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22/01/2022
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Catamarca en cuatro puntos cardinales

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Catamarca es una de esas provincias que en cada rincón tiene una historia para conocer. La ruta de los seismiles o la del Adobe, junto a las termas de Fiambalá y los pueblitos escondidos de la Puna, son sólo algunos de los tantos ejemplos. Esos atractivos se encuentran en todo el territorio: Puna, el oeste, la Capital (San Fernando del Valle) y el Este.

En la Puna, bien al norte, está Antofagasta de la Sierra, con sus paisajes desérticos y rústicos que albergan volcanes, salares de blanco profundo, campos de lava negra y uno de los atractivos más sobresalientes de la provincia: el Campo de Piedra Pómez, un inmenso laberinto natural de rocas de 25 kilómetros de extensión considerado único en el mundo.

En las afueras de El Peñón, muy cerca del volcán Carachi Pampa, la actividad volcánica gestó ese territorio de suelo arenoso donde dominan unas formaciones extrañas de roca color talco y ocre con puntas rosadas, como copos de merengue, que se recortan en diagonales contra el cielo azul.  El paisaje, a primera vista, parece lunar. Y cambia de colores, de acuerdo a la luz, el color del cielo y las sombras que las piedras porosas dibujan en la tierra.

El campo es un Área Natural Protegida, a unos 550 kilómetros al noroeste de San Fernando del Valle, en el departamento de Antofagasta de la Sierra, que atesora paisajes que muchos definen como de otro planeta. Se trata de un valle ubicado a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), con más de 5.000 formaciones rocosas que se extienden por unos 25 kilómetros, rodeado de inmensos salares, cadenas montañosas y más de 200 volcanes cuya actividad marcó el paisaje hace miles de millones de años, según expertos. 

Uno que se destaca es el volcán Galán, un fenómeno de la geología, con unos de los cráteres más grandes del mundo, donde se puede observar la Laguna Diamante, en cuyas aguas transparentes conviven parinas y flamencos.

En dos ruedas la provincia también tiene circuitos para conocer. (Turismo de Catamarca)

Aires del oeste

La región oeste, considerada “la joya” turística de la provincia, combina en sus paisajes los ocres del adobe y las dunas, los verdes de los Valles Calchaquíes, el rosa de la rodocrosita y los cerros más altos de América, con glaciares, lagunas y aguas termales.

En esa zona se encuentra la Ruta Nacional 60, que en sus 55 kilómetros entre Tinogasta y Fiambalá alberga la Ruta del Adobe, con antiguas construcciones edificadas con la milenaria técnica diaguita en base a tierra, agua y estiércol, a veces con estructura de cañas.

En el trayecto se pueden ver viviendas nuevas construidas con ese material y también algunas iglesias de adobe con más de 300 años de historia, que son las más antiguas en pie en la provincia, y se conservan gracias a la sequedad del clima que conserva firme los materiales.

La Ruta 60 llega hasta el límite internacional con Chile, en el Paso de San Francisco, donde los visitantes encuentran la famosa Ruta de los Seismiles, por ser la zona de las cumbres más elevadas de la Cordillera de los Andes, con unas 20 cimas que superan los 6.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), entre ellas las de los volcanes Pissis y Ojos del Salado.

En esta región, una de las visitas obligadas es a las Dunas de Tatón, vecinas al pueblo del mismo nombre, donde se encuentra la duna más alta del mundo, con 1.230 metros de alto, denominada “Federico Kirbus” en honor a su descubridor, con la base a 1.615 msnm.

El aire en este punto de Catamarca es puro y acaricia con las brizas las montañas de arena, mientras en el vigoroso silencio solo se percibe la paz, la tranquilidad en las cumbres de la inmensidad. A esto se suma la adrenalina incomparable de deslizarse cuesta abajo; bien vale el esfuerzo de trepar los gigantes médanos bajo el intenso sol cordillerano.

Un buen consejo es ir a la zona al atardecer, llevar agua y tener cuidado con las piruetas, más allá que uno se crea un especialista. Las dunas invitan a trepar y pegar volteretas en el aire, pero la arena puede ser traicionera con los tobillos. Si bien se puede ir todo el año, en verano las altas temperaturas complican la estadía. 

En cuanto al Paraje de Tatón, la población más cercana a este atractivo turístico, se trata de un pintoresco pueblito de pocos habitantes, donde se cosecha la vid y se vive a ritmo lento. La cercanía con las Termas de Fiambalá permite combinar la adrenalina con el máximo relax.

En esa zona, los visitantes también pueden relajarse en las aguas del complejo Termas de Fiambalá, que emergen a 1.750 msnm en una quebrada a los pies de la cordillera y se distribuyen en 14 piletas de piedra, con temperaturas que oscilan entre los 28 y 51 grados.

La iglesia san Francisco, en la capital provincial. (Turismo de Catamarca)

Rumbo al pasado

La misma región es atravesada por la Ruta Nacional 40, que lleva a los visitantes a atractivos como el sitio arqueológico de Shincal de Quimivil, declarado monumento Histórico Nacional, donde funcionó el centro administrativo más importante del Sur del Imperio Inca.

El Shincal, vecino a la localidad de Londres, es considerada la capital de una provincia construida y habitada por los Incas entre 1470 y 1536. Es un parque arqueológico ubicado a 25 kilómetros de Belén. Sus ruinas, desarrolladas sobre un terreno desigual a 1.240 metros de altura y con una extensión aproximada de un kilómetro cuadrado, deben su nombre a una espesa vegetación característica de la zona llamada Shinqui.

El predio cuenta con un centro de interpretación y museo en el cual se exhiben elementos correspondientes a la Cultura Belén, que tuvo una fuerte influencia inca. El Shincal cuenta con una plaza central con un ushnu, que es un pequeño montículo piramidal que simboliza el poder incaico, y un centenar de edificaciones tales como diversos depósitos, llamados kollkas y tampus. Además, tiene una especie de cuartel con viviendas de paredes de piedras, llamadas pirca, del tipo kallanka, que son pabellones rectangulares.

Unos 15 kilómetros al norte, por la misma mítica carretera 40, se encuentra la ciudad de Belén, conocida como la “Cuna del Poncho”, que ofrece numerosos atractivos, entre los que destaca La Ruta del Telar, donde artesanas de nivel internacional muestran cómo se confeccionan ponchos y mantas de vicuña u otros animales. En Belén, los turistas pueden encontrar comidas, bebidas y confituras típicas de la zona, entre ellas el plato más distintivo del lugar, llamado gigote, además de vinos regionales y postres típicos, como nuez confitada y cayote.

Levantada sobre un pintoresco paisaje serrano y a la vera del río que repite su nombre, la ciudad de unos 30 mil habitantes está rodeada de valles fértiles donde se cultiva la nuez, la uva y el anís, mientras su fauna se constituye por vicuñas y llamas. Pero sobre todas las cosas, hay un atractivo que se repite en cada calle del pueblo: las variedades de artesanías. También sobresalen en esta región las bodegas de vinos que invitan a deleitarse con sus sabores, y la explotación minera de Farallón Negro, desde donde se extrae oro y plata como minerales de mayor importancia.

Belén es el más antiguo de los territorios de la actual provincia, y la llegada de los Incas data del año 1480. La actual villa fue fundada el 20 de diciembre de 1681 y su nombre fue en honor a la patrona del pueblo: “La Virgen de Belén”.

La zona, comprendida por la puna, valles y quebradas, albergó culturas que se relacionaban a partir del intercambio de productos. Las lanas y carnes de llama que poseían los pastores puneños eran comercializadas por los pobladores de las zonas más bajas, que tenían maíz, algarrobo y chañar. La fluida circulación de productos habilitó diferentes caracteres culturales que los arqueólogos diferencian a través de los estilos cerámicos.

A 60 kilómetros al norte de Belén está Hualfin, tierra del bravo Cacique Chelemin y sus hualfines (pueblo originario diaguita). El significado de su nombre es “Pueblo rodeado de Fortificaciones”, en referencia a la presencia de importantes yacimientos arqueológicos de gran relevancia cultural y arqueológica. Paisaje árido, tierras coloradas y un curioso cementerio multicolor al lado de la ruta dan la bienvenida al lugar. En el pueblo se destacan las vides, las aguas termales y la capilla Nuestra Señora del Rosario, que data de 1770.

Un viaje al pasado en la comunidad de Fuerte Quemado. (Turismo Catamarca)

Travesía por los valles

Más al norte, la 40 llega a la capital de los Valles Calchaquíes, Santa María del Yokavil, una ciudad de altura, con paisajes y cerros coloridos, y un importante reservorio de sitios arqueológicos de antiguas ciudades diaguitas y calchaquíes. Conocida como el portal de los Valles Calchaquíes, es un lugar mágico, donde se conjugan el paisaje y la cultura, un lugar con historia, arqueología en abundancia ya que es considerada también como la Capital Nacional de la Arqueológica.

Desde Santa María de Yokavil, se puede interactuar con la Comunidad de Fuerte Quemado, un pueblo con encanto; asimismo se pueden recorrer los cerros acompañados con llamas, probar las famosas masitas de capia (maíz típico del lugar), con dulce de leche blanco, que se desarman en la boca como una delicia única en su tipo entre muchos platos típico más del lugar.   

Otra cita obligada de la región es la ciudad de Andalgalá, donde abunda la piedra nacional, que es la rodocrosita o rosa del inca. Como todo el territorio catamarqueño, esta zona ostenta siglos de nutrida ocupación de pueblos originarios, que a la llegada de los españoles se concentraban en las tribus calchaquíes como parcialidad de los andalagalas. Llegar hasta aquí es ingresar en un paisaje montañoso de nieves eternas, sierras, ríos, olivos, aventura y piedras semi-preciosas.

Y justamente uno de los recorridos más elegidos por los turistas es uno vinculado a éste tipo de turismo: se trata de la Mina Santa Rita. Atravesando la localidad de Chaquiago y Choya, y “trepando” la desafiante cornisa de la cuesta de Capillitas se llega a este complejo minero de antigua explotación que le dio a Andalgalá, durante años, grandes satisfacciones por su gran producción, principalmente de Rodocrosita. Por su estructura y hermosa coloración rosada, es una de las más llamativas del mundo. Se dice por estos lados que la Rosa del Inca, también llamada Rodocrosita, simboliza perdón y amor.

En la zona de la Capital sobresale el recorrido histórico religioso de la Virgen del Valle, con la Gruta de la Virgen, donde fue encontrada su imagen, hasta la Catedral Basílica Nuestra Señora del Valle, en la explanada de la plaza central de la provincia.

En un radio de 60 kilómetros de la capital provincial hay varias villas turísticas, como El Rodeo, Las Juntas, La Puerta y Los Ángeles, todas con ríos de aguas mansas y claras, donde los turistas pueden refugiarse del agobiante calor de la temporada estival. El senderismo, las cabalgatas, paseos en bicicleta de montaña y los safaris fotográficos con avistamiento tanto de fauna como de flora son actividades comunes en la zona. (DIB) FD

 
 

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