El Foro Iberoamericano de Ciudades Marianas concluyó en la ciudad bonaerense de Luján con un llamado a fortalecer el trabajo en red entre santuarios y gobiernos locales. El turismo religioso, la inclusión social y el acompañamiento pastoral, se plantearon en el encuentro entre los principales desafíos.
Obispos, intendentes, alcaldes y representantes de santuarios de 16 países iberoamericanos acordaron impulsar el desarrollo integral de las ciudades marianas mediante el diálogo y la cooperación entre la Iglesia y las autoridades políticas. El compromiso se expresó al cierre del primer Foro Iberoamericano de Ciudades Marianas, que reunió durante dos jornadas a más de 40 representantes y concluyó con la inauguración del Paseo de las Ciudades Marianas, en Luján, Argentina.
Organizado por el Municipio de Luján, el CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe - y el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), con el acompañamiento de la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión para América Latina, el encuentro puso el foco en el turismo religioso como motor de desarrollo local, así como en su contribución a la misión pastoral y a la vida de las comunidades, destacó el un comunicado la agencia de prensa de la Santa Sede.
"Reconocerse y respetarse es la base del diálogo"
Durante el panel de cierre, el intendente de Luján, Leonardo Boto, subrayó la importancia de avanzar hacia un modelo en el que la presencia del santuario sea un elemento central de las decisiones de los gobiernos locales. Para ello, propuso fortalecer un diálogo que involucre a todos los actores, con mecanismos concretos de coordinación y objetivos compartidos.
El desafío, explicó, es alcanzar una "sostenibilidad integral" que permita atender tanto las necesidades de los municipios como las de los santuarios. "Es importante que las ciudades reconozcan la importancia de los santuarios, que tienen su propia lógica e identidad, y que los santuarios puedan reconocer a la autoridad municipal", afirmó.
Por su parte, monseñor Francisco Javier Acero, obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, destacó que los santuarios marianos son lugares de encuentro e identidad, capaces de contribuir a la reconstrucción del tejido social frente a la fragmentación y la polarización. La Iglesia, sostuvo, está llamada a ser puente entre la ciudad y el santuario, poniendo en el centro la dignidad de las personas y haciendo de estos espacios también "casas verdaderas para nuestros hermanos migrantes".
Continuidad institucional
Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, valoró el origen de la iniciativa, impulsada por el intendente de Luján, y destacó el encuentro entre autoridades políticas y eclesiales en torno a cuestiones sociales y económicas, más allá de las diferencias ideológicas.
La teóloga argentina propuso dar continuidad institucional al Foro en el ámbito del CELAM y planteó que la próxima reunión se realice en Bogotá. Asimismo, señaló que esta experiencia de cooperación podría extenderse a otros ámbitos, como la salud mental, la educación y la atención a las personas mayores.
El encuentro se inscribe en la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia y del llamado del Papa León XIV a construir comunidades más fraternas mediante responsabilidades compartidas y acciones concretas.
El turismo religioso, al servicio de las comunidades
La economía de los santuarios y la gestión del turismo religioso ocuparon también un lugar destacado en las jornadas. En Luján, según indicó Boto, cerca de un tercio de la actividad económica local está vinculada a la fe. La ciudad recibió recientemente a más de 2,8 millones de personas durante la 5ª Peregrinación Juvenil a Pie, celebrada los días 3 y 4 de octubre.
El Foro concluyó con la inauguración del Paseo de las Ciudades Marianas, un espacio permanente que representa a las ciudades y santuarios participantes y simboliza el inicio de una red de colaboración iberoamericana.
La iniciativa busca que la riqueza espiritual de estos lugares se traduzca también en oportunidades de desarrollo, hospitalidad e inclusión, fortaleciendo el vínculo entre la fe, la vida pública y las necesidades concretas de las comunidades.
Fuente: Agencia DIB