Axel Kicillof transita un nuevo pico de la pelea con Cristina Kirchner bajo una hipótesis paradójica: los ataques por parte del kirchnerismo duro de los que nuevamente es blanco son funcionales a su objetivo más complejo, diferenciarse sin romper de la Expresidenta. Mientras, en paralelo y al amparo de la furia interna, aparece en escena un plan que podría darle a Cristina la llave para empujar al Gobernador afuera del PJ, una jugada arriesgada porque podría mejorar las chances de reelección de Javier Milei.
“Mejor, nos hacen el trabajo sucio”. Con esa respuesta resumieron en un despacho contiguo al de Kicillof la evaluación que hacen allí del nuevo impulso rupturista del cristinismo, montado esta vez en un pedido explícito para que Máximo Kirchner asuma una candidatura y en una equiparación de la figura del Gobernador con la de Augusto Timoteo Vandor, aquel dirigente de la UOM asesinado durante la dictadura de Juan Carlos Onganía que es para muchos un epítome del peor pecado que puede cometer un peronista, la deslealtad.
¿Cuál es la lógica detrás de esa evaluación? Kicillof cree que para tener chances el año que viene, no puede repetir resultados como los de Córdoba o Santa Fe en las últimas presidenciales, donde el peronismo perdió por 30 puntos en un caso, y por 20 en el otro. Y para eso, debe diferenciarse del kirchnerismo todo lo posible. Los candidatos y el tipo de discurso de sus adversarios, cree, lo favorecen. Es el trasfondo de la táctica de “dejarlos hablando solos” que seguirá poniendo en práctica: Kicillof no asumirá su condición de candidato al menos hasta marzo de 2027.
El paso lento del Gobernador contrasta con la aceleración de los tiempos por parte de Milei, que se concretó en dos movimientos. 1) El lanzamiento del programa financiero 26-27 para prevenir una corrida cambiaria que el año que viene, cuando Donald Trump podría estar en peor condición para volver a rescatarlo. 2) La ofensiva contra las PASO, incluida la evaluación de la vuelta de las colectoras, aunque este último punto no tiene aún consenso interno, como dejó en claro Patricia Bullrich, que fue parte del gobierno de Mauricio Macri, que eliminó el mecanismo.
En el peronismo están convencidos de que no habrá primarias, porque Diego Santilli logrará los consensos para eliminarlas o porque conseguirá al menos una suspensión, más allá de que en el ida y vuelta de la negociación con los gobernadores ese acuerdo no aparece todavía. Y detrás esa convicción, comenzó a tomar forma una posibilidad, que hasta ahora no estaba sobre la mesa: que Cristina utilice el Congreso del partido, donde tiene mayoría, para definir la candidatura del peronismo para un dirigente que no sea Kicillof.
La idea encierra dos supuestos clave. 1) Sin PASO, el peronismo no está en condiciones de organizar una interna por cuenta propia: los opositores netos a Milei gobiernan solo cinco provincias, el partido está intervenido en dos distritos, ni siquiera existe un padrón actualizado. 2) Un candidato digitado por el PJ vía Congreso obligaría a Kicillof a aceptarlo -hoy el gobernador ni siquiera quiere una reunión con CFK porque cree que implica un gesto de sumisión- o a ir a la elección con otro sello partidario, lo que lo haría aparecer como quien rompe.
La caída de las PASO alienta otra movida, en este caso netamente bonaerense. Kicillof viene escuchando un pedido de intendentes para que sostenga las primarias en Provincia, aunque a nivel nacional no se hagan. Hoy, las dos elecciones están atadas por ley -un acople que diseñó Néstor Kirchner después de perder con Francisco De Narváez- pero esos alcaldes sostienen que al lo haber norma nacional vigente, la sujeción de provincia sería una abstracción y el Gobernador estaría en condiciones de avanzar por decreto con una convocatoria.
La definición es capital. En provincia no hay segunda vuelta, por lo que una división de la oferta es más determinante que en Nación: puede ser la clave para definir quién sucede a Kicillof, como lo fue para su reelección, que logró porque LLA y PRO fueron con listas separadas. Por eso, los intendentes le piden al Gobernador sostener las primarias para resolver la interna sin rupturas. También hay quien reclama un nuevo desdoblamiento, algo sobre lo que Kicillof todavía no fijó una postura, aunque se inclinaría por rechazarlo. Y presentar una ley para eliminar el límite de reelecciones, movida inviable, hoy, en una legislatura paralizada por la pelea intra peronista.
Mientras, en LLA la situación bonaerense también hace ruido. Tras el encumbramiento de Diego Santilla como jefe de Gabinete, en algunos distritos aparecen señales que muchos vinculan con la primacía que adquirió “el Colorado” sobre Sebastián Pareja, el armador de Karina. Tiene que ver con las quejas y rupturas en varios concejos deliberantes, todas con un denominador común: los acuerdos con PRO, que terminaron con bancadas donde los guiños a intendentes peronistas son frecuentes. El mensaje es claro, porque fue Santilli uno de los impulsores de esos entendimientos.
En ese contexto, adquiere un significado adicional la profesión de fe mileista con la que el jefe de Gabinete abrió su nueva etapa. Santilli dijo que juega en el equipo de Milei, en las dos primeras entrevistas tras asumir. ¿Avanzará en una desafiliación del PRO para inscribirse en LLA? ¿Les habló solo a los concejales díscolos? ¿O también a Ramón "El Nene” Vera, el diputado libertario de origen peronista -fue candidato a intendente de Moreno por el FdT- que al amparo de estas novedades quiere transformar sus aportes al financiamiento de la estructura violeta en una influencia mayor a la hora de definir los armados para competir por el poder?
Fuente: Agencia DIB.