La demorada primera sesión del año del Senado bonaerense arrancó con un cruce en pleno recinto entre la vicegobernadora Verónica Magario, que preside el cuerpo, y el jefe del bloque del Fuerza Patria, Sergio Berni, que expuso la tensa situación interna en el oficialismo, atravesado por la pelea entre el kirchnerismo y el kicillofismo.
El intercambio entre Magario y Berni se produjo en torno a una discusión reglamentaria, cuando el senador le reprochó a la vicegobernadora el manejo que viene haciendo el cuerpo de las licencias de tres de sus integrantes, Florencia Saintout, Gabriel Katopdopis y Diego Valenzuela.
“Señora presidenta, la verdad es que estoy un poco mareado, ya no sé ni cuántos senadores somos…”, interrumpió Berni y desgranó cuestionamientos a la legalidad de lo actuado por el cuerpo en los tres casos. “Podemos aprovechar para votar y poner en orden todo este gran desorden que se armó”, agregó en una crítica implícita al manejo de Magario de la cuestión.
“No corresponde que conteste yo”, intervino la vicepresidenta, que no interviene directamente en los debates más que para ordenarlos, porque no es Senadora sino solo presidenta del cuerpo. “Estaría bueno que intervenga, porque la vedad es que ya perdí la cuenta pero bueno, no importa”, la desafío Berni.
Luego de varios cruces más respecto de cuándo y cómo se habían producido las licencias, se votaron las renovaciones de las licencias de Sanintout y Katopodis -ambos con cargos ejecutivos- y Magario aclaró que en el caso de Valenzuela no debía haber ninguna votación porque el final de su licencia se había producido de modo automático el 10 de junio pasado.
Berni estalló a raíz de este último punto, porque considera que la cuestión no era así con un cuestionamiento concreto a un decreto que emitió la vicegobernadora en medio de ese trámite. Eso que produjo una molestia visible de Magario, que lo desafío a que planteara una moción para votar su idea de que “según su consideración hay que regularizar” las licencias.
El affaire terminó con la moción de Berni presentada pero rechaza por el resto de los senadores.
El intercambio pone de manifiesta la tensión interna en el oficialismo: Magario está alineada con el kicillofismo y Berni con el cristinismo, y su cruce se produce en ese marco. La misma interna había impedido hasta ahora al cuerpo sesionar, pese a que pasaron casi cuatro meses del inicio del período de sesiones ordinarias, el 2 de marzo pasado.
En el caso del Senado, una pelea específica tuvo que ver con el reparto de la presidencia de las principales comisiones, que se repartieron entre el camporismo, el kirchnerismo y el kicillofismo.
Fuente: Agencia DIB.