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28/09/2021
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Romanticismo a flor de piel

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BRUJAS

Al noroeste de Bélgica, Brujas es una urbe medieval con pintorescos canales, una veintena de museos, tiendas de chocolate y un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad. Una forma de recorrerla es a través de sus canales, tomando una pequeña barca que atraviesa los numerosos puentes que conectan las calles de la ciudad.

Algunos de los puntos de interés son el Mercado del Pescado, o Vismarkt, que data de 1821 y donde hay restaurantes y artesanos. También aquí se encuentra la Plaza de los Curtidores, popular entre los artistas y de ambiente agradable e íntimo para admirar las pinturas con una mente creativa.

A tan sólo dos minutos de allí destaca el Muelle del Rosario, uno de los lugares más bellos y fotografiados de toda Brujas. Ideal para enamorarse o ir en pareja, de este lugar parten excursiones por los canales que llevan a través de edificios medievales, casas con fachadas clásicas, un mercado de antigüedades, bares y restaurantes. Sobre los canales también destaca otro de los rincones más bellos: “la Orilla Verde”, al sur de la Plaza Burg y donde cobran protagonismo los puentes medievales Johanele y Caballo.

Párrafo aparte para Minnewater (Lago del Amor), el parque más romántico y encantador. Desde su puente, construido en el año 1970, se pueden obtener maravillosas vistas panorámicas y apreciar los cientos de cisnes que disfrutan en el agua.

PRAGA

Pese a que República Checa es un país que solo existe desde 1993, sabe exhibir muy bien su emocionante historia. Denominada “la ciudad dorada”, es considerada como una de las metrópolis más hermosas del mundo y su cultura e historia están en cada rincón de las calles y en la gente. Es bella, romántica, bohemia y, sobre todo, ordenada.

Sin duda, uno de los grandes atractivos de esta capital, está en el casco histórico, que incluye el Castillo de Praga, el Barrio Pequeño, la Ciudad Vieja, el Puente Carlos y el barrio de Josefov. Y además se puede seguir en un circuito los pasos del famoso escritor checo Franz Kafka.

Sus calles barrocas y su derroche arquitectónico invitan a caminarla con paciencia, sobre todo por los recovecos de Staré Město (La Ciudad Vieja) y Hradčany (el Barrio del Castillo). Emplazada alrededor del río Moldava, se desprende de ella una atmósfera especial que se puede respirar entre sus calles, castillos, iglesias y puentes medievales.

El Barrio del Castillo es imperdible. Con aspecto de fortificación, está compuesto por palacios y edificios conectados por pintorescas calles y tiene la particularidad que allí está la residencia del Presidente.

Bohemia y ordenada, Praga es simplemente imponente. (Archivo)

VENECIA

Venecia es uno de esos destinos que no importa perderse, porque siempre uno termina en un lugar más lindo que el anterior. Formada por 118 islas y ubicada sobre el mar Adriático, está rodeada de canales y maravillosos puentes (hay unos 450 en total) que la abrazan. Su fundación se remonta al 421, aunque recién consiguió su apogeo gracias a la actividad portuaria en el siglo XV cuando albergaba a 200 mil personas.

Lo que siglos atrás fue el cimiento del “imperio comercial” que controló el mar Mediterráneo, hoy se representa en la plaza San Marcos, la más importante y el centro emblemático de la ciudad. Los edificios más importantes que la rodean son la Basílica de San Marcos, el Palacio Ducal, y la Torre del Reloj, aunque hay otras construcciones que también merecen su atención como los palacios Ca’ d’Oro y Ca’ Rezzonico, situados ambos sobre el Gran Canal.

La vida en el lugar invita a improvisar el camino sobre la marcha. Un puente, una callecita, otra aún más angosta. Alejándonos un poco de este punto neurálgico que concentra diariamente a miles de viajeros, Venecia tiene también sus rincones tranquilos. Uno de ellos es el barrio de Cannaregio, en el norte de la ciudad.

El barrio más grande es el de Castello, donde el enorme astillero Arsenale llama la atención de los visitantes, como así el Museo Naval. Pero uno de los puntos clave es la Basílica de Santi Giovanni e Paolo, la iglesia más grande de la ciudad.

LISBOA

Pensar en Lisboa, la capital de Portugal, es pensar en piedra, muros del siglo XV, en adoquines descolocados de las calles y en el río Tajo que corre lento hacia el Atlántico. es conocida la ciudad de la luz, del fado y sobre todo de las siete colinas, en honor a sus empinadas calles. Moderna en muchos sentidos, lo que la ayudó a crecer turísticamente en las últimas décadas, mantiene sus aires antiguos y románticos.

Las plazas siempre son un buen punto de partida para comenzar el recorrido. Y la de Comercio, la más importante, es la ideal. Donde históricamente llegaban los barcos mercantes por ser la puerta de Lisboa, fue construida donde estuvo situado el palacio real antes de ser destruido por el gran terremoto de 1755.

A la hora de conocer los monumentos históricos, debemos llegar hasta la Catedral, comúnmente llamada Sé de Lisboa. Su construcción data del siglo XII y su estilo predominante es el románico. También vinculado a lo religioso, está el Monasterio de los Jerónimos, que inició su construcción en 1501. Y cerca de allí está el símbolo de Lisboa: la Torre de Belém, que se construyó a principios del siglo XVI a orillas del Tajo como una estructura defensiva y también para dar la bienvenida a los viajeros que regresaban de explorar el mundo. Esta joya de la arquitectura tiene cinco pisos y termina en una bella terraza.

 
 

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