sábado 28 de marzo de 2026
6 de marzo de 2026 - 11:32

Cuando el mundo tiembla, Argentina escucha el eco

Las guerras y tensiones globales rara vez quedan lejos de la Argentina. Aunque se desarrollen a miles de kilómetros, terminan impactando en precios, comercio exterior y clima económico. El conflicto entre Rusia y Ucrania fue un ejemplo claro.

En un país acostumbrado a mirarse a sí mismo, a sus crisis, a su inflación y a sus interminables debates domésticos, a veces olvidamos algo elemental: Argentina no vive sola en el planeta. Cada vez que el mundo entra en tensión, tarde o temprano ese temblor llega hasta acá. No siempre lo hace en forma de bombas o de ejércitos, pero sí en precios, en mercados, en incertidumbres y, sobre todo, en estados de ánimo.

Los conflictos internacionales suelen parecer lejanos. Estallan en mapas que vemos por televisión o en titulares que duran unos segundos en el teléfono. Sin embargo, en una economía abierta y frágil como la argentina, lo que ocurre a miles de kilómetros puede terminar impactando indirectamente.

La guerra Rusia-Ucrania, un ejemplo concreto

La historia reciente ofrece ejemplos muy concretos: La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada en 2022, produjo un fuerte sacudón en los precios internacionales de la energía y los alimentos. Para Argentina, ese conflicto tuvo un costo estimado de 4.940 millones de dólares en la balanza comercial. La principal razón fue el encarecimiento de la energía importada: el gas natural licuado subió 233%, el gas de Bolivia 114% y el gasoil 85%, lo que obligó al país a gastar 3.757 millones de dólares más en combustibles de lo previsto.

Al mismo tiempo, el conflicto también mostró el otro lado de la moneda: los precios de los granos subieron fuertemente: la soja aumentó 9,4%, el trigo 33,7% y el maíz 17,8%, lo que generó ingresos adicionales para el sector agroexportador.

Ese doble efecto con beneficio en algunos sectores y pérdida en otros, es una característica clásica de cómo los conflictos globales impactan en economías como la argentina.

Precios internacionales

Algo similar ocurrió con el comercio exterior. En 2022 las exportaciones agroindustriales crecieron impulsadas por los precios internacionales y aportaron miles de millones adicionales, pero al mismo tiempo el superávit comercial del país se redujo fuertemente, pasando de 14.751 millones de dólares en 2021 a 6.923 millones en 2022.

Es decir: aun cuando algunos sectores ganaron, la economía en su conjunto quedó más expuesta.

Y este no es un fenómeno nuevo. A lo largo de la historia, cada gran conflicto global modificó el lugar de Argentina en el mundo. Durante las guerras mundiales del siglo XX, el país se benefició como proveedor de alimentos para Europa. En otras épocas, las crisis internacionales redujeron el comercio global y golpearon directamente nuestras exportaciones.

El mundo funciona como una red donde todo está conectado. Cuando una guerra bloquea puertos en el Mar Negro, sube el precio del trigo en Chicago y ese movimiento termina repercutiendo en el precio del pan en Buenos Aires. Cuando la energía se encarece en Europa o Asia, Argentina también paga más por importar gas para pasar el invierno.

Pero el impacto no es solo material.

Vivimos en una época de incertidumbre global: tensiones geopolíticas, disputas comerciales entre potencias y conflictos regionales que reconfiguran el mapa del poder mundial. Incluso en países que están lejos del frente de batalla, se instala una sensación difusa de fragilidad.

La incertidumbre no es novedad

En Argentina, esa sensación encuentra un terreno particularmente sensible, porque acá la incertidumbre no es una novedad: forma parte de nuestra memoria económica.

Por eso, cada conflicto global vuelve a plantear la misma pregunta: ¿somos simplemente un país que recibe los impactos del mundo o podemos encontrar oportunidades en medio de esas transformaciones?

La respuesta no está escrita en ningún tratado internacional ni en ningún mercado de commodities. Está en algo más simple y más difícil al mismo tiempo: la capacidad de un país para construir estabilidad, previsibilidad y acuerdos duraderos.

En un mundo cada vez más inestable, las crisis globales ya no son episodios aislados sino parte del paisaje: las tensiones entre potencias, las guerras, las disputas por la energía, dibujan un escenario donde la incertidumbre parece haberse vuelto permanente y, en ese contexto, países como Argentina quedan en una posición delicada porque están demasiado integrados al mundo como para no sentir sus sacudidas, pero todavía demasiado frágiles como para amortiguarlas con facilidad.

¿Qué lugar le espera a un país que todavía discute como ordenar su propio presente?

Unos navegan la tormenta mientras otros apenas intentan mantenerse a flote.

Fuente: Agencia DIB

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