En un país como la Argentina, en el que la pasión por el fútbol tiene la intensidad que tiene, el Mundial previsiblemente se convirtió en un factor condicionante de primer orden para la política durante 38 largos días que para los hinchas se pasaron volando. Pero el modo en que esa influencia se plasmó fue inesperado para buena parte de la dirigencia, sobre todo por el sorprendente episodio de la bandera con la reivindicación de la soberanía argentina sobre Malvinas, que dejó al presidente Javier Milei y a su gobierno en un lugar incómodo.
“Hicieron un manejo poco profesional de la comunicación política”. La frase, que pertenece a un ministro de Axel Kicillof, es la conclusión de un balance sobre el manejo de lo ocurrido al final del partido con Inglaterra, pero lo excede. Y además trasunta alivio: en la previa, el peronismo se defendía de la acusación de ser “anti selección” y temía que el gobierno el Mundial para engrosar su capital simbólico. Sin embargo, aunque se cumplió en anhelo de Milei de que la participación Argentina se extienda todo lo posible, la agenda asociada no fue positiva para él.
La lupa está puesta en dos intervenciones. 1) La de Alejandra Monteoliva, la ministra de Seguridad, que anunció la prohibición para asistir al estadio con imágenes de las islas usando un nosotros inclusivo que abarcó a la FIFA y a EEUU y no tuvo un matiz de diferenciación respecto de que lo que se prohibía mostrar era una parte del territorio argentino. 2) La del propio Milei, frío en su mención al rol de los jugadores en el episodio; difícil de comprender cuando aludió a una declaración del jefe del Partido Republicano en Israel para justificar los “avances” que produjo su estrategia sobre Malvinas.
Entre los diputados nacionales de La Libertad Avanza circula, soterrado, cierto fastidio basado en un diagnóstico similar al que hicieron en el peronismo. Para ellos, el clima social que se generó en torno a la semifinal tuvo un efecto concreto: entorpeció el tratamiento de la ley de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, pospuesta para el 6 de agosto. Ese proyecto elimina las restricciones para la venta de tierras a extranjeros. Imposible tratarlo cuando medio país lagrimeaba con un reclamo por un pedazo de territorio nacional por parte de unos actores con los que la empatía es plena: los jugadores de la selección.
¿El mundial se transformó en un episodio de batalla cultural en el que LLA fue derrotado? La consultora Ad Hoc, especializada en el monitoreo de redes, registró un récord de menciones en X, pero con una negatividad altísima, del 66,7% para Milei. Una tercera postal completa el saldo: Lionel Messi hablando sobre la “gente que la pasa mal como decís vos, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes” al final del partido. Fue una respuesta inducida por la pregunta, pero el énfasis de Lio, a esta altura de su vida un declarante muy poco ingenuo, desconcertó al propio Milei, cuentan.
Mundial y después
Toda la política está convencida de que el mundial no decidirá ninguna disputa de fondo. Apenas tuvo efectos de agenda inmediatos. Pero una vez finalizado, se convertirá en un mojón que marque la última frontera antes de la aceleración final del tiempo de la política hacia las definiciones electorales. Antes, el episodio del recibimiento: Milei -como Alberto Fernández- ofrece no aparecer en la foto; Kicillof mandó a decir que tiene todo el operativo listo para acompañar el traslado donde la selección decida.
Después, el gobernador acelerará su plan presidencial: anuncios de adhesión de espacios políticos y sociales a su candidatura (no tanto de dirigentes, para que nadie se cuelgue el sayo de candidato antes de tiempo) con el objetivo de sumar “masa crítica social” para disputar con el cristinismo la definición final en marzo. Milei hará algo parecido, pero con otra coordenada: apuntará a la eliminación de la PASO para privarle al peronismo una herramienta con que solucionar su principal problema: la interna, que podría dividir su oferta. Es la “misión mundial” que asumió su jefe de Gabinete, Diego Santilli.
Kicillof administra además las señales sobre la interna por su sucesión: es neutral ante los precandidatos del su espacio -estuvo en actos de Ferraresi y Alak acompañado de Katopodis- pero deja en claro que no cederá ante el reclamo de que la candidatura en PBA quede para el cristinismo o el massimo (Nardini, Fernández, Mendoza). Y baja un mensaje crucial: no se opone a volver a desdoblar la elección, aunque pide decidirlo cuando esté más claro el contexto de la elección. “Les dice que en marzo o abril habrá que ver qué conviene”, cuentan a su lado.
El Gobernador enfrenta una contradicción: trabaja contra Santilli para sostener la PASO nacional, y a la vez se prepara para sostenerla en PBA si en nación se eliminan o suspenden. Pero a la vez, si se diese el improbable escenario de una primaria que siguiese “viva” a nival nacional, eso puede ser letal para los peronistas que quieren desdoblar, porque el calendario se complicaría. “Salvo que la legislatura votara una ley para desenganchar una elección de la otra, así no pasaría nada”, manda a decir por estas horas Kicillof. En mensaje tiene doble fondo: es una forma de poner sobre la mesa la parálisis de la Legislatura, otra expresión de la interna sin fin que le está complicando los planes. Quedó claro esta semana, cuando hubo una doble convocatoria a sesionar -Diputados y Senadores- con una agenda intrascendente. En realidad, lo que había detrás era un plan para votar un proyecto del massimo para obligar a las petroleras a informar los aumentos de las naftas con tres días de antelación. La medida desarma toda la estrategia de “micropricing” de YPF y encendió alarmas a nivel más alto del empresario en Argentina. Hubo llamados urgentes a un ministro provincial. La cosa al final no avanzó. Los legisladores votaron nimiedades, pero la intensidad de la pelea interna del peronismo quedó otra vez demostrada.
Fuente: Agencia DIB.