Cada 11 de septiembre se celebra en la Argentina el Día del Maestro en conmemoración por el fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento en el año 1888. Considerado el “padre del aula”, el sanjuanino fundó con tan solo 15 años su primera escuela en San Luis más precisamente en San Francisco del Monte de Oro.
Día del Maestro: educadores bonaerenses que hicieron historia en el país
Cada 11 de septiembre se celebra una fecha especial. Algunos maestros y maestras bonaerenses que dejaron una huella imborrable.
Para Sarmiento la educación debía ser pública, gratuita, común y la misma para niñas y niños. Ese concepto lo tomaron y lo toman hoy miles de maestros que día a día dejan todo por enseñar a sus alumnos. Muchas veces en condiciones que no son las mejores. Y más allá de ellos, hubo grandes maestros y maestras que dejaron una huella en la provincia de Buenos Aires.
Herminia Brumana
Nacida 12 de septiembre de 1897 en la localidad bonaerense de Pigüé, a lo largo de sus casi 57 años de vida, Herminia Brumana ejerció como docente, dramaturga, ensayista, cuentista y periodista.
Esta mujer irreverente e incómoda, como solían definirla, aprendió a leer a los cuatro años, y al terminar la primaria continuó su formación en el magisterio de la Escuela Normal de Olavarría.
Feminista inquieta dedicada en su literatura a despertar la conciencia de las mujeres argentinas, con fuertes críticas al género, escribió en diversas publicaciones ligadas al socialismo y el anarquismo y opinó sobre importantes temas de coyuntura, como el sufragio femenino (al cual se opuso).
A partir de su tarea docente, se apropió del aula como un prisma para mostrar las desigualdades sociales. En 1918 escribió Palabritas, una obra de fines pedagógicos, pensada para ser leída en los cursos y dedicada al “corazón de los niños”. Su objetivo era que los alumnos comprendieran que no todos tenían las mismas oportunidades y que vivían en una sociedad esencialmente desigual.
Desde 1941, hasta su muerte en enero de 1954, se desempeñó como profesora en la Escuela para Adultos N°6, donde enseñaba ortografía, redacción, contabilidad y archivo, principalmente a mujeres. Las preparaba para el mundo del trabajo, para que tuvieran un sustento económico, lo cual –objetivamente– las hacía más independientes.
Luis Iglesias
Luis Fortunato Iglesias nació el 28 de junio de 1915 en un pequeño poblado de la provincia de Buenos Aires. Hijo de inmigrantes españoles, en 1935 obtuvo el título de maestro en la Escuela Normal de Lomas de Zamora y comenzó a trabajar en una escuela urbana.
En contacto con los niños y con la realidad de las familias rurales, Iglesias desarrolló una propuesta basada en la idea de que la escuela debía enseñar a pensar, además de transmitir conocimientos. Para él, la escuela debía ser al mismo tiempo aula, taller y comunidad, y debía despertar el interés permanente de los alumnos. En la escuela rural unitaria, donde un solo docente tenía a su cargo niños de distintos grados, buscó generar vínculos más horizontales y otorgar a los estudiantes mayor libertad de acción, atendiendo especialmente a sus intereses y al contexto social en el que vivían.
Su propuesta se inscribió en la corriente de la Escuela Nueva, que cuestionaba la educación tradicional basada en la memorización, el autoritarismo, la disciplina rígida y la pasividad de los alumnos. Iglesias defendió un aprendizaje activo, cooperativo y personalizado, con una especial valoración de la lectura y la escritura como herramientas de liberación y desarrollo personal.
La experiencia de Iglesias se desarrolló en un período de profundas transformaciones sociales y económicas en Argentina, marcado por la crisis de 1930, las migraciones del campo a las ciudades y el crecimiento de la industrialización.
A lo largo de su carrera, Iglesias se desempeñó también como director, inspector, profesor universitario y Consejero General de Educación, además de participar en proyectos educativos internacionales. Entre sus principales obras se encuentran “La escuela rural unitaria”, “Didáctica de la libre expresión” y “Aprendizaje vivencial de la lectura y la escritura”.
Josefina Passadori
Docente, funcionaria, autora de numerosos textos de enseñanza y de libros de poesía (bajo el pseudónimo Fröken Thelma), Josefina Passadori nació en Italia el 5 de abril de 1900, pero de muy joven se instaló en La Plata, donde desarrolló una vida intensa relacionada con la educación.
En 1922 egresó de la Escuela Normal Nacional Nº 1 Mary O. Graham de La Plata. Allí ejerció la docencia durante casi cuarenta años en las asignaturas de Castellano, Italiano, Historia Antigua, Geografía Americana, Geografía Argentina, Literatura Americana, Literatura Argentina y Cultura Argentina.
Pero también se destacó con actividades en otras instituciones de La Plata y Buenos Aires, en la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Popular Sarmiento, también perteneciente a la capital provincial, de la que fue rectora durante varios años. Fundó la primera cooperativa escolar de consumo de América Latina y se desempeñó como subsecretaria de Educación de la provincia de Buenos Aires.
Tras un casi fatídico viaje que incluyó el naufragio del Monte Cervantes en 1930 en Tierra del Fuego, Passadori fue una de las impulsoras del “Manual del Alumno Bonaerense”, una de esas publicaciones que proveían un conocimiento, una ideología y una escala de valores en común. Juan Carlos Astolfi, Alberto e Hilda Fesquet, Arsenio Seage y Joaquín Romero completaban la lista de autores de la edición de 1954 del manual que varias generaciones de argentinos utilizaron en la escuela primaria y aún permanece en el recuerdo.
Autora además de textos didácticos de Geografía, publicados siempre por la Editorial Kapelusz, Passadori falleció en la localidad de San Isidro, el 13 de diciembre de 1987.
Otto Krause
Inquieto y curioso, Otto Krause nació el 10 de julio de 1856 en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Ingeniero civil, docente y pedagogo fue el principal propulsor de la enseñanza técnica en la Argentina.
Su padre, Carl August Krause, había sido un inmigrante prusiano que se radicó a mediados del siglo XIX en esos pagos bonaerenses en tiempos en que las tropas del cacique Calfucurá amenazaban a las poblaciones con saqueos. Allí instaló una herrería para fabricar carruajes de tracción a sangre.
Otto, su segundo hijo, hizo el secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde se mudó la familia hacia 1870. Luego se graduó como ingeniero civil por la Facultad de Ciencias Exactas y, ya en 1909, fue designado director de Enseñanza Industrial de la Nación. Su gestión creó escuelas industriales en Rosario, Santa Fe, La Plata, 25 de Mayo y en su querida Chivilcoy.
Sin embargo, la primera escuela de enseñanza técnica del país la fundó en 1899. Esa institución, hoy lleva su nombre y desde 1909 funciona en el barrio de Monserrat, en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires. Su predio de una manzana es una estructura ideal para la formación de técnicos y alberga un espacio sorprendente, con réplicas de inventos del genial Leonardo Da Vinci y cilindros donados por Edison, entre muchas piezas.
Otto Krause murió en Buenos Aires, el 14 de febrero de 1920. Sin embargo, su tumba, permanece hoy en la provincia de Misiones, muy cerca de las ruinas de Santa Ana. A más de cien años, su legado sigue vigente: el amor por la educación técnica y el trabajo productivo para obtener una mejor calidad de vida.
Fuente: Agencia DIB