A tres meses de ingresar en el año electoral, dos actores de la política bonaerense dieron pasos importantes para transformarse en jugadores de la batalla grande por el poder: Axel Kicillof y Diego Santilli, cada uno a su manera y en pos de objetivos diferentes -uno quiere ser presidente y el otro gobernador-, dejaron el claro que serán candidatos, aunque ninguno de los dos lo dijo explícitamente. Son definiciones que condicionarán el juego político en la provincia en los meses por venir y en las que curiosamente -o no tanto- ambos avanzaron en medio de un ruido fuerte en sus propias filas.
“Cuenten conmigo el año que viene”. Con esa sola frase, el gobernador dejó en claro lo que es obvio y lo que todos los que estuvieron en el plenario federal del MDF donde la pronunció sabían antes de que hablara: que trabaja para ser el candidato presidencial del peronismo. ¿Por qué no ser explícito, entonces? En el resto de prudencia que la omisión delata, aparecen trazos de la estrategia de fondo de Kicillof: 1) Esperar bajo la creencia de que cuanto más tiempo pase estará en mejor posición para definir la interna en su favor 2) Quitar presión política durante el mayor tiempo posible a una provincia donde siempre un episodio puntal puede desatar una crisis.
Juan Courel, cerebro de la consultora Alaska, dice que "el que se lanza antes no suele ser el que va primero porque quien está mejor posicionado no tiene incentivos para alterar el equilibrio”. Algo de eso hay en el plan de Kicillof. Pero combinado con dar señales de que lo suyo va en serio, porque sus rivales del PJ también se mueven. Mientras él hablaba en Avellaneda, Sergio Massa volvió a aparecen en público, esta vez en un plenario con jóvenes en la UBA. Setenta y dos horas antes, los abogados de Cristina Kirchner habían mostrado un documento judicial para volver a reclamar su inocencia, mientras esperan que la ONU la habilite a competir.
En ese juego con velocidades diferentes en el que se mueven los tres polos de poder más importantes del peronismo, Kicillof enfrentar un período complejo: el cierre del año de gestión. Con números muy ajustados, como les repitió a los intendentes radicales que lo visitaron el viernes. La paritaria con los gremios estatales es una muestra: aunque en su gran mayoría son sus aliados políticos, otra vez el gobernador saltó un mes sin amentos, como hizo en junio. Entonces fue porque tenía que pagar el medio aguinaldo en julio, ahora porque pagó vencimiento de deuda. De fondo, lo que ocurre es que la plata no alcanza para todo.
En sincro, los meses que restan hasta fin de año serán escenario de lo más duro de la pelea interna. Al menos eso parecen anticipar las duras declaraciones contra Kicillof de dos dirigentes cercanísimos a Máximo Kirchner: Facundo Tignanelli y, sobre todo, Mayra Mendoza, que lo llamó “desleal”. El problema con esa disputa es que podría tener desbordes hacia la gestión. ¿La suspensión del aumento de la electricidad, que un juez bahiense decretó a partir de una presentación del Defensor del Pueblo, Guido Lorenzino, está relacionada con ella? Lorenzino, antes alineado con Martín Insaurralde, ahora juega cerca de La Cámpora.
El "Colo" también avanza entre el ruido
La excursión a Bahía Blanca de Javier Milei significó el disparo de largada de otra carrera por el poder: la de Santilli, que ya descartó definitivamente sus veleidades porteñas y se decidió a competir para ser el sucesor de Kicillof, aunque tampoco lo dirá abiertamente por ahora. La elección del escenario no fue casual: en la ciudad del sur bonaerense el presidente puede mostrar el costado más virtuoso de su iniciativa estrella, el RIGI. Allí Pampa Energía construirá una planta de urea que implica exportar gas Vaca Muerta, pero industrializado. Por eso subió a la comitiva oficial a Marcelo Mindlin, el CEO de la compañía, hombre de vastos vínculos con el peronismo.
Santilli tiene avanzado un esquema de alianzas para una competencia que sabe compleja. Conversa con el sector de la UCR que comanda el senador Maximiliano Abad -que a su vez mira como posible una postulación en Mar del Plata- y con PRO, partido al que formalmente pertenece aún.
Pero tampoco él está exento de ruido interno. En Bahía, el comentario fue la tensión que generó Sebastián Pareja, mano derecha de Karina Milei, que intentó relegar a un segundo plano al diputado provincial Oscar Liberman. Es un actor de peso en la ciudad, que perdió por muy poco la intendencia a manos de Federico Susbielles en 2023 y ahora figura con chances de ganarse el año que viene. Para colmo, los chispazos con Liberman involucran a actores del poder económico local. Pero además, Pareja directamente excluyó del contacto con Santilli y Milei a la presidenta del Concejo Deliberante, Gisela Caputo, una dirigente de PRO. La respuesta de Cristian Ritondo fue inmediata: difundió una foto con ella para mostrar que es su candidata en la ciudad
Parecen rencillas menores. Pero pueden no serlo tanto: ¿está Pareja intentando complicar el cierre con estructuras de PRO? ¿Entorpece la comunicación de los dirigentes locales con Santilli? Cerca del “Colo” miran con desconfianza pero dicen que por ahora la convivencia es buena. Creen que lo central es apuntar a otra cosa, también delicada: una ingeniería que en provincia puede requerir internas a niveles locales.
Fuente: Agencia DIB.