futuro cuando apuesta por la sustentabilidad. De los quince proyectos seleccionados este año para atravesar un proceso intensivo de formación y mentorías, cuatro recibieron un reconocimiento adicional: fondos de capital semilla de USD 5.000 para impulsar su crecimiento.
Entre ellos, dos bonaerenses: Aldi Vega, con base en Lomas de Zamora, y Marote, de Saladillo. Junto a ellos fueron distinguidos Bio Eleven (Mendoza), por su trabajo en biomateriales textiles a partir de residuos agrícolas, y Uzal (CABA), con una propuesta de diseño de autor sustentable que incluye un innovador textil plantable.
Aldi Vega: cultura urbana y suprareciclaje en el Conurbano
En Lomas de Zamora, Brenda Aldana Coronel, conocida como La Aldi, convirtió su pasión por la moda en un emprendimiento que enlaza arte, identidad barrial y sustentabilidad. Su marca, Aldi Vega, nació de la idea de recuperar retazos y descartes textiles para transformarlos en indumentaria urbana que no deja a nadie afuera: todas las prendas contemplan la curva completa de talles.
El proyecto se apoya también en la colaboración de la diseñadora Camila Passerini y suma talleres y contenidos educativos para comunidades locales. Así, la ropa se convierte en vehículo de formación y encuentro.
El trabajo de Aldi ya dialoga con la cultura popular. Diseñó vestuario para Duki y María Becerra, colaboró con Adidas para rescatar bordados de abuelas en una campaña que unió tradición y vanguardia, y presentó en Transradio una colección íntegra hecha con denim reciclado como homenaje a la educación pública.
“Democratizamos el acceso al diseño desde una mirada sustentable, cultural y educativa”, resume Aldi.
Marote: del descarte industrial al mobiliario urbano
Luciano-Bochicchio-Marote
En Saladillo, Luciano Bochicchio y su equipo decidieron usar el marote —la cabeza— para darle otra vida al plástico. Lo que para la industria son bolsones y desechos posconsumo, en sus manos se convierte en mobiliario urbano y objetos cotidianos que llevan la marca de la economía circular: imagina plazas, escuelas y calles equipadas con objetos funcionales y resistentes. Así nació Marote, un emprendimiento que produce a partir de materiales reciclados, con procesos de rotomoldeo e inyección.
El catálogo habla por sí solo: la Familia Tri, un módulo triangular que funciona como banco, maceta o cucha para mascotas; el Bicicletero Pirámide, robusto y diseñado para espacios públicos; o los Cestos Clasificadores, un sistema modular que facilita la separación de residuos. Todo fabricado con plásticos rescatados de industrias, cooperativas y talleres protegidos.
“Nuestro compromiso está en producir a gran escala sin romper el círculo de la sustentabilidad”, subraya Bochicchio, que plantea a Marote como una alianza entre diseño, tecnología y responsabilidad ambiental.
Una cohorte diversa, un mismo horizonte
El DAE – Creative Bootcamp es impulsado por la Fundación Bunge y Born y el British Council. Con más de 190 horas de formación híbrida y mentorías internacionales, el programa acompaña a emprendimientos creativos que apuestan por modelos sostenibles, competitivos y con impacto social.
Este año, además de los cuatro premiados, integraron la cohorte proyectos de distintas provincias: Almagre (Córdoba), Franca (Chubut), Don Arnolfo y Los Aparatos (Tucumán), Kamarán (Santa Fe), Tinga (Misiones), y varios con base en la Ciudad de Buenos Aires como Biotico, Hache Objetos, Lindor, Porcelana Panambí y Uzal. Cada uno aportó una visión distinta: desde biomateriales y suprareciclaje textil hasta cerámica impresa en 3D, kayaks plegables y sintetizadores de código abierto.
La doble distinción para Aldi Vega y Marote confirma el peso de la Provincia de Buenos Aires en la agenda del diseño argentino: dos emprendimientos que parten de los residuos para crear futuro, con sello sustentable y proyección global. (DIB)