La Legislatura bonaerense volvió a sesionar después de casi cuatro meses de parálisis, pero la noticia política no estuvo en los proyectos aprobados sino en la pelea interna que quedó expuesta dentro del propio oficialismo. El Senado provincial fue escenario de una disputa abierta entre sectores vinculados al kirchnerismo y al gobernador Axel Kicillof, con Sergio Berni como protagonista de una jornada cargada de tensión.
La escena tuvo todos los condimentos de una interna sin filtro: cuestionamientos públicos, cruces con la vicegobernadora Verónica Magario, cortes de micrófono y acusaciones dentro del mismo espacio político. Lo que durante meses se intentó administrar puertas adentro quedó exhibido en el recinto: el peronismo bonaerense atraviesa una discusión por el liderazgo y por el rumbo político que tomará hacia adelante.
La intervención de Berni
Uno de los principales protagonistas fue Berni, actual jefe del bloque oficialista en el Senado, quien aprovechó su intervención para reclamar una posición más dura respecto a Cristina Fernández de Kirchner y cuestionar indirectamente al gobernador Kicillof. “Le abrió las puertas”, dijo en referencia al respaldo que, según su visión, la expresidenta le dio al actual mandatario bonaerense durante su carrera política. Magario intentó encauzar el debate dentro del reglamento, pero el senador insistió hasta que la presidenta del cuerpo decidió cortarle el micrófono.
El episodio resulta llamativo
por el propio recorrido político de Berni. Durante su etapa como ministro de Seguridad de Kicillof, el dirigente construyó una identidad propia, muchas veces alejada de La Cámpora y del kirchnerismo más duro. En 2021 reconoció fuertes diferencias con Máximo Kirchner y negó una versión sobre una pelea física, aunque admitió que existían discusiones profundas. Poco después aseguró públicamente: “me fui del kirchnerismo”, al argumentar que había llegado el momento de “cortar el cordón umbilical” con el espacio que había integrado durante décadas.
Las contradicciones
También cuestionó entonces al kirchnerismo por haber perdido, según sus palabras, “la conducción” y haberse alejado de sus principios originales. Incluso criticó el rol de La Cámpora dentro de la estructura del peronismo y sostuvo que ese espacio ya no representaba completamente la identidad política con la que él había militado durante años.
Y más confuso aún fue que en abril de este año fue a los estudios de C5N y aseguró: “Lo votaría a Kicillof con los ojos cerrados”: Consideró que el gobernador “es el único candidato a presidente que está parado con una intención clara”. Además remarcó que el mandatario provincia “tiene una doctrina, una postura muy clara y una visión de futuro”.
Si bien reconoció que “tiene una formación de izquierda”, agregó que “él está dentro del Partido Justicialista, preside el partido provincial, el es Gobernador y es un gran candidato a presidente”.
Por eso, su intervención actual abre interrogantes dentro del oficialismo bonaerense. El mismo dirigente que en distintos momentos marcó distancia con Cristina Kirchner y con la conducción camporista aparece ahora como una de las voces que cuestiona a Kicillof por no defender con mayor énfasis a la expresidenta. La contradicción es parte de la discusión interna: Berni reclama lealtades políticas que en otros momentos él mismo puso en tensión.
El caso Leandro Santoro
Cabe destacar que cuando Leandro Santoro fue candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no sucedió lo mismo y no existió una campaña en su contra recordando sus ataques al gobierno de Néstor Kirchner.
El exdirigente radical había tenido durísimos mensajes en Twitter en contra de Cristina Fernández de Kirchner y del fallecido expresidente.
“Raúl esta en una bóveda en recoleta y Nestor en un MAUSOLEO en el sur. La diferencia entre querer ser presidente constitucional o faraón”, fue uno de los posteos.
“Los presidentes democráticos enfrentaron a la dictadura con distintos instrumentos. Raúl con los habeas corpus, Néstor y Cristina con la 1050”, había escritor el candidato a jefe de Gobierno del kirchnerismo quien no recibió cuestionamiento alguno como los que está recibiendo ahora Kicillof.
La pelea no quedó reducida a un cruce personal. Mario Ishii también apuntó contra la administración provincial al reclamar el tratamiento de proyectos vinculados a la emergencia alimentaria y sanitaria, y cuestionó la situación de los hospitales bonaerenses. Sus críticas sumaron presión sobre un gobierno que enfrenta un escenario económico complejo, con demandas crecientes de intendentes y municipios.
En paralelo, la disputa tiene una dimensión electoral. Detrás de los cruces legislativos aparece una pelea por el futuro del peronismo bonaerense: sectores identificados con el kirchnerismo buscan preservar influencia y marcar límites al liderazgo de Kicillof, mientras desde el entorno del gobernador sostienen que la Provincia necesita una conducción propia con proyección nacional.
La interna amenaza con convertirse en un problema adicional para la gestión provincial. En un distrito atravesado por dificultades económicas, reclamos sociales y la disputa permanente con el gobierno nacional, Kicillof enfrenta ahora un desafío dentro de su propia fuerza política: administrar una provincia compleja mientras una parte del peronismo discute si debe acompañarlo o construir una alternativa.
Fuente: Agencia DIB