ver más
30 de septiembre de 2026 - 10:45

29 de septiembre: el día en que la comida nos obliga a tomar conciencia

Cada 29 de septiembre, el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos pone el foco en una contradicción global: mientras millones de personas tienen dificultades para acceder a una alimentación suficiente, enormes cantidades de comida terminan descartadas.

No todas las fechas importantes hablan del pasado. Algunas hablan, sobre todo, de nuestro presente y de las decisiones pequeñas que tomamos todos los días.

El 29 de septiembre es una de ellas: es el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. Una fecha que habla de comida, sí, pero que en realidad habla también de desigualdad, de consumo, de recursos, de solidaridad y de la manera en que una sociedad decide qué hacer con aquello que tiene.

Cuando tiramos un alimento, no estamos descartando solamente un producto. También estamos descartando el agua que hizo falta para producirlo, la tierra, la energía, el transporte, el trabajo y el tiempo de todas las personas que hicieron posible que llegara hasta nosotros. Tiramos mucho más que aquello que vemos en el tacho.

La paradoja es tan clara como dolorosa: mientras millones de personas tienen dificultades para acceder de manera suficiente a los alimentos, una parte significativa de lo que se produce también se pierde o se desperdicia. No necesariamente porque esos alimentos sean de mala calidad, sino por excedentes, dificultades logísticas, estándares comerciales, problemas de distribución o fechas próximas de vencimiento.

El problema, entonces, no es solamente cuánto producimos, sino qué hacemos con aquello que producimos. Entre el alimento que sobra y la persona que lo necesita existe una cadena de decisiones, oportunidades y responsabilidades.

En Argentina, se estima que alrededor del 12,5% de la producción nacional de alimentos se pierde o desperdicia. Ese volumen podría alcanzar, según estimaciones, para cubrir la alimentación anual de 24 millones de personas.

Veinticuatro millones.

Es una cifra tan grande que cuesta imaginarla. Por eso conviene llevarla a una escena cotidiana: una familia sentada alrededor de una mesa. Un plato servido. Un chico comiendo. Una persona que vuelve a su casa sabiendo que esa noche hay algo para cenar.

Ahí los números dejan de ser números.

Alimentos recuperados

En este contexto, los Bancos de Alimentos cumplen un rol esencial: son el puente entre lo que sobra y lo que falta. Recuperan alimentos que todavía son aptos para el consumo y los acercan a organizaciones que trabajan todos los días con personas que necesitan asistencia. Durante el 2025 recuperaron más de 21 millones de kilos de alimentos. El 64% correspondió a alimentos de alto valor nutricional y permitió generar 63 millones de platos de comida, que llegaron, a través de 4.968 organizaciones sociales, a más de un millón de personas en todo el país. El 68% de quienes recibieron esa asistencia fueron niñas y niños.

Pero recuperar alimentos significa mucho más que evitar que terminen en la basura. Significa cambiar su destino. Convertir un excedente en alimento, un alimento en una oportunidad y una oportunidad en bienestar.

También significa cuidar el planeta porque producir alimentos requiere agua, tierra, energía, transporte y trabajo. Cuando esos alimentos se pierden, también se pierden todos esos recursos.

Un problema global

Durante el último año se evitó la emisión de más de 56 millones de kilos de CO equivalente y el desperdicio de más de 36 millones de metros cúbicos de agua utilizados para producir esos alimentos.

El problema tampoco es exclusivamente argentino. A nivel global, se pierden o desperdician más de 1.300 millones de toneladas de alimentos cada año.

La FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, estima que alrededor del 14% de los alimentos se pierde antes de llegar al comercio minorista y que otro 17% se desperdicia en hogares, servicios de alimentación y comercios.

Detrás de semejante cantidad hay una contradicción que debería interpelarnos: producimos alimentos en una escala enorme y, sin embargo, millones de personas siguen sin tener garantizado el derecho básico a alimentarse.

No se trata de pensar que todo alimento desperdiciado podría llegar mágicamente a quien lo necesita. El problema es mucho más complejo y atraviesa toda la cadena: producción, distribución, comercialización, almacenamiento, consumo y hábitos cotidianos. Justamente por eso hay responsabilidades en distintos lugares y también oportunidades concretas para hacer las cosas de otra manera.

Hay, además, algo más profundo detrás de esta problemática. Vivimos en una época acostumbrada a descartar. Tiramos lo que no usamos, reemplazamos lo que todavía funciona, cambiamos lo que dejó de parecernos nuevo. La lógica del descarte se instaló en nuestros hábitos mucho antes de que nos diéramos cuenta.

Una sociedad atravesada por la desigualdad

Pero la comida tiene algo diferente. Frente a un plato que termina en la basura, la pregunta aparece con una fuerza especial: ¿cómo llegamos a considerar desperdicio aquello que otra persona necesita para vivir?

Desperdiciar no es un acto inocente. En una sociedad atravesada por la desigualdad, lo que para algunos puede ser un sobrante, para otros puede representar una comida.

El 29 de septiembre no debería ser solamente una fecha para hablar de kilos de alimentos recuperados. Debería ser una oportunidad para revisar nuestra propia relación con aquello que tenemos. Para preguntarnos cuánto consumimos, cuánto compramos de más, cuánto dejamos vencer, cuánto servimos sin necesidad y cuánto estamos dispuestos a cambiar.

Porque hay desperdicios que son inevitables y otros que son decisiones.

Una sociedad también se define por la manera en que administra sus excedentes, y si ese sobrante se convierte en basura o en oportunidad.

Tal vez por eso este 29 de septiembre el verdadero llamado sea a aprender a mirar de nuevo aquello que creemos que ya no tiene valor, porque muchas veces el problema no está en lo que sobra, sino en quién decide qué merece ser aprovechado y qué puede ser descartado.

Temas
Ver más

Tu comentario

Te Puede Interesar