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15 de junio de 2026 - 12:08

"Comandante Gamondi": el DT de Olavarría que en su derrotero por África y Asia dirigió en Argelia

Miguel Ángel Gamondi, actual DT de la selección de Tanzania, lleva más de 25 años en el fútbol de África y Asia. Jugó en Ferro Carril Sud en Olavarría y después se formó como preparador físico.

“En Argelia me decían Comandante Gamondi”. Es que, argentino él, Miguel Ángel Gamondi llegó en 2010 a Argelia, donde Ernesto Che Guevara es símbolo de una hermandad revolucionaria que convirtió a ese país en el faro antiimperialista del Tercer Mundo durante los 60. Por allí anduvo el Che un par de veces entre los años 1963 y 1965, y aún hoy -en el país y en el continente- su figura tiene un fuerte peso histórico, político y simbólico.

Gamondi, olavarriense de 59 años, fue director técnico de dos equipos de fútbol en Argelia: CR Belouizdad y USM Alger. Actualmente dirige a la selección de Tanzania, pero inició su carrera como asistente y en esa función se desempeñó en Libia, Burkina Faso, Costa de Marfil y Túnez. Y ya como DT, trabajó en Sudáfrica, Marruecos, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

Quería ser jugador de fútbol. Y de hecho lo fue en Ferro Carril Sud de Olavarría, el club donde vivió -literalmente- los primeros años de su vida. “Nací ahí”, le cuenta Gamondi a la Agencia DIB, y explica: “Mi padre era dirigente y entrenador, de esos de antes. Y vivía en la cancha de Ferro: detrás de la tribuna estaban la cantina y la casa del canchero. Y yo nací ahí, en una cancha. Mi padre contaba que aprendí a caminar entre los que iban a tomar el Gancia o a jugar al mus”.

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“Defensor central, con poca técnica”, Gamondi jugó en Ferro hasta los 23, 24 años. “Mi ambición, mi sueño, era ir a jugar a un equipo de Buenos Aires, o a un equipo más grande. Pero no me daba y creo que la mejor decisión que pude haber tomado fue decir: ‘Hasta acá llegué, seguí jugando vos’”. Así dejó. En cambio, su compañero de colegio y también defensor central Lizardo de la Vega (sí, el padre de Pedro de la Vega, el ex Lanús y actualmente en la Major League Soccer) siguió un tiempo más.

Para entonces, Gamondi había estudiado Educación Física. Terminado el secundario, hizo el servicio militar y jugó un par de años más mientras cursaba en el Instituto de Educación Física de Olavarría. “Estudié Educación Física porque económicamente no me daba para ir a otro lado. Me gustaba Medicina, me gustaban otras cosas, pero en aquella época en Olavarría no había mucho para elegir”. Y grafica con una anécdota: “Mis padres estaban pasando una situación difícil y para entrar en el Instituto nos hacían comprar un buzo azul determinado y zapatillas negras. Y recuerdo que para comprármelo mi madre vendió una pulsera de oro. Eso me marcó para toda la vida, se los digo siempre a mis hijos, era un compromiso que tenía: ‘No puedo fallarles a mis viejos’”.

De vuelta al fútbol, y a Ferro, “en esa época los equipos fuertes eran Estudiantes y Loma Negra, así que a los regionales no entrábamos, creo que no jugué ninguno”. E insiste: “Lo mejor que pude haber hecho fue dejar de jugar”. Aunque siguió ligado al club como preparador físico.

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Ya colgados los botines, viajaba a Buenos Aires un par de veces a la semana para estudiar preparación física en Vélez Sarsfield con Julio Santella, su “mentor” como PF. Hasta que de la mano de Francisco Fatiga Russo, campeón con el Huracán de César Luis Menotti en 1973, ayudante de Ángel Cappa en Racing, y con quien había trabajado en Olavarría, llegó al club de Avellaneda en 1998.

Por eso, una vez más, está seguro de que el retiro temprano le abrió puertas. “Gané mucha experiencia. Si hubiera jugado hasta los 30, 30 y pico, no hubiera hecho tantos cursos, no hubiera tenido esa experiencia. Así a los 30 y pico me llegó esa posibilidad de trabajar en el alto nivel”.

De repente, África

Preparador físico en la Tercera de Racing, Gamondi había comenzado también el curso de director técnico en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). “Dejé de jugar porque veía mis limitaciones, pero el fútbol siempre me apasionó y quería ser entrenador”, explica.

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Cumplido el ciclo de Cappa en la Academia, siguió trabajando con Juan Carlos Chango Cárdenas, Humberto Bocha Maschio y Gustavo Costas. Y en 2000 se fue a San Martín de Tucumán junto a Fernando Teté Quiroz, quien iniciaba su carrera como DT. Fue una experiencia de unos pocos meses.

Y surgió la posibilidad de ir a trabajar a África, como ayudante de campo. “No tenía trabajo, ni había nada en vista. Estaba viviendo en Buenos Aires e iba a tener que volverme a Olavarría a trabajar de profesor de Educación Física, o a intentar entrenar allá”.

Allí intervinieron Jorge Cyterszpiler, el representante de los primeros pasos de Diego Armando Maradona en el fútbol profesional, y el exfutbolista olavarriense Sergio Madrini, un agente de jugadores que trabajaba con Cyterszpiler. La propuesta, ser asistente de Oscar Fulloné en Marruecos o Libia. “Ahora hablás de Marruecos y sabés todo: entrás, googleás y listo. Pero en esa época recién empezábamos con los e-mails, en los locutorios o en los cibercafés. Marruecos: palmeras, camellos, desierto… No te imaginabas otra cosa”. Sin embargo, fue Libia el destino, “trabajé con el hijo de Gaddafi, Saadi Gadafi”, le cuenta Gamondi a DIB.

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Con Fulloné, surgido en Estudiantes de La Plata y que ya tenía experiencia en África, Gamondi llegó al Al-Ahly Sporting Club de Libia. Luego el derrotero siguió por Marruecos, Túnez y en la selección de Burkina Faso. Hasta que en 2005 volvió a cruzarse en el camino Ángel Cappa. Fulloné, que admiraba a Cappa, asumió como una suerte de director deportivo del Mamelodi Sundowns Football Club de Sudáfrica y convocó como DT al exasistente de Menotti. Con Gamondi como número 2, no obstante, Cappa estuvo unos pocos meses en el cargo.

El presidente y dueño del club era Patrice Motsepe, el actual presidente de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), quien le pidió a Gamondi que se quede al frente del equipo un par de partidos. “Millonario, dueño de minas de oro, quería contratar a Marcelo Bielsa. Me decía: ‘Traeme a Bielsa’, y yo no tenía ninguna relación, no tenía llegada”.

Sin Bielsa, Gamondi dirigió esos dos partidos que le pidió Motsepe. Lo hizo junto a un exjugador sudafricano, una estrella del club. “Ganamos muy bien y me dejó seis meses más. Y ganamos la liga. O sea: mi primera experiencia como entrenador principal fue ganar la liga. Ahí empezó mi carrera, mi idea era terminar siendo entrenador y lo logré. Estaba esperando esa oportunidad, quería que viniera. Y vino así, de un día al otro, era tomarla o dejar pasar”.

Ya como entrenador, dirigió después el Hassania Agadir de Marruecos y volvió a Sudáfrica, al Platinum Stars Football Club.

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"Aya Gamondi"

En 2010, Gamondi tuvo su primera experiencia en Argelia. “Es un país con el que tengo muy buenos recuerdos, soy muy respetado en el ambiente de fútbol”. Llegó para dirigir al Chabab Belouizdad, al que volvería en 2013. Y en 2012 estuvo unos meses en el USM Alger.

“Los mejores recuerdos los tengo en Chabab Belouizdad, el CRB”. Y cuenta de aquel país: “En lo futbolístico, Argelia tiene muchas similitudes con Argentina, en lo que hace a pasión, la locura de los hinchas”. Gamondi vuelve a nombrar al Che Guevara, presente siempre en la relación Argelia-Argentina. “Tienen mucho aprecio por el fútbol argentino, más que en cualquier otro país. He trabajado en Marruecos, en Túnez, en Argelia o en Libia, y de todos esos países los que están más apegados a nuestra cultura del fútbol son los argelinos. Así que supongo que estarán muy contentos de jugar contra Argentina, siempre están obnubilados de ver en la televisión a nuestras hinchadas”.

Esa argentinidad argelina pasa por “la presión que meten durante todo el partido”. “Tienen esa parte no buena nuestra: perdés un partido y tenés que estar un par de horas para salir de la cancha. Es un país futbolero y es impresionante la cantidad de prensa que hay. Pero creo que la pasión es lo mejor que tienen, y lo más parecido a nosotros”.

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Así como no fue buena la experiencia con el USM Alger, en el Chabab Belouizdad “soy un ídolo, porque el equipo ha jugado al fútbol como casi nunca lo había hecho”. Y cuenta como anécdota: “La hinchada hasta me hizo una canción, ‘Aya Gamondi’, con algunas frases en español y referencias a Argentina”. Y aclara que en Marruecos y Tanzania también le dedicaron canciones de cancha.

De Argelia, primer rival de la selección argentina en la Copa del Mundo 2026, “son jugadores físicamente muy duros, temperamentales y buenos técnicamente. Cuando juegan en África tienen mucha presión de su gente, como pasa con Argentina, siempre son candidatos; Egipto, Marruecos, Argelia, Senegal, Camerún o Nigeria, son los cinco o seis mejores equipos. Ahora, cuando van al Mundial, ese mote de favorito no lo tienen, y para mí va a ser un punto a favor para ellos: en una Copa de África tienen mucho que perder, en un Mundial no, tienen mucho que ganar. Ya pasar de ronda va a ser una gran cosa”.

Por otro lado, explica Gamondi, “hay bastantes jugadores jóvenes formados en Europa. El problema de los jugadores argelinos es su personalidad, son un tanto egoístas, nadie quiere jugar de suplente, son complicados para entrenar. Creo que ser entrenador en Argelia son como tres o cuatro años de otro país, te demanda gestionar muchas cosas. Quizá vaya cambiando en la medida de que hay muchos más jugadores que se forman en Europa, que vienen con otra mentalidad”.

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A propósito, desarrolla Gamondi, “los equipos africanos se están poniendo cada vez más fuertes. Son los hijos de una generación que emigró hace 20, 30 años. Están educados, criados, nacidos allá la gran mayoría, y entonces tienen una mayor calidad profesional. Tienen los genes de cada país de África y a eso les suman la educación, la cultura, todo lo de Europa, y además también juegan en grandes equipos”.

Sin ensayar un pronóstico para el encuentro que marcará el debut en esta Copa del Mundo 2026, Argelia “es un buen equipo. En la Copa de África perdieron en cuartos de final con Nigeria, pero es un equipo difícil y acá también va a estar la motivación de jugar contra Argentina”.

Taifa Stars

Después de dirigir en Argelia, Gamondi trabajó con equipos de Emiratos Árabes Unidos y Marruecos, hasta que a mediados de 2023 llegó al Young Africans de Tanzania. Estuvo un tiempo allí, luego tuvo un paso por el fútbol de Libia, y el año pasado volvió a Tanzania, al Singida Black Stars, club del que actualmente es secretario técnico porque, a finales del año pasado, se hizo cargo de la selección nacional, los Taifa Stars.

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“En Tanzania dirigí uno de los equipos más grandes (Young Africans) y me fue muy bien. Y el año pasado, el primer ministro Mwigulu Nchemba, que es el principal inversor del Singida, me convenció para que vuelva al país a dirigir a su club, y al poco tiempo me dieron la selección, porque allá la selección se maneja mucho a nivel del gobierno, es una decisión más del gobierno que de la federación”, explica Gamondi, que llegó al seleccionado a nada de la Copa Africana de Naciones.

¿Qué objetivos se traza un DT de la selección de Tanzania? “Tanzania no ganó nunca un partido en la Copa de África; jugó solamente tres ediciones. Así que el objetivo es ganar un partido”, pone en contexto de cara a la Copa del año que viene, que se jugará justamente en Tanzania, Kenia y Uganda. “El año pasado logramos clasificar a octavos de final, histórico, impensado. Jugamos contra Túnez, Nigeria y Marruecos, que normalmente tenías que perder 3 o 4 a 0, y no. Empatamos con Túnez, con Nigeria perdimos ahí, 2-1 muy cerrado, y con Marruecos, 1-0, muy polémico. Eso creó mucha expectativa, mucha ilusión. El jugador de Tanzania tiene mucho potencial, pero le falta el trabajo de inferiores, le faltan buenos entrenadores. El objetivo sería hacer una muy buena Copa de África, ganar un par de partidos, y más a largo plazo, por qué no, soy un soñador, pensar en la participación en un Mundial”.

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La Copa del Mundo de 2030 se jugará en España, Portugal y Marruecos, pero contará con partidos en Argentina, Paraguay y Uruguay. O sea, quién dice, si se alinean los planetas, Tanzania podría jugar en Argentina. “Eso ya sería…”, sonríe Gamondi ante el hipotético escenario. “Ahí sí que me retiro del fútbol completamente, sería lo máximo”.

Pero sin volar tanto, “jugar por lo menos un día en Argentina sería un sueño”, admite. Y cuenta que pudo haberse dado: cuando la selección de Lionel Scaloni buscaba rivales para los amistosos de marzo, hubo contactos, pero Tanzania ya tenía partidos comprometidos. Así, finalmente, La Scaloneta se despidió ante Mauritania y Zambia.

Inglés, francés, árabe, suajili...

Con recorrido por África y Asia, y ahora también como DT de selección, tal vez en la carrera de Gamondi haya algún otro desafío o destino deseado. “No, no tengo nada. Lo que viene”, le dice a DIB. “En un momento quería ir para el lado de Indonesia o Malasia. Me hubiera interesado, pero no para dirigir, me encanta culturalmente. Soy una persona culturalmente muy rica, he vivido en diez, once países, y con el fútbol hemos viajado por todos lados. Le tengo que hacer un monumento a la pelota”.

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Pero toma la pregunta y ensaya una respuesta. “Me hubiese gustado dirigir, no sé si en Argentina, pero aunque sea en Sudamérica. Trabajar hablando en español, porque 25 años trabajando en otra lengua no es fácil, para nada”. Y se explaya: “Especialmente, a mí me gusta mucho la motivación, lo emocional, lo psicológico, y hay veces que no tenés las palabras justas, y tampoco hay traducción exacta para lo que querés decir”.

Así y todo, Gamondi lleva más de veinte años como entrenador principal en el fútbol de África y Asia, y el idioma no ha sido un obstáculo. Ni siquiera en sus comienzos. “Estudié en el Colegio Nacional de Olavarría y había tenido tres años de inglés y dos de francés. Y después con el inglés fui un poco autodidacta. Incluso en mi último año en Olavarría fui preparador físico Estudiantes, el primer año de Estudiantes en la Liga Nacional de Básquet, y como había jugadores americanos, seguí estudiando inglés por mi cuenta”.

Obviamente, hay anécdotas. Y vuelve Ángel Cappa y aquella experiencia compartida en Sudáfrica. “Yo tenía un vocabulario bastante rico, pero me faltaba práctica. Y Cappa se defendía bastante bien, pero a veces le faltaba alguna palabra y me consultaba a mí: yo le decía la palabra, y cuando no la sabía le decía todo con ‘nation’. O por ahí yo le preguntaba a él: ‘Ángel, ¿entendió lo que le preguntaron’, y él se reía: ‘No entendía nada, respondo lo que quiero’; nos divertíamos mucho”.

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En Marruecos, aprendió francés: “Compraba los diarios, leía y los traducía con los libritos traductores”. Y ahora, dice, “no hablo como un académico, pero me defiendo con el inglés y con el francés”.

En Tanzani se maneja con el inglés, que es el segundo idioma detrás del suajili, la lengua oficial, la hablada por los jugadores, con mucha influencia árabe. “Tengo nociones del árabe, y ahora del suajili, pero solo nociones, más o menos sé de qué están hablando o una cosa así”. Aunque el fútbol, destaca Gamondi, tiene un lenguaje universal, “el lenguaje corporal”. Además, apela a las imágenes: “Por ejemplo, antes de los entrenamiento hago un PowerPoint y explico el entrenamiento con animaciones, con videos. ‘Una imagen vale más que mil palabras’, y eso ayuda mucho”. Y también es clave la figura del traductor, “no cualquiera, tiene que ser gente que conozcan tus emociones y las palabras”.

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Lo único, el fútbol

Gamondi lleva más de 25 años radicado en el exterior, desde hace un tiempo con base en España. En 2019, con pocos días de diferencia, fallecieron sus padres, en Olavarría. “Eran grandes pero te queda ese dolor de no haber estado al lado de ellos tanto tiempo. Estaban muy orgullosos, felices por la carrera que hice, pero queda adentro eso que todavía no tengo asumido, ni creo que logre asumir”. Además, durante la pandemia también falleció su único hermano.

“Digo siempre, es el precio que uno paga cuando hace este destierro. Hay veces que te agarran esos momentos y me he preguntado: ‘¿Valió la pena?’. Todo el mundo te dice; ‘Tenés que estar orgulloso’. Sí, pero no saben el dolor que tengo de lo que perdí, esa es la controversia que uno tiene adentro. Estoy seguro de que mis padres estuvieron muy felices y lo estarán; no sé si hay otra dimensión o algo. Y uno siempre trata de honrar eso: mi padre fue un ejemplo de honestidad, de trabajo, de pasión por el fútbol. Y en los partidos, me es inevitable, miro al cielo y agradezco todo eso”.

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A futuro, “me gusta seguir entrenando, estar en la cancha, soy feliz. Y lo que más felicidad me da a través del fútbol es darle felicidad a la gente. Porque para mí el fútbol es un espectáculo, es como ir al teatro, o incluso más. El fútbol generalmente es para los estratos sociales más bajos, y en el África aún más. Por ejemplo en Tanzania, son más de 60 millones de personas y la gran mayoría vive con muy pocos recursos. Y el fútbol es lo único que te hace sentir orgulloso. Hay mucha gente que por ahí casi que no puede llevar comida a su casa, o darles educación a sus hijos, y lo único que los pone orgullosos es decir: ‘Hoy ganamos el clásico, ganó mi equipo, yo soy hincha de…’”.

Así como el negocio va transformando permanentemente al deporte, no obstante, en África todavía queda algo de aquel fútbol que, recuerda Gamondi, había en Olavarría: “Todavía hay lugares donde se juega como jugábamos nosotros en Olavarría, en la calle, todo el día, y sigue siendo un fenómeno social incomparable. Y el mensaje que trato de transmitirles a los jóvenes, a las personas que trabajan conmigo, es de que es muy lindo el fútbol, se gana dinero, sí, pero el fútbol para mí es para la gente, es darle alegría a la gente”.

Fuente: por Gastón M. Luppi, de Agencia DIB

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