El 4 de agosto de 2001, hace casi 25 años, quedó grabado para siempre en la historia del rock argentino. Esa noche, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ofrecieron el que sería su último recital, en el Estadio Chateau Carreras de Córdoba -hoy denominado Mario Alberto Kempes-, ante cerca de 50.000 personas.
Nadie lo sabía entonces. El show fue presentado como una fecha más de una banda que llevaba más de dos décadas construyendo una relación única con su público. Sin anuncios de despedida ni gestos de cierre, Los Redondos subieron al escenario y desplegaron un repertorio que repasó gran parte de su historia, mientras miles de seguidores protagonizaban uno de los rituales más emblemáticos del rock nacional.
Meses después, las diferencias irreconciliables entre Carlos "Indio" Solari y Eduardo "Skay" Beilinson terminarían por sellar la disolución del grupo. Aquel recital en Córdoba pasó así a convertirse en el último capítulo de una de las bandas más influyentes de la música argentina.
Detrás del Indio y Skay, "Semilla" Bucciarelli, Walter Sidotti, Sergio Dawi y Hernán Aramberri también fueron Redondos hasta esa fecha.
La magnitud de ese concierto sólo pudo dimensionarse con el paso del tiempo. Lo que para los asistentes fue una noche inolvidable terminó transformándose en un acontecimiento histórico: la última vez que sonaron en vivo canciones como Jijiji, Un poco de amor francés, Preso en mi ciudad o Ñam Fri Frufi Fali Fru interpretadas por la formación original de Los Redondos.
El cierre sonaría con Un ángel para tu soledad, segundo bis de la noche. Esa fue la imagen de un desenlace mucho menos redondo de lo imaginado. En principio, un final no anunciado: hacia noviembre tenían un show en la cancha de Unión de Santa Fe. "Patricio Rey cree que no es el momento, que no hay ánimo para fiestas", explicaron en ese momento, cuando la crisis de 2001 golpeaba las calles del país. Era una “excusa” entendible.
Sin embargo, las diferencias internas entre sus socios fundadores abrieron heridas que nunca fueron cicatrizadas y por eso, como pasó con otras grandes bandas, nunca volvieron a juntarse.
Desde entonces, el recital del Chateau Carreras ocupa un lugar mítico en la memoria del rock argentino. Fue el cierre de una etapa cultural que trascendió a la música y que convirtió a Los Redondos en un fenómeno social único, capaz de movilizar multitudes y construir una identidad propia que aún hoy perdura entre varias generaciones de seguidores.
Fuente: Agencia DIB