En un pequeño boulevard frente al Bosque de la ciudad de La Plata se levanta una casa que atrae todas las miradas y es el centro de una peregrinación constante de turistas, curiosos y profesionales, que buscan descifrar los mensajes que dejó en su diseño quien fuera el arquitecto más influyente de la segunda mitad del siglo pasado. Se trata de la Casa Curutchet, creada por el suizo-francés Charles-Édouard Jeanneret-Gris, conocido como Le Corbusier. Fue delineada por encargo para un médico platense y de su construcción se encargó nada menos que Amancio Williams, el artífice de la Casa sobre el Arroyo de Mar del Plata. La Casa Curutchet, por lo tanto, constituye una joya de la capital bonaerense a la que todo arquitecto acude, cual Meca sudamericana, al menos una vez en su vida. Este 6 de octubre se cumplen 139 años del nacimiento de Le Corbusier y es, por lo tanto, un inmejorable momento para repasar la historia de su única obra al sur del Canal de Panamá.
La Casa Curutchet, la joya más preciada de la arquitectura de La Plata
Fue proyectada a miles de kilómetros de la capital bonaerense por Le Corbusier. Tardó seis años en construirse. Es un edificio que constituye la Meca de arquitectos, turistas, curiosos de todas partes.
Movimiento Moderno
Charles-Édouard nació el 6 de octubre de 1887 en La Chaux-de-Fonds, Suiza, una ciudad con una fuerte tradición vinculada a la industria relojera. A lo largo de su trayectoria se convirtió en una de las figuras centrales del Movimiento Moderno y desarrolló una concepción de la arquitectura basada en nuevas formas de organizar el espacio, incorporar los avances técnicos y establecer relaciones diferentes entre edificio, naturaleza y vida cotidiana.
Su pensamiento arquitectónico quedó plasmado en obras que transformaron la manera de concebir los espacios habitables y en una serie de principios que tendrían una amplia influencia durante el siglo XX. Entre ellos se encuentran la planta libre, los pilotis, la fachada libre, las ventanas longitudinales y la terraza-jardín, además de conceptos como el Modulor y la promenade architecturale, vinculados con las proporciones humanas y la experiencia del espacio a través del recorrido.
El dueño
En la historia del legado de Le Corbusier a la arquitectura argentina, el primer nombre que aparece es el del doctor Pedro Domingo Curutchet. Nacido en Las Flores en 1901, se radicó en la ciudad de La Plata y egresó con el título de médico de la Universidad Nacional de La Plata en 1929.
Curutchet no era un médico cualquiera. Amaba la música y las artes plásticas y fue amigo del pintor Emilio Petorutti. A principios de la década de 1930, tras un fallo que consideró injusto en un concurso académico, se fue de La Plata para radicarse en Lobería, donde ejerció la medicina durante casi 20 años. Mientras tanto, se dedicó al diseño y desarrollo de instrumental quirúrgico y el mejoramiento de las técnicas de intervención.
De todos modos, seguía viajando con frecuencia a la capital bonaerense para asistir a eventos culturales y científicos. Allá por 1948 decidió radicarse de nuevo en la ciudad y compró un terreno frente al Bosque. El lote tenía una forma particular: era un rectángulo con el frente cortado cuyos lados medían 10,30 metros (m), 17,30 m, 22,65 m y 8,75 m.
Una carta a Europa
Curutchet quería aprovechar ese espacio tan raro con una obra moderna. Y decidió escribirle a Le Corbusier, que un par de décadas antes había presentado un proyecto para transformar la Ciudad de Buenos Aires llamado Plan Director. Este trabajo de transformación territorial tuvo su origen en el proyecto Citte des Affaires, un conjunto de edificios sobre una plataforma en el Río de La Plata que presentó en una de las conferencias que brindó en 1929 durante su viaje a la Argentina.
El arquitecto estuvo en La Plata en aquella visita y quedó encantado con el Bosque. Y por eso, entre otras razones, aceptó la tarea que le propuso el médico. Claro que al suizo-francés le interesaba, sobre todo, poder implantarse en Argentina con aquel Plan Director.
Curutchet pidió en su carta que la vivienda tuviera tres dormitorios con dos baños, un dormitorio de servicio con toilette, una sala de estar comedor y una cochera, además del consultorio con la sala de espera. Y, además, “el sol y el panorama deben ser incorporados a la casa”.
Le Corbusier aceptó prácticamente de inmediato. En su respuesta, dijo que iba a hacer un primer anteproyecto para que el médico le hiciera observaciones, y luego elaboraría un proyecto final. Y le dijo a Curutchet que “la realización de la obra será controlada por uno de mis amigos de Buenos Aires, que usted podrá elegir entre aquellos que le indicaré”.
Entre esos amigos, mencionó a “Amancio Williams, Carlos Pellegrini 1248 – Buenos Aires; Ferrari y Kurchan, Conesa 2141 – Buenos Ayres; Bonnet, arquitecto de Buenos Ayres y Montevideo; Gómez Gavazzo, profesor de la Escuela de Arquitectura de Montevideo”.
El médico acordó la dirección técnica de la obra con Williams, quien honrado por construir una obra de Le Corbusier, decidió no cobrar sus honorarios y solo exigió los gastos que demanda el traslado y el salario de sus asistentes.
Obras difíciles
El 1º de febrero de 1949, a través de un telegrama, Curutchet y Le Corbusier sellaron el vínculo definitivo para iniciar el proyecto. Y la casa fue totalmente diseñada en Europa, a muchos kilómetros de donde iba a levantarse. Algo muy común en la época: muchos de los principales edificios públicos de La Plata fueron proyectados así.
No fue un camino fácil. Hubo tiras y aflojes entre el arquitecto y sus colegas encargados de la obra. Si bien comenzó a trabajar Amancio Williams, lo sucedió Simon Ungar. Pero ambos terminaron siendo echados por Curutchet. La vivienda tardó seis años en ser construida, costó mucho más de lo que se pensaba y cuando se instaló tenía goteras como cataratas. Pero Curutchet terminó contento, tal como lo reflejó en su última carta a Le Corbusier, donde le dejó en claro que, antes que nada, era su obra: “Esta es ´la casa de Le Corbusier´; me honra ser el propietario”.
La obra terminó siendo la única que lleva la firma del suizo-francés en toda Latinoamérica. Pero su Plan Director jamás se llevó a cabo y Buenos Aires sigue siendo el caos de siempre.
Mojón histórico
La obra en el ahora llamado boulevard Le Corbusier es extraña a la vista, en una ciudad donde abunda la arquitectura Art Nouveau y Art Decó. Llama la atención su rampa que deviene en un “paseo arquitectónico”, y por un árbol que ya estaba en el terreno y quedó el pequeño patio que articula el área de trabajo con la casa propiamente dicha. Todos sus ambientes principales y su exquisita terraza jardín tienen vista a la plaza adyacente y al Bosque de la ciudad.
Con los años, la casa se ha convertido en un ícono de la ciudad. Es escenario y protagonista de la película “El hombre de al lado” (2010), realizada por Mariano Cohn y Gastón Duprat con la actuación de Daniel Aráoz. Llegan periódicamente bandadas de croquiseros para dibujarla. Figura siempre como atracción en La noche de los museos platense.
Algunos dicen que más que una casa, es un muestrario o un catálogo de las ideas de Le Corbusier y sus “Cinco puntos de una nueva arquitectura” mencionados más arriba. Como sea, constituye un hito de la ciudad.
Mojón histórico
En julio de 2016, durante la 40ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, celebrada en Estambul, “La Obra Arquitectónica de Le Corbusier: una contribución excepcional al Movimiento Moderno” fue incorporada a la lista del Patrimonio Mundial.
La Casa Curutchet pasó a integrar una serie transnacional conformada por 17 obras, distribuidas en siete países. Entre ellas figuran:
- Casa Curutchet, La Plata, Argentina
- Villa Savoye, Poissy, Francia
- Unité d'habitation, Marsella, Francia
- Notre-Dame-du-Haut, Ronchamp, Francia
- Cité Frugès, Pessac, Francia
- Maison La Roche y Maison Jeanneret, París, Francia
- Capitol Complex, Chandigarh, India
- Museo Nacional de Arte Occidental, Tokio, Japón
- Weissenhof-Siedlung, Stuttgart, Alemania
- Maison Guiette, Amberes, Bélgica
- Petite villa au bord du lac Léman, Corseaux, Suiza
Es que para la UNESCO, la Casa Curutchet fue un catalizador de la arquitectura moderna en Sudamérica. De hecho, antes de la declaración del organismo de la ONU, en 1987 pasó a ser Monumento Histórico Nacional y en 1992 obtuvo protección como Monumento Histórico Provincial.
El Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia de Buenos Aires (CAUBA), que alquilaba la casa desde 1991, logró adquirirla en mayo de 2025. En el frente del edificio hay desde 1982 una losa de granito con una inscripción que lo define todo: “Mojón histórico”.
Fuente: Agencia DIB
Una versión anterior de esta nota fue publicada en 2024.