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9 de agosto de 2023 - 13:57

Las aventuras de Tibor Gordon, el gigante que frenaba aviones y que llegó a ser un “santón criollo”

Había nacido en Praga. Llegó a Argentina en 1944 y asombró a la gente con espectáculos donde mostraba su fuerza. Pero después fundó una sociedad desde donde ayudó a los más necesitados, tanto del bolsillo como del espíritu.

Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB

En plena Edad de Oro de las historietas, cuando Batman, Superman, la Mujer Maravilla y el Capitán América dominaban el mundo desde los cuadritos, Argentina tuvo su propio superhéroe. Pero no estaba dibujado, sino que era de carne y hueso. Y si bien primero realizó hazañas increíbles, después terminó ascendiendo a un panteón popular que lo canonizó como a un “santón criollo”, aunque este verdadero titán ni siquiera era oriundo de estas tierras. Se llamaba Tibor Gordon, había nacido en la pintoresca ciudad de Praga, y se convirtió en el defensor de los más humildes desde su Sociedad Arco Iris, en Pilar, donde predicaba las virtudes de “la fe, la esperanzan y la constancia”. Hoy su sepultura es la más visitada del cementerio de esa ciudad bonaerense y muchos lo siguen recordando con afecto, pese a que debió afrontar varios procesos por presunto ejercicio ilegal de la medicina.  

Gordon vino al mundo en 1918 en Eslovaquia, al final de la Gran Guerra, pocos meses antes de la caída del Imperio Austrohúngaro. En su juventud, ya enorme e intrépido, destacó en muchos deportes, como natación, water polo, lanzamiento de bala, jiu jitsu, gimnasia sueca. Con pocos años y mucho entusiasmo anduvo por África, parte de Europa, América. En el medio conoció al amor de su vida, Eva, y tuvo a su primer hijo. Comenzó su carrera de showman, ofreciendo demostraciones de fuerza, y viajó por Sudamérica -en Bolivia nació su segundo hijo- hasta que llegó a Buenos Aires, donde echó raíces. Corría 1944.

Durante los diez años que siguieron, Tibor asombró a los argentinos con hazañas físicas inverosímiles realizadas ante mucha gente en Luna Park o en el estadio de San Lorenzo de Almagro. Una vez hizo que un camión le pasara por encima sin sufrir un rasguño, rompía guías telefónicas o doblaba barras de hierro de dos pulgadas. Volteó un toro por los cuernos y le partieron a martillazos adoquines de 150 kilos en la cabeza. La más famosa de sus proezas aconteció cuando se ató a dos aviones con cadenas y, tirando de ellas, les impidió despegar. Creer o reventar. 

Mientras tanto, tuvo su propia marca de ropa y su revista de historietas, “Aventuras de Tibor Gordon”, en la que aparecieron artistas de gran fama como el dibujante José Luis Salinas o Héctor Torino, creador de Don Nicola.

Arco Iris SRL

Allá por 1954, Gordon decidió darle un cambio de timón a su vida y se instaló en Pilar. Primero puso un tambo, que le dio muy buenos dividendos, y después creó una sociedad singular, llamada Arco Iris SRL, en la localidad de Manzanares. Allí aprovechó el poder de sugestión de su voz -ese “fluido magnético” tan querido por los hipnotistas- para conducir como el “Hermano Mayor” un “poderoso movimiento espiritual basado en la fe, la esperanza y la constancia”, según cuenta Félix Coluccio en “Las devociones populares argentinas”. El escritor agrega que la presencia de Gordon congregaba “a millares de personas que semanalmente -de viernes a domingo- acuden hasta el complejo de la institución, en el que hay lugares de espera, de descanso, de consulta, de recibo, de atención para los más diversos problemas materiales como ser los referentes a la salud, adquisición de medicamentos, trámites jubilatorios, obtención de trabajo, etcétera”.

La Sociedad Arco Iris, por lo tanto, funcionaba como un verdadero Ministerio de Desarrollo Social paralelo en los años después de la caída de Juan Domingo Perón, y brindaba toda clase de ayuda a los más necesitados. Pero para éstos, Gordon era mucho más que el presidente de una organización no gubernamental: era un verdadero sanador, un “santón criollo” a lo Pancho Sierra, y de hecho el eslovaco se vestía de gaucho, con poncho, bombachas, botas y sombrero, llegaba montado a caballo, se apeaba y caminaba dando consuelo a las multitudes. Además oficiaba una especie de ceremonia de Pascua laica, donde repartía pan y sal entre los asistentes. 

Mucha gente iba en busca de un medio de curar sus males físicos y salían curados. Gordon pasó por siete procesos por presunto ejercicio ilegal de la medicina, pero de todos salió ileso, ya que él aseguraba que los que sanaban eran los médicos que trabajaban en su sociedad.

Agricultura, Ganadería, Industria

Cuando Tibor se dirigía a las multitudes, todos se exaltaban ante sus palabras, y lo saludaban con un gesto particular: el pulgar y el meñique juntos y los tres dedos centrales extendidos, que simbolizaban la Agricultura, la Ganadería y la Industria. 

La Sociedad Arco Iris llegó a tener más de 650.000 afiliados, que pagaban una cuota mínima y recibían beneficios de toda clase, como ayuda legal, económica, de salud y espiritual. En una revista “Así” contemporánea a los años más prolíficos de Arco Iris se decía que “todos los fines de semana Gordon atiende a numerosos afiliados que llegan desde todas las provincias, el Gran Buenos Aires y Capital Federal, habla con cada uno de ellos infundiéndoles fe, esperanza y seguridad en la solución de cada drama soportado estoicamente por quienes tienen problemas de salud, carecen de trabajo o están luchando con la injusticia”. El consejo primordial del “Hermano Mayor” era “adorar a Dios con todas las fuerzas del corazón”, para que “desaparezcan las tinieblas, el desconcierto, la zozobra y los dolores”.

“Estoy dispuesto”

La obra en vida de Tibor Gordon en Pilar duró muchos años y de hecho falleció de un ataque de hipertensión el 6 de julio de 1985 mientras atendía a sus seguidores. Ese día, como se suele decir, murió el Gordon terrenal y nació el mito. Mucha gente acude cada año al Cementerio Municipal de Pilar para rendirle homenaje en su mausoleo y dejarle placas en agradecimiento por “favores concedidos”, y una banda de rock “punk peronista” de la localidad lleva su nombre. 

El mausoleo donde descansa Tibor Gordon.

Tibor Gordon dejó en su autobiografía una serie de reflexiones diarias. Allí se lee: “Recorrí mucho camino sin que el camino me cansase; estoy dispuesto”. Parece un perfecto resumen de la vida de un extraordinario personaje que vivió, alucinado, varias vidas en una. (DIB) MM

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