La municipalidad de La Carolina, un pueblo de San Luis de menos de 400 habitantes, sorteará durante estas vacaciones de invierno una muestra de oro de 18 quilates entre los turistas que se acerquen a este antiguo centro minero situado a 80 kilómetros al norte de la ciudad de San Luis y que permanece como “detenido en el tiempo”.
La iniciativa se promociona en redes sociales como un premio que refleja “la historia, la identidad y el espíritu” del lugar, rodeado de minas de oro, poesía y paisajes únicos.
“Estas vacaciones de invierno en La Carolina, ¡vamos a regalar oro!”, se lee en el flyer promocional que la Municipalidad del lugar replicó a través de redes sociales. “Decidimos premiar a nuestros visitantes con un premio único", sigue el afiche que, junto al texto, evidencia una cajita roja y aterciopelada, característica típica de un producto de joyería.
Para participar, el único requisito es visitar el caserío y conservar el ticket del estacionamiento del Pueblo Peatonal. Ese comprobante es el que habilita a poder quedarse con el brillante premio. La modalidad de los sorteos es en vivo y en directo, desde las cinco de la tarde y en la oficina de Informes Turísticos.
Cómo es La Carolina
Recostado al pie del Cerro Tomolasta, La Carolina está bañada por el arroyo homónimo y el río Las Invernadas, que se unen formando el río Grande. Es un antiguo pueblo minero fundado por Sobremonte en 1792, y si bien por muchas décadas lo que brilló fue el oro, hoy su tesoro más deseado es la tranquilidad, el silencio y los paisajes maravillosos.
Entre calles de tierra y empedradas, sus alrededor de 400 vecinos son privilegiados por poder contemplar su colorido entorno a lo largo del año.
Si bien la historia cuenta que hacia 1785 Don Tomás Lucero encontró oro en aquel sitio perdido entre los cerros, fue a partir de su fundación cuando la fiebre dorada pasó a ser directamente una epidemia. Es por estos años cuando entra en escena el aventurero portugués Jerónimo, de quien la historia no se encargó de guardar el apellido, y que para muchos fue el primer afortunado en descubrir la fabulosa riqueza del cerro. Y su alegría contagió a cientos de curiosos que se instalaron en la zona en busca del oro. Pero no todo brilló aquí, ya que sin reglas unos se robaban a otros o sencillamente se mataban.
Allí fue cuando intervino la “corona española” y monopolizó el robo del producto que daba la mina. Desde 1789 y hasta 1810 el pueblo le proveía trabajo a alrededor de 3 mil mineros, y obtenía 10 mil kilogramos de oro de 18 quilates. El 70% de lo que se sacaba viajaba hacia el viejo continente. Y cuando llegó la Independencia, una empresa inglesa fue la que se hizo cargo de la mina, y el trabajo de los pirquineros viajaba a Londres. La mina en la actualidad ya no funciona, aunque no faltan quienes aún tamizan las aguas del río en busca de alguna pepita. Sí se puede visitar con guía: son unos 300 metros en las galerías que, bien equipados con botas y cascos, uno puede descubrir.
Y a tan solo dos cuadras del casco de La Carolina está el Museo de la Poesía, creado en honor al poeta, filósofo y maestro argentino Juan Crisóstomo Lafinur, nacido aquí. Más de 1.700 manuscritos y 900 obras poéticas se exhiben en esta singular biblioteca, y puede verse allí mismo la construcción original de la casa de esta leyenda puntana, tío bisabuelo de Jorge Luis Borges.
Fuente: Agencia DIB