Las peores tragedias del Turismo Carretera, una “estela de sangre” entre San Justo y Necochea

La categoría mayor del automovilismo nacional es pasión de multitudes, pero en las épocas en que se corría en ruta hubo accidentes en los que fallecieron decenas de espectadores.

Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB

Hay una actividad deportiva que tiene un fuerte arraigo en la provincia de Buenos Aires, a la par del fútbol e incluso a veces superior: el Turismo Carretera, o simplemente TC. La mayor categoría automovilística de Argentina nació en 1937 y moviliza pasiones de familias enteras que se preparan durante la semana, viajan, se instalan junto a los autódromos y hacen asados mientras esperan para ver a sus ídolos. Esa locura del público, que comenzó cuando el TC se corría en las rutas -de allí su nombre-, también tuvo, lamentablemente, su lado oscuro, ya que por la acumulación de gente junto a las pistas, sumado a normas de seguridad insuficientes, hubo accidentes terribles que dejaron decenas de muertos solo en territorio bonaerense. 

En los primeros años, cuando se corría en las “rutas argentinas hasta el fin” a las que le cantó Luis Alberto Spinetta, hubo muchos fallecidos entre pilotos y acompañantes. De hecho, se contabilizan 87 muertes entre 1937 y 1967. Pero el primer gran accidente que involucró al público sucedió el 11 de diciembre de 1960 en San Justo, partido de La Matanza. 

La rotonda fatal

Ese día, según cuenta el medio matancero El 1 Digital, los coches habían iniciado la sexta y última etapa del Gran Premio 1960 en Córdoba. Luego tuvieron la neutralización en Rosario y desde allí debían dirigirse al Autódromo Municipal porteño, donde terminaría la carrera. Uno de los pasos obligados era la Ruta 4 o Camino de Cintura, ya que tenían que transitar desde Morón con destino a la Riccheri.

Antes del mediodía miles de fanáticos comenzaron a ubicarse al costado de la ruta y la mayor concentración de espectadores se dio en la rotonda de San Justo, en la intersección de las Rutas 3 y 4. Ahí había tanta gente que el asfalto se perdía: los espectadores se abrían cuando pasaba un auto y luego volvían a invadir la ruta. 

Pasadas las dos de la tarde, uno de los líderes de la competencia, Juan Carlos Navone, llegó a más de 200 km/h a la rotonda pero como había tanta gente no sabía dónde tenía que frenar. Cuando se dio cuenta ya era tarde y se fue directo contra la multitud. Seis espectadores fallecieron y hubo decenas de heridos. En tanto, casi al mismo tiempo que el accidente de Navone, una moto se cruzó frente al Ford de Plinio Rosetto. Los ocupantes del rodado menor impactaron contra un camión estacionado, lo que provocó la muerte del conductor, y el coche de Rosetto terminó contra el público, entre los que se registraron ocho fallecidos. Un título de Clarín del día siguiente habla de “la estela de sangre del Gran Premio”, que se había cobrado quince víctimas. Eso sí: la tapa estaba repartida entre la carrera y un accidente aéreo en San Andrés de Giles en el que fallecieron 31 personas. “AYER: MALA JORNADA”, sintetizaba el diario argentino.

El Turismo Carretera y sus tragedias. (Agencia DIB)

El dolor del ‘68

Pasaron los años y llegó el trágico 1968. En la Vuelta de Balcarce-Lobería disputada el 28 de abril murieron dos pilotos, tres acompañantes y, además, tres espectadores. Jorge Kissling -hermano de Guillermo, un histórico del automovilismo nacional- debutó ese día en el TC en un Torino, con Enrique Duplán en la butaca derecha. Un problema mecánico hizo que el auto volcara. Cayó nafta sobre el escape y ambos ocupantes murieron calcinados.

Más tarde hubo otro hecho que tuvo como protagonistas a Plinio Rosetto -uno de los que participó en el “sangriento” Gran Premio del ’60- y Luis Gargiulo. Un toque entre las ruedas de los autos derivó en el vuelco de ambos coches, que terminaron en un campo lindero. Murió uno de los acompañantes. Mientras que el tresarroyense Segundo Taraborelli y su coequiper Santiago Bonavento fallecieron cuando su Torino se despistó, chocó contra un camión estacionado sobre la banquina y se prendió fuego. En ese accidente perdieron la vida los tres espectadores mencionados.

Los ‘80 y el horror en Necochea

En 1981 y 1986 hubo dos accidentes protagonizados por Miguel Ángel Atauri. El primero fue en la Vuelta de Ayacucho: en la tercera vuelta, el auto del dolorense se despistó, se fue contra los espectadores y mató a tres personas. En el ‘86, mientras tanto, una tragedia similar ocurrió en La Plata, y en este caso los fallecidos fueron dos.

El siguiente gran desastre del Turismo Carretera ocurrió en Necochea. El 6 de marzo de 1988, mientras el país seguía conmocionado por la muerte de Alberto Olmedo, se disputaba en el circuito “Benedicto Campos” de Quequén la segunda fecha de la temporada del TC, la Vuelta de Necochea. Había unos 20 mil espectadores que abarrotaban los alrededores y la ubicación del público era una de las principales preocupaciones por la cercanía con la ruta. 

No obstante el descontrol, las series se pusieron en marcha. El primer parcial fue ganado por Osvaldo “Pato” Morresi al volante de un Chevrolet y el segundo quedó para el Dodge de Oscar Angeletti. 

La tragedia ocurrió en la vuelta 15 de la final, mientras punteaba Roberto Mouras. Al Dodge de Edgardo Caparrós se le rompió un neumático y se despistó sobre la Avenida Almirante Brown, a unos 500 metros de llegar a la última rotonda, antes de empalmar la Ruta 88. El automóvil se fue directo contra una zona con muchísimo público. Hubo trece muertos -doce espectadores, casi todos en el acto y otro que murió seis días después, y el acompañante del piloto- y alrededor de 30 heridos. 

El medio local Ecos Diarios tituló en su segunda sección: “En un instante se tronchó la fiesta y sobrevino el horror”. En una nota se comenta que “la muerte sembró el luto en La Dulce, Lobería, Balcarce, Juárez, Mar del Plata y Necochea”, en referencia a los lugares de origen de los espectadores fallecidos. 

La última carrera de TC en ruta fue 60 años después de su creación, el 16 de febrero de 1997 en Santa Teresita. Las tragedias a lo largo de su historia -en 1992 y 1994 habían fallecido Roberto Mouras y Osvaldo Morresi en sendos accidentes- hicieron inviable que se continuara corriendo en carreteras. No obstante, la locura continúa y el TC sigue siendo, año tras año, pasión de multitudes. (DIB) MM

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