domingo 07 de junio de 2026
7 de junio de 2026 - 16:44

Récord histórico: la pasión argentina ya es un negocio de US$ 116 millones

El récord de las exportaciones de yerba mate refleja un fenómeno que trasciende lo económico. La figura de Messi y una identidad cultural que gana espacio en el mundo.

Hubo un tiempo donde la influencia cultural del mundo se medía en la cantidad de locales de comida rápida que una potencia instalaba en el extranjero o en las películas que imponía en las carteleras de los cines. Hoy, a las puertas de un nuevo Mundial, el termómetro global marca una tendencia completamente distinta, mucho más ruidosa y con aroma a yerba mate. El planeta atraviesa un proceso silencioso pero imparable de "argentinización" cultural, un fenómeno donde el estilo, la música y la liturgia futbolera de nuestro país se convirtieron en el nuevo estándar de la pasión internacional. Y los números del comercio exterior demuestran que esto ya dejó de ser una simple postal folclórica para transformarse en un negocio récord.

El "Efecto Messi" y los números de una conquista histórica

Lo que en su momento comenzó como una curiosidad geográfica -los videos virales de miles de fanáticos en Bangladesh o la India celebrando los goles argentinos- hoy es un fenómeno respaldado por la aduana. Según los últimos datos oficiales del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), Argentina cerró el último balance anual rompiendo el récord histórico absoluto de exportación, alcanzando los 57.980.912 kilos de yerba mate enviados al exterior.

Este salto brutal significó un crecimiento del 32% interanual en el volumen de ventas externas. Traducido en divisas, la pasión por el mate le inyectó a la economía más de 116 millones de dólares. Con estos números, Argentina le arrebató el liderazgo global a Brasil tras siete años de hegemonía brasileña, posicionándose otra vez como el mayor exportador mundial de la infusión.

Si bien Siria se mantiene como el cliente histórico inamovible (concentrando más del 60% de los envíos), seguido por Chile y España, el verdadero dato disruptivo es la diversificación impulsada por la globalización cultural.

La imagen de Lionel Messi, de la Scaloneta y de las grandes figuras internacionales de la Champions League consumiendo el ritual del mate generó una ola de curiosidad en mercados impensados. De hecho, las cooperativas locales ya hicieron pie en el gigante asiático: el envío de los primeros contenedores a granel rumbo a China marca el inicio de una apuesta fuerte por conquistar a los consumidores jóvenes del mayor mercado de infusiones del mundo.

El "ancho de espada" cultural

Este fenómeno no es obra de una campaña de marketing tradicional ni de un presupuesto multimillonario de branding estatal. Es una construcción de abajo hacia arriba. Las hinchadas de las ligas más poderosas de Europa adaptaron a sus propios idiomas las canciones nacidas en las tribunas argentinas; los bombos con platillo desplazaron al aplauso cortés del espectador europeo.

Argentina logró algo que pocas naciones consiguen: que su narrativa de sufrimiento, resiliencia y posterior gloria épica sea adoptada como propia por culturas completamente ajenas. Mientras los analistas económicos discuten el riesgo país, el capital cultural argentino demuestra una vitalidad envidiable. El mundo no nos copia la economía, nos copia la emoción. Nos mira para aprender a festejar, para aprender a sufrir en comunidad y para entender cómo se construye una mística colectiva de la nada misma.

La cancha global

A las puertas de la cita mundialista, las aduanas y los estadios se preparan para jugar el mismo partido. De los más de 889 millones de kilos de hoja verde procesados en las plantaciones nacionales, una porción cada vez más importante viaja para saciar la demanda de un planeta uniforme y aburrido por el algoritmo, que encuentra en el ritual del mate y el cancionero argentino una vía de escape auténtica.

Argentina llega al Mundial no solo como una potencia deportiva, sino como el gran exportador de una religión laica que tiene sus propios rezos, sus propios santos y sus propios carnavales. La "argentinización" del mundo es la prueba de que, a veces, la pasión más pura e imperfecta es el lenguaje más contagiable y exportable de todos.

Fuente: Agencia DIB

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