“Hoy nuestro hermano Horacio puede descansar en paz y cerca nuestro. Cerramos una intensa y dolorosa búsqueda que nos llevó 51 años…” sentenciaron entre lágrimas los hermanos Ibarra-Britos, quienes en la lluviosa mañana de este martes en Quequén recibieron de parte del Equipo Argentino Forense los restos óseos de Horacio Alfredo Ibarra Britos.
Este joven nacido en Lobería tenía 18 años cuando fue asesinado en diciembre de 1975 en Escobar por el aparato represivo clandestino que reinaba en ese momento.
La entrega del cofre de madera con la osamenta que por varias décadas se mantuviera sepultada en carácter de “NN” en el cementerio Municipal de Escobar, estuvo a cargo de Carlos “Maco” Somigliana y Mariella Fumagali, del prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), quienes arribaron a media mañana a la vivienda de Abel Ibarra en Quequén.
Allí esperaban el dueño de casa acompañado por sus hermanos Juan, Oscar Daniel, María Cristina, Javier Alejandro y Graciela Inés. No pudieron asistir al emotivo momento Luis y Marina, que completan los ocho de los trece hermanos de la familia que aún están con vida.
Desaparecer a los 18
Horacio Alfredo Ibarra Britos, el “Ñato”, era el segundo hijo de la familia que constituyeron Horacio Ibarra y Lidia Britos. Trabajador de la esquila y amante de las motos, a las que armaba y desarmaba con pasión, tenía 18 años en aquel junio de 1975 cuando salió de su casa del barrio 16 Viviendas de Quequén, para nunca regresar.
Su desaparición significó una herida abierta para su familia, que jamás dejó de buscarlo. Aún más, tras el pedido de que lo encontraran que su madre Lidia les hizo desde su lecho de muerte ocurrida un año después. “Salió como para volver y no regresó más. Nunca supimos qué pasó”, cita ahora Abel Ibarra, que era pequeño por entonces.
Los hermanos Ibarra Britos iniciaron una búsqueda desesperada, recorrieron organismos, realizaron consultas y apelaron a los medios de comunicación de la época, llegando a participar años después del recordado programa televisivo “Gente que busca gente”, conducido por Franco Bagnato. Sin embargo, nunca obtuvieron una respuesta.
Camino a la verdad
En 2010, tres de los hermanos aportaron muestras sanguíneas para ser incorporadas a un banco genético. A partir de ese momento comenzó un largo proceso de análisis que recién años después empezaría a arrojar resultados.
La investigación documental permitió al EAAF vincular registros dactiloscópicos de diciembre de 1975 obtenidos en el marco de una causa judicial iniciada con la aparición en la vía pública de dos cuerpos en la zona del Río Luján, que luego fueron enterrados como NN en el cementerio municipal de Escobar.
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Finalmente, el año pasado Abel recibió el llamado del Equipo Argentino de Antropología Forense, confirmando que habían hallado los restos de Horacio. Para María Cristina Ibarra Britos, que asumió un rol fundamental en la búsqueda, la noticia fue profundamente movilizadora. “Siempre tuve fe de que algún día lo íbamos a encontrar”, expresó.
La confirmación de la identidad de Horacio significó sentimientos encontrados. “Es una tristeza y una alegría al mismo tiempo”, resumió Abel Ibarra.
Lágrimas y traslado al cementerio
Una vez brindadas este martes las explicaciones de los integrantes del EAAF sobre el proceso que llevó a encontrar los restos de Horacio, de la firma de las actas y entrega de documentación oficial y de la Justicia, los hermanos, quienes estaban acompañados por una quincena de sobrinos que Horacio no llegó a conocer, tuvieron su momento de intimidad para reencontrarse con el hermano que tanto tiempo buscaron.
Durante la emocionante charla con quienes les restituyeron los restos, miembros de la familia entregaron dos cartas de agradecimiento al EAAF, que fueron leídas en voz alta por Carlos Somigliana.
La carta de los hermanos Ibarra Britos
“Hace algunos años nos hicimos ADN, dos hermanos varones y una hermana mujer. Pasó el tiempo, y por fin recibimos una noticia, luego de un gran trabajo de investigación del equipo de antropología. Habían pasado 50 años de la última vez que vimos a nuestro hermano.
¿La noticia? Tal vez no fue la que esperábamos (todavía manteníamos encendida una luz de esperanza). Pero a Horacio, "el Ñato", lo habían asesinado a los pocos meses que se había ido de nuestra ciudad, Quequén, en el año 1975.
La vida no nos ha sido fácil. ¿Es triste? Claro que sí; hoy quedamos 8 hermanos de los 13 que éramos, pero cerramos una etapa, una parte de la historia de nuestras vidas, de búsqueda, esperanza e incertidumbre.
Ahora sabemos qué pasó, que no va a volver, dejamos de buscar, pero sabiendo que encontramos el lugar con su nombre, con sus restos, para dejarle una flor, para estar en paz y, sobre todo, aunque sea de esta manera, poder tenerlo cerca, en el cementerio local.
La búsqueda ha llegado a su fin. Los hermanos Ibarra estamos eternamente agradecidos”.
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Horacio descansa junto a sus padres
Posteriormente, una pequeña caravana de autos con los familiares y el Equipo Argentino Forense partió hacia el cementerio de Quequén y depositar bajo la lluvia los restos de Horacio en la misma sepultura en la que se encuentran los de sus padres y dos hermanos.
En la mañana de un martes de cielo plomizo y lluvias intermitentes, con una mezcla de dolor y alivio, se dio fin a una historia atravesada por la ausencia, la perseverancia y el amor familiar.
Fuente: Agencia DIB