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15/10/2021
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Dermatitis atópica, una enfermedad que no solo afecta a la piel

Es una afección común que padecen en forma predominante los niños pero puede persistir, reaparecer o debutar en la adultez con una prevalencia estimada entre 2% al 8%.

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La dermatitis atópica (DA) es una afección común que padecen en forma predominante los niños pero puede persistir, reaparecer o debutar en la adultez y, en todos los casos, la picazón puede provocar la privación del sueño y tener un impacto considerable en la calidad de vida.

Además, es más probable que los pacientes con dermatitis atópica requieran, también, tratamiento para las comorbilidades atópicas asociadas (es decir, presencia de dos o más enfermedades al mismo tiempo en una misma persona) como asma, rinitis alérgica y alergia a alimento, sufriendo una carga de enfermedad aún mayor. También se observa una mayor prevalencia de depresión y ansiedad. Además, la enfermedad moderada-grave no controlada, se asocia con un mayor riesgo cardiovascular.

Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica o crónicamente recurrente, que puede tener una amplia gama de presentaciones, y se caracteriza principalmente por piel seca, prurito intenso y lesiones cutáneas inflamatorias localizados (eccemas), que son significativamente debilitantes.

El impacto en la calidad de vida de los pacientes afectados y sus convivientes es significativo. La picazón grave afecta el crecimiento y el desarrollo del niño, generándoles dificultades para concentrarse en la escuela y la capacidad neurocognitiva tanto ellos como en los adultos. Esta alteración del sueño, junto con el prurito intenso y los laboriosos regímenes de tratamiento tópico, resultan en días de baja laboral y afecta las relaciones interpersonales.   

Además, no es sólo una enfermedad de la piel; a menudo provoca ansiedad y depresión, puede generar, por ejemplo, complicaciones oculares, además de generar otras enfermedades crónicas.

El tratamiento implica, en primer lugar, un adecuado cuidado de la piel, que incluye indicaciones de baño y uso de humectantes. Además, distintas opciones de tratamientos tópicos para las lesiones de eccema, y para los casos refractarios el uso de inmunomoduladores o los nuevos tratamientos biológicos que brindan un actual panorama esperanzador, que se incrementará dada la intensa investigación en curso.

De todos modos, lo más importante siempre, es recibir una consulta especializada de manera temprana. La atención oportuna y adecuada les permitirá a los pacientes mejorar su calidad de vida.

Encuesta: la pandemia y la enfermedad

La Asociación de Dermatitis Atópica Argentina (ADAR) y la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), dos organizaciones que trabajan para acompañar y asesorar a personas con esta enfermedad y a sus familias, se unieron para llevar adelante una encuesta sobre la situación que atravesaron (y atraviesan) los pacientes a partir de la pandemia de Covid-19, desde marzo de 2020; indagaron sobre sobre calidad de vida, acceso a la salud, la situación laboral, hábitos de alimentación, actividad física y los niveles de estrés. 

La encuesta, denominada ‘Evolución de los pacientes con dermatitis atópica durante la pandemia COVID-19’, fue implementada en forma online entre el 12 de junio y el 8 de julio de este año; participaron 535 pacientes de todo el país, con reclutamiento vía redes sociales, grupos de Whatsapp y el mailing de ambas organizaciones.

Ansiedad (52,9%), angustia (43,2%), cansancio (40,4%) y desgaste (39,6%) fueron los principales sentimientos experimentados por los pacientes en relación con su enfermedad durante la cuarentena. “Todos hemos atravesado emociones de este tipo a lo largo de estos 18 meses, pero la coexistencia de una enfermedad crónica exacerba la situación, acentuando o agrandando otras complicaciones que enfrentamos”, sostuvo Mariana Palacios, presidente de ADAR.

Antes de la cuarentena, el 62,1% estaba en tratamiento para su dermatitis atópica (sobre todo, con cremas emolientes o humectantes y corticoides en crema), pero el 18,1% lo tuvo que discontinuar, en general por motivos económicos y 1 de cada 10 decidió -por su cuenta- suspender la medicación por temor al Covid-19.

La pandemia, al igual que en el resto de la gente, impactó en el plano laboral: un 13% de los pacientes perdió su empleo contra un 7,1% que consiguió uno. 

Entre quienes necesitaron ser hospitalizados por su dermatitis en este año y medio, que afortunadamente fueron una minoría (5,6%, aunque el porcentaje ascendió a 15,7% en niños entre 1 y 5 años), 1 de cada 5 encontró dificultades para obtener una cama. 

De todos los encuestados, el 66,3% tenía controles programados a partir de marzo 2020, pero solo 3 de cada 10 pudieron concretarlos y el 38,5% lo hizo por telemedicina (vía Whatsapp el 72,4% de las veces). “La tecnología mostró que puede ser parte de la solución de un problema complejo que tenemos en Argentina, que es la carencia de especialistas (y de equipamiento) en muchas ciudades del país, que obligan al paciente a hacer largas distancias para recibir atención médica”, agregó Palacios.

Como la dermatitis atópica comparte el proceso inflamatorio subyacente con otras enfermedades, conocido como ‘inflamación de tipo 2’, no causó sorpresa que 7 de cada 10 participantes presentaran alergia ambiental (47,1%), alergia alimentaria (20,2%), asma (15,7%) y, en menor medida, poliposis, rinoconjuntivitis y esofagitis eosinofílica.

Más sedentarismo y estrés

En promedio, los participantes de la encuesta aumentaron 2 kg en la pandemia y un 10% aumentó más de 10 kg. También bajó la realización de actividad física (el 60,6% no hace ejercicio, pero de ese total 1 de cada 4 lo hacía antes de la pandemia, abandonó y aún no retomó).

6 de cada 10 pacientes consideran que su nivel actual de estrés es elevado o muy elevado, un 34% más que en el mundo prepandemia. Por otro lado, 6 de cada 10 afirman que la calidad de su sueño actual es regular o mala y para el 37,8% empeoró.

“Durante el inicio de la cuarentena muchos tratamientos en salud mental se vieron interrumpidos debido a que los psicólogos no hemos sido declarados personal esencial y por ende debimos detener los tratamientos. Por diferentes motivos muchos pacientes no han podido adaptarse a la telemedicina, lo que ha agravado aún más su situación”, sostuvo Laura Resnichenco, licenciada en Psicología, miembro de ADAR.

 
 

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