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19 de enero de 2026 - 16:16

La peor tragedia ferroviaria en Argentina: un choque de trenes dejó 236 muertos en 1970

El reciente choque de trenes en España trajo a la memoria la noche del 1° de febrero de 1970 cuando una formación que iba de Zárate a Buenos Aires se quedó parada y otra que venía de Tucumán por la misma vía la estrelló a toda velocidad.

El horror se había desatado por una serie de casualidades y descuidos. El tren 1016, “El Mixto”, había salido el 31 de enero de la ciudad de Tucumán con 260 pasajeros en ocho vagones. Además, llevaba dos más de transporte de autos. Toda esta formación, como sucede con este tipo de trenes, era tirada por dos locomotoras.

Al día siguiente se suponía que tenía que pasar por Zárate a las 18.28, veinte minutos antes de la partida del tren local, pero se había retrasado y llegó después.

Cuando “El Mixto” arribó a la estación Benavídez los maquinistas vieron la señal de vía libre (posición vertical) y le dieron plena potencia a las locomotoras. Asumieron que el tren local había sido desviado en una vía auxiliar en la estación General Pacheco. Pero la indicación de paso libre había sido colocada para el “Zarateño” y el personal de la estación, que estaba de mal ánimo porque esa tarde los habían asaltado, se distrajo y no modificó la señal.

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El lugar del accidente, en una infografía que entonces publicó Clarín.

Testimonios de la tragedia

Alfredo Amoroso, maquinista del tren que venía de Tucumán, contó más tarde al diario La Prensa: “Desde la estación Benavidez hasta el lugar del hecho habrán transcurrido dos minutos escasos, pues llevaba una velocidad cercana a los 105 kilómetros por hora. Al dejar atrás la curva existente en la zona, alcancé a divisar un tren que se me antojó, enseguida, corría por mi propia vía. Apliqué entonces los frenos unos 350 metros antes del choque, reduciendo de tal manera la velocidad a casi la mitad de la que venía. A pesar de ello el impacto fue terrible”.

Mientras que Vito Ceroli, que estaba a cargo de la formación 3832, relató: “Mi tren partió a las 19.48 de la estación Benavidez, es decir, de acuerdo al horario establecido. Demoramos 8 minutos y medio para llegar hasta el lugar donde después se produciría la horrenda tragedia, por haberse cortado la tracción de la máquina. Ante ese inconveniente detuve el convoy en forma suave. Tardamos tres minutos y medio en reparar el desperfecto. Al pretender reanudar la marcha sentí un impacto. En el primer momento presumí que se trataba de un fuerte tirón de la máquina reparada. Nunca pensé que habíamos sido embestidos por otro tren”.

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Las dos formaciones circulaban por la misma vía. El choque se produjo apenas comenzada la noche.

Una luz en la curva

Eran las 20.05. Algunos pasajeros del “Zarateño” habían visto asomar una luz a toda velocidad por la curva y empezaron a arrojarse a las vías en medio de gritos de espanto. Las dos locomotoras del tren de Tucumán se incrustaron en los últimos vagones del tren que se encontraba detenido y los despedazaron. El resto del tren local salió eyectado por el impacto, mientras que cuatro vagones del proveniente de Tucumán descarrilaron.

Cuando se produjo el impacto, pobladores de la zona escucharon una tremenda explosión y luego vieron una gran nube de polvo. Entre los testigos estaban unos jóvenes que jugaban al futbol en un campo cercano, y otro grupo de trabajadores de un frigorífico, quienes buscaron la forma de dar aviso o acercarse a ayudar. Algunos de los pasajeros de los trenes accidentados comenzaron a caminar por las vías con sentido a la estación de General Pacheco, hasta que encontraron una casa. Desde allí salieron hacia la comisaría a caballo para avisar a las autoridades.

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Noche de terror

El escenario era espantoso, lleno de cadáveres y heridos que pedían socorro. Al lugar acudieron bomberos, las fuerzas policiales de Tigre y San Martín, efectivos de Prefectura Naval Argentina y del Ejército.

Enseguida cayó la noche sobre el sitio del accidente y la oscuridad complicó aún más las tareas de rescate. La Policía tuvo que disponer varias usinas generadoras de electricidad para iluminar y tomar real dimensión de lo sucedido.

Frente a la desesperación de gente que intentaba colaborar de forma poco organizada y a veces incluso obstaculizaba las tareas de rescate, y mientras los inescrupulosos de siempre intentaban robar pertenencias de las víctimas, el Ejército tomó control de la zona y declaró la emergencia.

Al llegar la mañana empezó a llover y el lugar se volvió un pantano, lo que dificultaba las tareas. Pero la luz del día mostró la aterradora situación en toda su crudeza: fierros retorcidos, maderas quemadas, personas aún atrapadas y otras fallecidas. Con sopletes y herramientas se cortaban y separaban chapas y hierros que oprimían a los atrapados. En los alrededores se buscaban cuerpos que habían quedado diseminados.

Duelo nacional

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Además de los 236 muertos hubo casi 500 heridos.

Hacia el mediodía arribaron al lugar autoridades provinciales y nacionales encabezadas por el presidente de facto, el general Juan Carlos Onganía, quien les aseguró a los familiares de las víctimas que el Estado iba a indemnizarlos, lo que jamás sucedió.

Mientras tanto, el martes 3 de febrero se declaró duelo nacional por la tragedia.

Pasaron casi 55 años del hecho, pero los traumas de los sobrevivientes y de los vecinos son imborrables. Como cierre basta este testimonio, recogido por General Pacheco Web, de Roxana Rau, una mujer que en ese momento tenía 7 años: “Tras el estruendo vino la pesadilla, las sirenas de policías, ambulancias, los bomberos, la sirena del cuartel que no paraba de sonar. Hace muchos años que vivo en Bahía Blanca y jamás dejo de perder el sueño si escucho el ulular de una sirena… Esa noche trágica me marcó de por vida”.

Infografía: DIB

La tragedia en detalles. Infografía: DIB

Fuente: Agencia DIB

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