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5 de marzo de 2024 - 09:56

Los disparos a la custodia del juez y la pregunta sin respuesta sobre si fue un mensaje mafioso

María Eugenia Alzogaray custodiaba al camarista Federico Domínguez. En marzo de 1999 la mataron. La pena fue por “homicidio calificado”. Pero siempre rondaron dudas sobre si el hecho fue un mensaje para el presidente del Tribunal de Casación Penal bonaerense.

 ¿Por qué mataron María Eugenia Alzogaray, la mujer policía que cuidaba la casa del presidente del Tribunal de Casación Penal bonaerense? ¿Fue un crimen por encargo? ¿Hubo un instigador, o más de uno? ¿Existió un plan para dejar sola a la víctima en el momento preciso? O, ¿fue un simple hecho de inseguridad?

Alzogaray tenía 23 años cuando cumplía funciones en la Dirección Custodias de la Policía Bonaerense. Era oficial subinspectora y desarrollaba su labor en la casa de la localidad de Lomas de Zamora de Federico Domínguez, un importante camarista en la estructura judicial de la provincia de Buenos Aires. Un barrio vigilado, elegante y de calles empedradas.

El 17 de marzo de 1999 la mujer conversaba con el hijo del juez en el interior de una camioneta estacionada en la puerta de la vivienda. Estaba vestida con jean, sin chaleco antibalas y zapatillas, y además sin identificación de policía. A la escena se sumó que un patrullero que hacía custodia en la esquina se había ido, mientras que otro oficial, que solía acompañar a Alzogaray, tampoco estaba porque había partido hacia Villa Fiorito, a comprar comida.

Minutos después del mediodía, un hombre armado se arrimó a la ventanilla de la Volkswagen Saveiro gris y gritó: “Dame todo, dame todo”. La joven atinó a agarrar su arma reglamentaria, apoyada sobre el tablero y abrir la puerta de la camioneta, pero el delincuente disparó dos veces. Tras abalanzarse sobre el malviviente, se escucharon cuatro tiros que vaciaron el tambor del revólver calibre 32.

Sin llevarse nada del supuesto robo, el hombre escapó corriendo. En el camino le apuntó a un jardinero de la casa vecina que vio lo sucedido desde unos metros. “Para vos también hay”, le dijo. Pero no tenías balas para descargarle.

A María Eugenia la trasladaron al Hospital Gandulfo, aunque los médicos no pudieron salvarle la vida.

Cambio de hipótesis

Un llamado anónimo a la Policía de Investigaciones de Quilmes puso en la escena del crimen a Alberto Morales Avalos, por entonces de 33 años. Sin embargo, ni el hijo del juez, de 15 años, ni el jardinero lo reconocieron en un primer momento. Por eso el único sospechoso quedó libre.

Fueron meses de incertidumbre, muchas preguntas y pocas respuestas. Domínguez primero pensó en un intento de robo, pero después empezó a atar cabos y no descartaba que todo tuviera una raíz con su pasado. Y sobre todo luego que desaparecieran pruebas de la investigación o no se hayan hecho los peritajes adecuados sobre huellas dactilares.

Es quien en ese momento era el presidente de Casación, había pasado meses antes por la Secretaría de Seguridad de la mano de León Arslanián y, desde allí, había cumplido un papel importante en la purga de la Policía tras el crimen del fotógrafo José Luis Cabezas en enero de 1997. La reforma dejó fuera de la fuerza a más de 300 jefes policiales. Y a Domínguez, que fue intimidado en tres oportunidades más tras el crimen de Alzogaray, no le faltaban enemigos. “Te matamos a un vigilante, ahora te vamos a matar a otro”, le escribieron en una nota que llegó a su casa.

Pero para la Justicia, Morales Avalos seguía en la mira. El 31 de diciembre de 1999 fue detenido otra vez. Y su caso fue elevado a juicio, pese a las dudas y las irregularidades.

Juicio y castigo

A mediados de 2001 y durante nueve días, un tribunal de Lomas de Zamora escuchó las declaraciones de casi cien testigos, entre los que figuró el juez Domínguez. También estuvo el jardinero, que esta vez, ante los magistrados, sí reconoció a Morales Avalos como el criminal de aquella tarde en la que el verano empezaba a despedirse.

El tribunal lo condenó a prisión perpetua por homicidio calificado. Para los camaristas Guillermo Roberts, Marcos Martínez y Eduardo Banchieri, el hombre decidió matar a la chica “para garantizarse la impunidad”. Es decir, para escapar tras el supuesto y fallido intento de robo.

Al momento del fallo, Morales Avalos tenía una condena a 17 años por el crimen de un ex policía federal que trabajaba como remisero en 1996, y una más por un hurto. En el fallo, el tribunal lomense destacó su “recaída en la actividad delictiva” y “su desprecio por la vida humana”. Sin embargo, recibió prisión perpetua, una pena menor a la reclusión perpetua que había solicitado el fiscal.

En 2013, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó firme la pena a prisión perpetua para el asesino de María Eugenia. No obstante, las dudas de Domínguez y de la familia de la policía siguieron por siempre. Aunque se fueron esfumando en el eterno silencio de Morales Avalos, que siempre eligió no hablar. (DIB) FD

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