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26/11/2021
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Dejó el hospital, vendió todo y se fue a entrenar con los mejores del mundo

Silvina Ocampos es de Punta Alta, especialista en salto triple, y recibida de enfermera trabajó toda la pandemia en el área Covid del Hospital Penna. Hoy cumple dos semanas en España.

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Por Gastón M. Luppi, de la redacción de DIB

Silvina Ocampos cumple dos semanas en Guadalajara, España. Vendió la heladera, el Clío 2004 que aún no había terminado de pagar y renunció a su trabajo en el Hospital Penna de Bahía Blanca, donde en el área Covid estrenó su matrícula de enfermera. Es que a finales del año pasado decidió dedicarse de lleno al atletismo y ahora acaba de dar un paso de gigante en esa dirección.

La deportista de Punta Alta, de 25 años, es especialista en salto triple. A finales de 2020, Rosario fue la sede del 100º Campeonato Nacional de Atletismo, “Braian Toledo”, una de las primeras competencias importantes que se realizaron en medio de la pandemia. Allí, con un mejor salto de 12,80 metros, se consagró campeona nacional. “Ahí me dije: ‘Esto tiene que ser el comienzo de algo grande’, y empecé a formar un equipo de trabajo”, le cuenta Ocampos a la Agencia DIB desde España.

Así terminaba su 2020, un año atravesado por la pandemia que la tuvo en la primera línea de la pelea. “Me recibí de enfermera en diciembre de 2019, en los primeros meses de 2020 estuve trabajando en hogares de ancianos y en junio surgió la posibilidad de entrar al hospital Penna, que es donde había estudiado, justamente por la emergencia sanitaria que se estaba viviendo”, recuerda. “Entré en junio, todavía no tenía título y nos adelantaron una matrícula provisoria”, pone en contexto, y sigue el relato: “Me tocó el área Covid. Al principio era una locura, había mucho desconocimiento, tenía miedo, incertidumbre de no saber cómo te ibas a contagiar, ni qué medidas tomar para no contagiarte”.

En el aire. Ocampos, en septiembre, durante una competencia en Mar del Plata. – Pablo Casoli (IG: @mdpatletismo) –

Si bien todavía no estaba tomada la decisión de dedicarse de lleno al deporte, Ocampos ya era atleta y además jugaba al básquet. Y en plena pandemia -y trabajando en el hospital- se las rebuscaba para entrenarse. “Fue superdifícil. Salía de casa para ir al hospital, volvía y entrenaba en el poco lugar que tenía; hacía lo que podía”. Y repasa: “Vivía en la casa de mi mamá, con un patio mediano, y del gimnasio me prestaron peso y unas barras. Fue adaptarme: sacaba las sillas para poder usarlas como vallas; en la entrada hacía dos o tres pasos y un salto triple para no olvidarme la técnica; los vecinos salían, miraban y algunos me felicitaban por seguir entrenando. ¡Fue una locura!”.

Con el tiempo algunas restricciones fueron quedando atrás y, por ejemplo, reabrieron los gimnasios. Pero… “Tenía dos cuestiones: por un lado, el miedo de contagiarme y de contagiar a alguien más sin darme cuenta. Y la otra cuestión, no digo que haya sido algo generalizado, pero sí había gente a la que le decía: ‘Trabajo en un hospital, soy enfermera’, y ni hablar si decía: ‘Trabajo en área Covid’, y me excluían. De hecho, estuve un tiempo sin entrar a un gimnasio por ser enfermera”.

Lluvia de seguidores

Después de aquel Nacional de finales de 2020, cuando decidió dedicarse de lleno al atletismo, el horizonte estaba puesto en el 52º Campeonato Sudamericano de atletismo que se iba a desarrollar en mayo en Buenos Aires. Ocampos armó el equipo de trabajo con preparador físico, nutricionista y coach espiritual -últimamente sumó también nueva entrenadora en la pista-. “Y enseguida tuvo sus resultados, porque en marzo arranqué el año con una marca de 13,30”, le explica a DIB.

Sin embargo, por la pandemia, el Sudamericano cambió de país y la amplia lista de deportistas argentinos convocados se redujo drásticamente. “Toda la pandemia entrené pensando en ese torneo. Y en marzo, cuando salté 13,30, ya me veía adentro porque la marca mínima era de 13,10. Pero cinco días antes de subir al avión nos dijeron: ‘No viajan, no les vamos a dar el avión’. Fue una frustración tremenda, era mi primer torneo internacional”.

Silvina Ocampos vive sus primeros días en Guadalajara. – Instagram: @silvina.ocampos –

Perderse el Sudamericano no solo implicaba resignar la chance de competir. “Si lo ganabas, clasificabas directamente al Mundial. Además, daba una importante cantidad de puntos para el ranking mundial, y estaba la posibilidad de clasificar a los Juegos de Tokio… Eran muchas las cosas que estaban en juego, no era que íbamos a competir y nada más”.

Cuentan los deportistas que se enteraron de aquella decisión no solo sobre la fecha, sino también de manera muy informal. “Fue superfrustrante y enseguida dijimos: ‘No va a quedar así’. Apenas terminamos la videollamada todos los atletas de la selección hicimos un grupo de Whatsapp y empezamos a movernos. Y a través de uno de los chicos pudimos comunicarnos con [el influencer] ‘Santi’ Maratea, que fue el que juntó la plata y alquilamos un avión privado que nos llevó hasta Ecuador”.

En Guayaquil, Ocampos no pudo repetir sus últimos antecedentes. Con un mejor registro de 12,72 metros, finalizó en el séptimo puesto. Pero, no obstante, aquella experiencia que comenzó traumática, “dejó un saldo superpositivo”. El influencer Maratea no solo logró el dinero para costear el avión, sino que viajó a Ecuador y ayudó a la difusión de la competencia. A su vez, en su cuenta de Instagram [hoy está cerca de los 2 millones de seguidores] presentó a cada uno de los argentinos que compitió, a quienes les permitió sumar decenas de miles de seguidores; Ocampos hoy anda por los 65 mil.

“Visto desde ahora, el saldo fue superpositivo. Muchísima gente nos empezó a conocer a partir de aquello y muchos chicos consiguieron auspicios de marcas y cosas importantes. Más allá del trago amargo que nos comimos por la falta de apoyo económico, fue un saldo superpositivo por todo el cariño y apoyo que recibimos de la gente, por el reconocimiento que recibió el atletismo argentino”.

El encontrarse de repente con decenas de miles de seguidores en las redes sociales representa todo un desafío hacia adelante. Esos seguidores son “prestados” por Maratea y no es tarea sencilla retenerlos. “Le doy bastante bolilla, aunque todavía estoy aprendiendo”, confiesa Ocampos. “Hay mucha gente que nos empezó a seguir porque fue el boom en ese momento, pero así como te siguen, también te dejan de seguir. Desde el Sudamericano hasta ahora perdí cerca de 6.000, 7.000 seguidores, y hay chicos que perdieron alrededor de 20.000”, le explica a la Agencia DIB.

“Coincidimos en que es el número 1, ¿no? Gracias @santimaratea”. – Instagram: @silvina.ocampos –

A través de Instagram va compartiendo sus primeros días en España: cuenta sus sensaciones, muestra el lugar de entrenamiento, recorre Guadalajara. “Aprovecho esto para generar contenido”, explica con lenguaje de redes sociales. “No sé si es está bien, pero son las reglas del juego: hoy en día generar contenido es superimportante. Tenés que ser medio pillo, ir viendo qué es lo que le gusta a la gente. Es difícil, te das cuenta en las publicaciones: por ahí subís una publicación y tenés 500 me gusta, y subís otra y tenés 300, y otra, 1.600… Es prueba y error”.

Temporada “indoor”

La chance de viajar a España se dio de manera precipitada y Ocampos ni lo dudó. “La idea era poder viajar el año que viene, en mayo, antes del Iberoamericano. Pero en el club donde estoy entrenando tenían lugar a partir de octubre, me preguntaron si quería venir y ni lo dudé”. Dejó el trabajo en el hospital Penna y vendió “todo lo que tenía” para comprar los pasajes y costear un poco su estancia allá. “Tenía un Clío 2004 que estaba pagando desde hacía un año y hacía poco había comprado una heladera porque me había mudado a un departamento en Bahía. Cosas materiales que tenía en la casa, que no las iba a usar… Y dije: ‘Vendo todo’”.

En Guadalajara se instaló en una residencia estudiantil y el primer objetivo es hacer la puesta a punto para en diciembre empezar a competir “indoor” (bajo techo), “algo nuevo para mí”. Además, tiene chances de trabajar pero también está la posibilidad de cobrar la participación en algunas de esas competencias. Su idea es comenzar en diciembre, ya que en enero y febrero es el turno de fechas “fuertes” para el calendario “indoor”. “En marzo está el campeonato mundial de pista cubierta: un objetivo es acercarme lo más que pueda, pero estaría genial poder estar ahí. Y después, como objetivo a largo plazo, buscaré conseguir la clasificación al Mundial que se hace en julio en Estados Unidos. Y de acá a tres años, París 2024”.

Las estadísticas

Si bien en las estadísticas de la Confederación Argentina de Atletismo figura con un mejor salto de 12,99 metros en el Provincial de este año en Mar del Plata, en ese torneo Ocampos se impuso con un registro de 13,30 metros, aunque la velocidad del viento (+2,5m/s) excedía los 2m/s que establece el reglamento para homologar los récords. Y explica: “Esas marcas te sirven para ganar un torneo y también para tener un parámetro. Y además, también sirven para que te tengan en cuenta para algún torneo internacional”.

A propósito de las estadísticas, el récord nacional de salto triple está en poder de Andrea Ávila, desde 1993 con 13,91 metros. Ocampos está ahora a 61 centímetros de esa marca y tiene como objetivo no muy lejano alcanzar los 14 metros.

“Es muy fuerte, todavía no caigo”

La venezolana Yulimar Rojas fue una de las figuras destacadas de los Juegos Olímpicos de Tokio. Con un mejor registro de 15,67 metros, no solo logró la medalla de oro en la prueba del salto triple, sino que además destrozó el récord mundial que desde 1995 estaba en poder de la ucraniana Inessa Kravets: 15,50.

“Con Yulimar entrenamos en el mismo lugar”, dice como si nada Silvina Ocampos, quien de Guadalajara también destaca figuras de la talla de la española Ana Peleteiro, bronce en Tokio; el cubano Jordan Díaz, oro en los Juegos de la Juventud de Buenos Aires; el cubano dos veces olímpico Alexis Copello… Sigue la lista, y admite: “Es muy fuerte. Los enumero así, como si nada, porque todavía no caigo. Hasta hace unas semanas a todos estos atletas que hoy entrenan conmigo los ‘stalkeaba’ (espiaba) en Instagram. Y hace dos meses, o tres, pensaba: ‘Guau, algún día en mi vida los voy a conocer’, pero lo decía como algo muy lejano. Y ahora estoy acá, entrenando con ellos, viviendo el día a día con ellos. Es una locura, todavía no lo entiendo. Por eso lo cuento con toda naturalidad porque todavía no caigo”. (DIB) GML

 
 

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