José C. Paz, un hombre de la generación del 80
Fue una de las personalidades más influyentes de la generación del 80. Periodista, político, diplomático y empresario, la vida de José C. Paz estuvo marcada por una enorme ambición de progreso y una visión fuertemente europeísta.
Nació en Buenos Aires el 20 de octubre de 1842 y falleció en Montecarlo (Mónaco) el 10 de marzo de 1912. En su juventud participó en las guerras civiles argentinas, incluso combatió en la Batalla de Pavón (1861) bajo las órdenes de Bartolomé Mitre. Hasta que el 18 de octubre de 1869 canalizó su pasión en el periodismo a través de La Prensa, uno de los diarios más importantes del mundo de habla hispana en el Siglo XIX, compitiendo palmo a palmo con La Nación, el diario de los Mitre.
Antes de la mudanza al edificio de Avenida de Mayo, La Prensa tiraba unos 18 mil ejemplares diarios; poco años después, con la nueva imprenta, pasó a 60 mil ejemplares por día, y 100 mil, en especiales. Hay que recordar que la ciudad de Buenos Aires tenía entonces una población de poco menos de 800 mil habitantes.
Paz no concebía el diario sólo como un negocio de noticias, sino como un servicio público. Por eso, el edificio de Avenida de Mayo (actual Casa de la Cultura) ofrecía servicios médicos, legales y educativos gratuitos.
Dos veces fue electo diputado nacional aunque su rol más importante fue como Ministro Plenipotenciario ante el gobierno de Francia entre 1885 y 1893; precisamente fue en París, donde se enamoró de la arquitectura y la cultura francesa.
Eso quedó reflejado en sus dos grandes propiedades, el edificio de La Prensa y el Palacio Paz, frente a la Plaza San Martín, en el barrio de Retiro. Esta última fue la mayor residencia privada construida en la ciudad de Buenos Aires; curiosa ironía del destino, Paz no llegó a habitarla porque murió en 1912, a los 69 años, antes de que culminara su construcción. Hoy allí funciona la sede del Círculo Militar.
La Prensa, pionero del habla hispana
Paz había fundado La Prensa -el diario más antiguo que aún se sigue publicando en la Argentina- en 1869; exactamente el primer ejemplar salió a la calle el lunes 18 de octubre.
La redacción funcionaba en la calle Moreno, entre Bolívar y Defensa. En realidad era una imprenta pequeña, donde el propio Paz vigilaba personalmente los textos y las galeras de plomo. A medida que el diario ganaba suscriptores y páginas, esa primera tipografía quedó chica y se trasladaron a un edificio un poco más amplio, a una cuadra, en Moreno y Perú.
El volumen de tirada del diario y los servicios que Paz soñaba brindar a la comunidad (la biblioteca, los consultorios médicos gratuitos) ya no cabían en las viejas casas coloniales de San Telmo y Montserrat.
Fue en 1894 cuando Paz compró estratégicamente los lotes linderos a la recién inaugurada Intendencia Municipal sobre la flamante Avenida de Mayo. Mientras se construía el gran palacio de estilo francés, la redacción siguió operando en los viejos talleres de la calle Moreno hasta que, a fines de 1898, se realizó la mudanza definitiva al edificio “inteligente” de Avenida de Mayo 575.
Un edificio de vanguardia para una ciudad pujante
José C. Paz compró los terrenos vecinos a la sede del Gobierno de la ciudad en 1894, el mismo año en que -el 9 de julio- se inauguró la avenida de Mayo, que nada tenía que envidiarle a los paseos de cualquier capital de Europa.
Cuatro años más tarde, el Palacio de La Prensa abría sus puertas. Fue diseñado por los arquitectos Carlos Agote y Alberto de Gainza, quienes se inspiraron en el estilo de la Escuela de Bellas Artes de París. El resultado fue un palacio de estilo ecléctico francés que, en su momento, fue considerado uno de los edificios más avanzados del mundo.
El Palacio de la Prensa, en detalle
El edificio no solo era bello, sino funcionalmente revolucionario para la época. Aunque el diseño estético de la fachada y los interiores fue delineado en Buenos Aires, toda la ingeniería estructural se delegó a París.
- Esqueleto de hierro: El edificio no se sostiene sobre muros de ladrillo tradicionales, sino sobre una inmensa estructura de columnas y vigas de hierro. Los planos de este esqueleto fueron enviados a Francia, donde la firma de ingenieros Moisant, Laurent, Savey & Cie fundió y templó cada pieza a la medida exacta.
- El ensamble: Las vigas numeradas llegaron en barco al puerto de Buenos Aires y se ensamblaron en el lugar. Este sistema estructural permitió crear plantas libres de muros gruesos, ideales para las enormes redacciones y los talleres de los subsuelos.
- Todo europeo: Prácticamente todos los materiales llegaron en barco desde Europa. Los mármoles de las escaleras se trajeron de Carrara (Italia). Los pisos de roble de Eslavonia que visten los salones principales llegaron listos para su colocación. Los majestuosos portones de la fachada de la Avenida de Mayo, los balcones y las barandas interiores fueron forjados artesanalmente en talleres parisinos.
- El Salón Dorado: Está el primer piso es una réplica de su homónimo en el Palacio de Versalles, con sus maderas talladas, tapices franceses y láminas de oro de 22 quilates. El ensamble requirió la llegada de artesanos y decoradores franceses especializados. Los frescos del techo, que muestran alegorías de la prensa y el progreso, fueron pintados en lienzos en París por los artistas Paul Grolleron y Marcel Jambon, y luego pegados meticulosamente en el cielorraso del salón.
- La Sirena: Se instaló en la parte superior y se escuchaba en toda la ciudad para notificar grandes acontecimientos, como el fin de las dos Guerras Mundiales o resultados de elecciones.
- Palas Atenea: El final de la obra trajo el desafío logístico más complejo, coronar la cúpula con la estatua de bronce de la diosa Palas Atenea (que representa la sabiduría y la verdad). La escultura de 5,5 metros de alto y 4.000 kilos de peso fue subida a la cima mediante un complejo sistema de poleas y aparejos de fuerza en una época donde no existían las grúas mecánicas modernas. Dentro de la propia estatua se diseñó la cañería que alimentaba de gas (y luego electricidad) a la antorcha para que funcionara como un faro nocturno en el cielo porteño.
El Palacio de La Prensa fue el primer edificio en Buenos Aires en contar con un sistema de correo neumático para enviar documentos entre pisos y que luego se extendió a otros edificios del casco céntrico.
Paz quería que el diario fuera también un Centro de Ayuda Social. Por eso, el edificio albergaba en pisos superiores -quinto y sexto- consultorios médicos y odontológicos gratuitos, una biblioteca con más de 80.000 volúmenes, una oficina de asesoramiento legal gratuito y una escuela de música.
Caída y resurrección
En 1951, mediante una ley del Congreso de la Nación, el gobierno de Juan Domingo Perón expropió el Palacio de la Prensa y se lo entregó a la Confederación General del Trabajo (CGT). Durante esos años, la fisonomía del edificio cambió por completo, convirtiéndose en el epicentro de la actividad sindical y en el lugar de trabajo de la propia Eva Perón, quien atendía allí a las delegaciones obreras.
En 1955, tras el golpe de la Revolución Libertadora, el edificio fue devuelto a la familia Gainza Paz, aunque el paso del tiempo y las crisis económicas hicieron difícil su mantenimiento.
Finalmente, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires adquirió el histórico Palacio en 1985, compra que se concretó bajo la intendencia de Julio César Saguier, durante la presidencia de Raúl Alfonsín.
El largo proceso de restauración
El edificio se encontraba muy deteriorado y en la década de 1990 comenzó un proceso de reacondicionamiento y restauración integral. Los trabajos concluyeron en 1998, año en el que se inauguró formalmente como la Casa de la Cultura. En esa etapa se restauraron sectores emblemáticos como el Salón Dorado, los detalles en maderas nobles y los históricos herrajes franceses.
De todos modos, el progresivo deterioro no se detuvo, principalmente en las zonas no visibles. El Gobierno de la Ciudad encaró un ambicioso plan de restauración y rescate que, liderado por el Ministerio de Cultura y expertos en arqueología urbana, abordó problemas críticos que ponían en riesgo el patrimonio:
- Humedad: Se realizó un trabajo masivo de ingeniería para impermeabilizar los dos subsuelos históricos, que sufrían filtraciones permanentes por las napas freáticas.
- El Lucernario: Se restauró por completo el monumental techo vidriado del patio central, reemplazando y/o reacondicionando 1.463 piezas de vidrio junto con su estructura metálica original.
- Paseo de los Carruajes: Se habilitó un pasaje interno de época que conecta directamente los ingresos de Avenida de Mayo y la calle Rivadavia.
- Libros y bar: restauró la biblioteca (bautizada “Tomás Eloy Martínez”) y se creó el café El Periódico, un bar temático que evoca la historia gráfica del edificio.
Biblioteca Tomás E Martínez rs
Culminados estos trabajos, en septiembre de 2025 se reinauguró la Casa de la Cultura. Para complementar el rescate de los interiores, se planificó una nueva obra enfocada en el exterior: la restauración conservativa de la fachada principal, sus mansardas, cúpulas y cornisas superiores.
Cómo conocer la Casa de la Cultura
Si bien en el edificio funciona el Ministerio de Cultura de la Ciudad, cuenta con espacios abiertos al público general. Actualmente se puede visitar el restaurado Paseo de los Carruajes (el pasaje interno que une Avenida de Mayo con Rivadavia), tomar algo en el bar temático El Periódico, conocer la renovada biblioteca Tomás Eloy Martínez, o simplemente sentarse a descansar o leer en el hermoso living con sillones de cuero negro de época.
Además a diario hay una amplísima gama de actividades culturales -conciertos de música clásica, tango o jazz; presentaciones de libros; exposiciones; charlas -como “Borges a la carta”, un recorrido por la obra del gran escritor, a 40 años de su muerte-.
De todos modos, la mejor forma de conocer el Palacio de La Prensa es con las visitas guiadas -aranceladas- que se realizan a diario en tres horarios. En ellas se recorre la historia, la arquitectura y el arte de un edificio que marcó tendencia en la región.
Entre los puntos más destacados de la visita está el Salón Dorado, El Gran Lucernario, el Patio Central, la Sirena de la Cúpula y el Faro de la Palas Atenea. (Más información: casadelaculturaba.org).
Las fachadas y la estructura del edificio de la Casa de la Cultura no solo siguen los cánones de la Escuela de Bellas Artes de París (Beaux-Arts), sino que son el máximo exponente en nuestro país del denominado Estilo Garnier, el arquitecto que diseñó la Ópera de París.
Por eso, pararse en la vereda de enfrente al 575 de la Avenida de Mayo es como viajar a los grandes bulevares parisinos del Segundo Imperio francés del siglo XIX, pero en pleno centro porteño.
Fuente: Agencia DIB