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20/05/2022
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Mar del Plata: la semana del horror de 2007 que destruyó dos familias

A finales de ese año, un hombre mató a su expareja y al hijo de ella en plena avenida Luro. Días más tarde, un albañil asesinó a su exmujer y a sus dos hijos. Ambos homicidas se suicidaron.

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La semana que va del 17 al 23 de diciembre de 2007, fue para Mar del Plata trágica. Mientras la ciudad se preparaba para recibir a turistas y su gente pensaba en las fiestas de fin de año, dos hombres, en el término de siete días, horrorizaron a la opinión pública. Uno de ellos mató a su ex esposa y a un hijo de ésta en una popular avenida y luego se suicidó. El otro, asesinó a su hijo de 2 años, a su ex pareja, a un hijastro de 6, y luego se mató de un balazo en la cabeza.

Mientras las primeras planas hablaban de las valijas de Antonini Wilson, la final del mundo que Boca perdía por 4-2 ante el Milan de Italia o el retiro de Jorge Valdivieso de las pistas, el jockey que ganó unas 5.000 carreras y más de 450 clásicos, en la ciudad costera un aberrante crimen sacudía a la sociedad, a plena luz del día.

Todo se inició en horas de la mañana del 17 de diciembre cuando Zulma Mabel Salazar fue hasta la casa de su expareja, Ricardo González, de quien se había separado recientemente y con quien tenía dos hijos de 5 y 6 años. La idea era llevarse pertenencias de la casa en la que habían estado viviendo hasta días atrás. La mujer, seguramente sabiendo de lo delicado de la situación, fue acompañada de un hijo mayor, producto de una anterior relación.  

De acuerdo a las versiones judiciales, en medio de una discusión entre el hombre y la mujer, el hijo de ella se bajó del auto y buscó mediar. En ese momento, González sacó una pistola 9 milímetros y los amenazó. Ante esto, Salazar corrió hasta un almacén ubicado a los pocos metros para protegerse mientras que su hijo escapó a pie y por la avenida Luro.

Pese a que se trataba de una zona comercial y con mucho tránsito vehicular, González comenzó a efectuar disparos contra el hijo de la mujer, y uno de ellos impactó contra su humanidad. El joven cayó al piso malherido. Luego fue en busca de Salazar, que estaba refugiada en el local y también le disparó.

No conforme, salió del almacén, fue hasta donde estaba el cuerpo del hombre tirado en la vereda y lo ejecutó de dos balazos en la cabeza. Pero había más en esos minutos de locura. González volvió al comercio y le efectuó otros dos disparos a su ex pareja.

Finalmente, siempre de acuerdo a la reconstrucción de los hechos realizada por el fiscal, González caminó hasta la avenida y se quitó la vida con un disparo en la cabeza. La balacera, terminó además con dos heridos leves. Un hombre con un impacto de bala y otro con cortes tras el estallido de los vidrios de la camioneta en la que se trasladaba. 

Desquicio total

Cuando los diarios amanecían con la foto del bailarín Julio Bocca, que se había despedido de la danza profesional con un emotivo espectáculo gratuito ante una multitud en las inmediaciones del Obelisco, Mar del Plata iba a vivir otro día trágico. Pocos días después del anterior hecho, un desgarrador triple homicidio conmocionó a “La Feliz”.

Todo se conoció el 23 de diciembre, aunque había comenzado al menos una semana antes. En esa jornada previa a la Nochebuena, una turista paró el auto para hacer un asado con su familia a la vera de la ruta provincial 11, en la zona de Los Acantilados, camino a Miramar. Pero en medio de una arboleda, halló el cadáver de un hombre.

El cuerpo del albañil de 30 años tenía un balazo en la cabeza y dos cartas guardadas entre su ropa. Eso fue la llave para abrir la puerta del horror: confesaba el triple crimen.

A partir de las misivas, la Policía fue a la casa de su ex esposa del barrio Gutemberg, donde la mujer vivía con el hijo de ambos, de 2 años, y una nena de 6 fruto de otra relación. Los cuerpos de los dos pequeños fueron encontraron en un grado de descomposición muy avanzada. Uno apareció encerrado en un placard y el otro en el piso de una habitación.

Horas después, los efectivos dieron con el cuerpo de la mujer, enterrado en un descampado cercano a su casa y en un estado que para los peritos llevaba más de una semana bajo tierra.

Uno de los temas que llamó la atención de los investigadores fue a existencia de “una especie de altar montado en el baño de la vivienda”, donde el sujeto habría “rezado antes de decidir quitarse la vida”. (DIB) FD

 
 

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