Marcelo Bielsa no fue un gran jugador, apenas un marcador central que jugó desde 1976 a 1980 en un breve recorrido que incluyó Newell's, Instituto y Argentino de Rosario. Como entrenador, en cambio, hizo escuela. Aun entre las críticas por sus modos, en el fútbol fue valorado y su carrera tuvo desde equipos de primer nivel hasta selecciones nacionales, incluyendo Argentina, con la tristemente célebre eliminación de Corea-Japón 2002 en la fase de grupos, nada menos.
Jorge Sampaoli es un alumno del “Loco”. El propio Bielsa declaró hace 9 años, cuando el santafesino había agarrado el timón de la Selección: “Yo creo que Sampaoli no es un discípulo mío. Primero, porque esa palabra no la compatibilizo conmigo. Y segundo, porque en realidad yo considero que es mejor que yo. Y no lo digo por falsa modestia”. Lo que nunca demostró el “Zurdo” de Casilda, apodo que se ganó en las inferiores de Newell's. Sí, igual que aquel maestro que comenzó a admirar en Rosario, Sampaoli se formó en la cantera rojinegra y, casualmente, le puso punto final a sus sueños de futbolista en 1980 por una fractura de tibia y peroné. Ahí mismo, se propuso ser entrenador.
La trayectoria
El resto de la historia es conocida: Belgrano de Arequito, Argentino de Rosario y Aprendices Casildenses, propios de un técnico amateur. Ya había sido bancario y trabajaba en el Registro Civil de Los Molinos, necesitaba un cambio de aire y meterse de lleno en la profesión. Por eso viajó a Perú. Llegó a Chiclayo y recaló en Juan Aurich. Luego, estuvo en Sport Boys, Coronel Bolognesi y Sporting Cristal. Dirigió 5 años en tierra incaica hasta que se le abrieron las puertas de Chile gracias a su vinculación con Bielsa, por entonces entrenador de La Roja. Dirigió O'Higgins, luego se fue al Emelec de Ecuador y volvió al pie de la Cordillera para configurar su primer éxito con la “U”. Fue tres veces campeón del torneo local, ganó la Copa Chile y también, la Sudamericana en 2011.
En 2015, tras la salida de Claudio Borghi, llegó a la Selección trasandina que ganó la Copa América ante Argentina, ni más ni menos, como parte del calvario de Lionel Messi en su tránsito hasta la gloria celeste y blanca. El propio “10” no imaginaba que, 3 años después, sería su técnico en la Selección. Mucho menos que lo haría tan mal.
Su paso por la Selección
Después de dirigir Sevilla, Sampaoli se hizo cargo de Argentina, no hizo la renovación que correspondía y hubo una revuelta interna que terminó con la eliminación en los octavos de final de Rusia 2018 ante Francia. Las críticas arreciaron contra un técnico que se aferró a una canción de Callejeros, “no escucho y sigo” y terminó despedido por Claudio Tapia. Acaso su única virtud en el lamentable paso por la Selección haya sido incluir a Lionel Scaloni en su cuerpo técnico, a fin de cuentas un favor al padre del Gringo de Pujato, localidad cercana a Casilda. Pocos intuían un ciclo tan extraordinario, claro.
Algo cambió en Sampaoli tras aquel paso por la conducción del conjunto nacional. Llegaron Santos y Atlético de Mineiro en Brasil, Olympique de Marsella en Francia, nuevamente Sevilla, Flamengo, Stade Rennes, otra vez Atlético Mineiro y desde este segundo semestre, Talleres. Hasta llegar a Córdoba, Sampaoli se transformó en el campeón de las indemnizaciones. Se calcula que en una década embolsó más de 23 millones de dólares por sus despidos. Y con la excepción del gigante de Río de Janeiro, no estuvo en más de 20 partidos al frente de los últimos cuatro equipos que dirigió.
La apuesta de Talleres
Los cordobeses apostaron a un técnico con currículum, pero advertidos de esta situación se aseguraron que Sampaoli cobrará hasta el último día trabajado y no podrá hacer reclamos más allá de la interrupción del vínculo. Su campaña en seis fechas con Talleres es lamentable: solo ganó un partido (4 a 0 a Platense en Vicente López), perdió 4 y empató uno, el último este lunes ante Rosario Central.
Talleres ganaba 2 a 0 y los rosarinos se lo empataron con un doblete de Angel Di María. Sí, uno de los jugadores que condujo en la Selección Argentina, que no lo saludó antes del partido y que gritó los goles -en especial el segundo- con alma y vida. La relación, está claro, no era la mejor. Habían quedado cosas pendientes.
Después de la derrota ante Gimnasia de Mendoza, Sampaoli suspendió la conferencia de prensa. "Estaba con mucho dolor, porque este grupo de jugadores no mereció ese partido. Nosotros trabajamos mucho para jugar de la forma que el equipo jugó. Entonces comunicarme en ese momento me parecía irrespetuoso de cara a mis futbolistas", explicó el santafesino.
Y tras el empate con Rosario Central, aseguró: “Viví estas cosas muchas veces, inclusive aun ganando, y he tratado siempre de solucionarlo de la mejor manera. El paso del tiempo en el fútbol me ha enseñado que la rebeldía a mí me llevó a lugares impensados en mi carrera. Y sigo con ese matiz. Seguiré pensando de la misma forma, intentaré ayudar a estos chicos a que sean mejores, compitan mejor y se organicen mejor. Ese es mi deber”.
Los hinchas de Talleres ya piden su cabeza. Andrés Fassi, por ahora, lo sostiene. Sampaoli sigue en la suya. Tal vez no sea tan flexible como pensó Bielsa, el mentor que lo desconoció.