viernes 24 de abril de 2026
24 de abril de 2026 - 12:59

Úbeda, del abismo al aplauso: el giro que cambió el ánimo en Boca

En apenas 44 días, Boca pasó del cuestionamiento feroz al entusiasmo renovado. El equipo de Claudio Úbeda encadenó 14 partidos sin derrotas.

¿Se puede pasar de los silbidos, el colapso emocional y la desesperanza al reconocimiento, el reverdecer de la felicidad y la ilusión? En Boca no existen términos medios, está claro. Solo bastaron 44 días para que el hincha cambiara su mirada sobre Claudio Úbeda. El técnico pasó del “andate”, manifestado por la platea tras el empate con Gimnasia de Mendoza en la Bombonera, a firmar una camiseta en pleno partido de Copa Libertadores. Y todo tiene que ver con los resultados, el único capital del fútbol.

Los proyectos, a fin de cuentas, chocan con la urgencia, la inmediatez de noventa minutos. Sobre todo, en clubes tan grandes. Y hace 14 partidos que Boca no pierde. Entonces, todo fluye. Y si acompaña el juego, como pasó este jueves en Florencio Varela, mejor. Por eso el técnico está en el mismo lugar que el año pasado, después de ganar su primer Superclásico.

La importancia del Superclásico

Como si se tratara de Marty McFly, popularizado por Michael Fox en Volver al Futuro, Úbeda parece haber viajado en el tiempo. No tuvo que irse muy lejos ni necesitó el famoso DeLorean del doctor Emmett Brown; le bastó con imponerse en el Monumental, muy a pesar de la polémica que generó la discutida jugada del final, que puso en tela de juicio la decisión del árbitro Darío Herrera y Héctor Paletta desde el VAR.

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La victoria, resonante y en un contexto clave, impulsó al entrenador que ya venía haciendo méritos con algunas decisiones importantes. Y todo pareció cambiar a partir de la inclusión del chico Tomás Aranda, un juvenil de 18 años que mostró todo su talento y se ganó la titularidad. El equipo sale de memoria y hasta logró una base tan firme que puede darse el lujo de tener dos equipos.

Manejo del plantel

Uno de los secretos del buen trabajo del 'Sifón', justamente, radica en el manejo del plantel a partir de la rotación. “Es imprescindible que las relaciones humanas en un grupo fluyan como lo están haciendo los chicos, así uno se enoje si entra otro, que entiendan que el que entra hace las cosas igual o mejor que el que sale”, dijo tras la goleada (4 a 0) en el Tito Tomaghello. “Es mejor hablar con franqueza y que siga la relación de esta manera, hay buenos líderes que ayudan que todo fluya con efectividad”, añadió.

Y se refirió, precisamente, a aquellos momentos en los que había dudas y broncas, especialmente contra su trabajo. “Hay que mantener la calma dentro de la responsabilidad de lograr una evolución y no quedarse en el momento en el que estábamos cuando no sacábamos resultados positivos. Así y todo, veíamos el esfuerzo del plantel, que los chicos tenían buen ida y vuelta con nosotros. Nos aferramos a estar juntos, al trabajo, puertas adentro. El Boca Predio es algo muy lindo porque fluye mucho la interrelación con todos los que estamos adentro y ayuda a que el día a día sea mejor”, enfatizó el técnico.

Los cambios de Úbeda

Ante Defensa y Justicia, Úbeda metió nueve cambios y podrían haber sido diez si no se hubiera lesionado Ander Herrera en el calentamiento precompetitivo. Del triunfo ante River, solo repitieron Leandro Brey -reemplazante de Agustín Marchesín, que fue operado de la rotura de ligamentos de la rodilla derecha- y Milton Delgado.

Eso sí, el equipo mejoró notablemente con el ingreso de Santiago Ascacíbar, en el inicio del segundo tiempo, y de Leandro Paredes, a los 17 de la etapa complementaria. Hay jugadores que son clave. Sobre todo, el capitán. Su gravitación en la formación xeneize resulta indispensable. A partir de su calidad, siendo el eje del engranaje, Boca tiene un juego sostenido y atildado en el mediocampo.

Gimenez

Hubo casi 20 toques para el gol de Adam Bareiro -otro que ingreso en el segundo tiempo, al igual que Miguel Merentiel- y es una señal de que el conjunto encontró un funcionamiento pulido. Es el mejor momento del ciclo de Juan Román Riquelme, justo cuando más necesita que el fútbol le responda con un título. A un año de las elecciones, el presidente sabe que tiene competencia.

Ya se lanzaron a la carrera por el sillón de Brandsen 805 los exdirigentes Jose Beraldi (empresa de camiones) y Horacio Paolini (grúas). Todavía no definió qué va a hacer Andrés Ibarra, quien perdió en las urnas contra el ex enganche, muy a pesar de que fue apoyado por Mauricio Macri, de exitosa gestión a fines de los noventa y principios del nuevo milenio.

Porque podrá ser campeón del básquet, como sucedió la semana pasada ante Flamengo en la Champions de América, o anunciar una reforma en la Bombonera, pero los hinchas evaluarán el trabajo de Riquelme por la prestación del equipo de fútbol. Hoy por hoy, uno de los dos mejores de la Argentina y como prueba basta la tabla de la Zona A, donde es puntero, y la Anual, donde se ubica con 27 puntos detrás de Independiente Rivadavia de Mendoza (30), la sensación del Torneo Apertura. La clasificación a los playoffs está garantizada.

Claro que lo que más obsesiona al hincha es la Libertadores, esa obsesión que persigue desde 2007, cuando Miguel Angel Russo comandó al equipo a la gloria con el mejor Riquelme que se recuerde en la cancha. Hay seis en sus vitrinas y falta la séptima, que tanto pide su gente. El plan para llegar a la final del 28 de noviembre en Montevideo arrancó muy bien: dos victorias, una ante Universidad Católica de Chile (2 a 1) y otra contra Barcelona de Guayaquil (3 a 0). Se viene Cruzeiro en Belo Horizonte, una remake de aquella histórica contienda que derivó en el primer trofeo continental azul y oro en 1977. También, una revancha más reciente, la eliminación de la Sudamericana 2024.

Fuente: Agencia DIB

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