La Plata, ago 3 (Por Andrés Lavaselli, de DIB).- A siete
días de las cruciales elecciones primarias bonaerenses, la intensa campaña que
llega a su fin deja apenas una certeza: la de la híper polarización como un
objetivo compartido, y alcanzado, por Juntos por el Cambio y el Frente de
Todos. En contraste, en ambos campamentos creen que la pelea se resolverá a partir de una serie de “detalles” que aún
tienen forma de incógnita, referidos a cuestiones tales como el corte de
boletas o el nivel de participación tanto como a la perfomance de algunos
candidato.
Panorama – Un puñado de interrogantes podrían ser las claves del resultado en PBA
Aunque la figura es remanida, esta vez es la provincia sí será
la madre de todas las batallas. Primero, porque su peso demográfico puede ser
aún más determinante que de costumbre en un escenario federal más ajustado para
JpC en distritos como Córdoba o Santa Fe. Segundo, porque el resultado
bonaerense de agosto puede condicionar el de octubre si se resuelve por una
distancia percibida como irremontable. Ese último efecto habrá que testearlo en
dos planos que se retroalimentan: las expectativas del electorado y la de los
mercados.
Justamente por esa centralidad, en el oficialismo el ceño
sigue fruncido. Es que si bien es cierto que hace dos meses, más o menos, que los
índices de Mauricio Macri mejoran en el distrito, hay una salvedad importante. Esa
recuperación se dio en la imagen del Presidente y de su gestión, lo que se
corrobora con mediciones no directamente electorales, como el índice de que
elabora una consultora para la Universidad Di Tella. Pero no se trasladó a su
intención de voto, al menos en la misma medida.
En la mesa política de Vidal detectaron, además, que la
remontada de Macri se interrumpió hace una semana y media, aproximadamente.
Casi en el mismo momento en que Alberto Fernández daba un paso estratégico
importante. Fue entonces, luego de la patinada de Aníbal con Barreda, que pasó
de “explicar” a Cristina a instalar a la economía como eje de campaña. Esa
mutación discursiva recuperó la iniciativa política, con un tema que además
funcional al objetivo de Axel Kicillof de no perder votos respecto del tramo
nacional de esa boleta.
Por todo eso, Vidal sigue sometida a una presión extra. Para
ella, el nivel electoral de Macri es inversamente proporcional a la necesidad
del corte de boleta. La gobernadora tiene números mucho mejores que el
presidente y es una candidata muy potente. Pero hasta ahora no parece haber
logrado el milagro que buscó en el último tramo de la campaña: hacerlo crecer. Le
queda una semana, en la que probablemente prolongue la maratón mediática que
viene protagonizando, de la misma manera que hizo en 2017, cuando era
hiperactividad fue determinante.
En paralelo, la hipótesis del corte de intendentes contra Kicillof
se desinfló. Hay una razón fundamental, más allá de la sinceridad del
acercamiento que escenificó con la foto conjunta del 18 de julio. Es que ese
mecanismo es letal para el candidato solo si lo ejecutan alcaldes del
conurbano, sobre todo de la tercera sección. Pero aunque alguno de ellos podría
medir mejor que CFK, la expresidenta registra un apoyo tal que no tiene mucho
sentido romper la boleta. Como con algunos gobernadores, eso podría cambiar pero
recién para octubre.
En los bordes, el nivel de participación puede ser otra
variable importante. Al menos, así razonan en el búnker de Vidal, donde la PASo
de agosto se transformó definitivamente en una especia de primera vuelta. Es
que una ampliación del universo, analizan, le podría dar una fuente de votos
suplementaria que en el escenario híper polarizado de hoy, con un nivel
relativamente bajo de indecisos, no se registran. Claro que eso está atado a un
supuesto: que el electorado de JpC es más apático que el del FdT. Hasta ahora
ha sido así.
Hay una última incertidumbre, que puede ser relevante. Se
refiere a los candidatos que quedaron fuera de la grieta. En un sentido, podría
formularse así: ¿la agudización del antagonismo ya anticipó el traslado del
voto útil o no? El caso de Eduardo “Bali” Bucca es el más evidente: mide varios
puntos menos que su postulante presidencial, Roberto Lavagna, lo que hace
pensar que el “gap” está incluido en los números que obtiene Vidal. Lo mismo,
aunque con menos volúmen, parece estar ocurriendo con Cristian Castillo y
Nicolás Del Caño respecto de Kicillof.
El caso de José Luis Espert no es igual, aunque lo parezca.
Por una llamativa decisión judicial, él no tendrá candidato a gobernador. Dado
su perfil cabría suponer que, más allá de que defina al macrismo como
“kirchnerismo con buenos modales”, sus votantes deberían se inclinarse naturalmente por la gobernadora.
Pero el interrogante es cuántos de ellos combinarán las dos boletas en el
cuarto oscuro. (DIB)