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24/09/2021
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Osvaldo Fidanza, el médium de La Plata que rescataba objetos de otras dimensiones

Nació en Italia en 1883 y recaló en la capital bonaerense a los 14 años. Dotado de extraños poderes, fue “descubierto” por los espiritistas de la época. Sus experiencias fueron narradas en un libro: hacía aparecer piedras, medallones, inscripciones. Perdió sus facultades tras un atentado y falleció, casi olvidado, en los ’60.

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Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB

Caía la noche en el Buenos Aires de 1905. Un grupo de hombres desnudaba y revisaba a un joven, lo ataba a una silla y luego lo encerraba en una jaula. Entonces, como cruzando un umbral invisible, aparecían rocas, inscripciones, medallas, piedras, guirnaldas de flores. Parece un cuento fantástico, pero sucedió en realidad y su protagonista fue Osvaldo Fidanza, de solo 19 años, un verdadero prodigio de mediumnidad. Sus habilidades conmovieron a los espiritistas porteños, pero se esfumaron de manera misteriosa antes de que cumpliera cuarenta años.

Fidanza había nacido en Italia el 7 de julio de 1883. Dos años después llegó a nuestro país con sus padres Giuseppe y Diomira. Primero se establecieron en Buenos Aires, pero pronto se mudaron a Avellaneda. Según cuenta el investigador Juan Gimeno, “ya en su infancia tenía la habilidad de mover objetos con su mente, cosa que causaba estupor y desconcierto en sus padres, cuya educación atribuía ese tipo de fenómenos a actividades diabólicas”.

Cuando Osvaldo llegó a los 14 años se sintió tan incomprendido por su familia que decidió irse de casa y probar suerte en otros pagos. El destino lo llevó a una ciudad de reciente fundación y que estaba atrayendo a muchos inmigrantes, La Plata. Allí terminó empleado en una fábrica de zapatos.

Intentó ocultar lo que sucedía a su alrededor, pero era imposible. Volaban botas, remiendos, botones. A diferencia de sus papás, los dueños del negocio lo comprendieron y ayudaron. Comenzaron a vincularlo con personas entendidas en el espiritismo que al poco tiempo comenzaron a reunirse alrededor de su nuevo médium, un adolescente Osvaldo Fidanza.

Se juntaron de manera informal durante algunos años hasta que en 1902 decidieron crear la sociedad Luz del Porvenir. En “Cuando hablan los espíritus” (Juan Gimeno, Juan Corbetta y Fabiana Savall, 2013) se afirma que “esta institución estuvo ligada a Constancia, copiando sus reglamentos y aceptando las visitas de asesoramiento de sus representantes, ya que dos de sus fundadores habían sido miembros de la sociedad porteña”. Constancia fue una de las primeras sociedades espiritistas fundadas en Argentina, allá por 1877.

“La elocuencia de los hechos”

Osvaldo Fidanza junto a dos entidades con las que se comunicaba: Aetes e Ismael. (Gentileza Juan Corbetta)
Osvaldo Fidanza junto a dos entidades con las que se comunicaba: Aetes e Ismael. (Gentileza Juan Corbetta)

A partir de noviembre de 1905, cuando Fidanza comenzó a protagonizar sesiones para visitantes, entre los invitados estuvieron el científico Pedro Serié, secretario de redacción de la revista Constancia, y Luis E. Odell, miembro de la Comisión Directiva de esa sociedad. Las crónicas de estos autores, acompañadas de una buena cantidad de fotografías, fueron publicadas primero por la revista y luego editadas en el libro “La elocuencia de los hechos” (1910).

Las páginas del pequeño volumen son un compendio de maravillas. Fidanza era un médium físico: tenía la cualidad de “producir” aportes, es decir, materializar objetos de origen desconocido. En las sesiones era desnudado, revisado, vestido con un mameluco, atado a un sillón y encerrado en una jaula. En esas condiciones hacía aparecer flores, conchillas, piedras, hojas de papel con inscripciones, medallones. Una vez surgió un pájaro, que dio unas vueltas dentro de la jaula y desapareció; quedaron algunas plumas.

En las sesiones Fidanza se contactaba con dos seres, Aetes e Ismael, cuyas materializaciones fueron fotografiadas durante las sesiones.

Las reuniones no se llevaban a cabo con demasiada frecuencia, ya que el joven quedaba exhausto, perdía mucho peso y a veces debía reposar dos o tres días para recuperarse totalmente.

Vida en comunidad

Mientras tanto, alrededor de 1912 Luz del Porvenir decidió comenzar una experiencia de vida comunitaria de fuerte inspiración utopista. No sabían dónde instalarse así que le dijeron a Fidanza que busque un lugar. El médium caminó durante varios días hasta que “sintió como un tirón de orejas que interpretó como la señal esperada para elegir dónde instalarse y comenzar ellos mismos la construcción, que finalmente quedó terminada en 1915”.

La comunidad, situada en el barrio platense de Los Hornos, tenía un reglamento estricto que repartía proporcionalmente el trabajo. Todos los niños que nacieran se considerarían hermanos entre sí e hijos de todos. Los jóvenes debían obligatoriamente estudiar y todos tuvieron su título universitario. También era obligatorio el trabajo de la huerta y las tareas domésticas en turnos rotativos.

Una puñalada en Constitución

Todo giraba alrededor de la figura de Osvaldo Fidanza, y comenzó a decaer después de que éste sufriera un extraño atentado en Plaza Constitución (Buenos Aires) en septiembre de 1918. Había bajado del tren y salió a tomar una taza de té. De pronto oyó que alguien lo llamaba. Se acercó y entre las sombras llegó una puñalada directo al corazón. No llegó a herirlo de gravedad, ya que el arma fue interceptada por un espejo que llevaba en el bolsillo del chaleco. Pero las extrañas leyes que rigen esos misterios quisieron que a partir de ese día sus facultades fueran menguando, hasta desaparecer por completo diez años después.

La comunidad se desarticuló pero Fidanza, ahora “hombre normal”, continuó viviendo en el predio. Allí llevó una vida austera. Leía, recordaba y escribía unas memorias que se han perdido. Construyó con sus propias manos un rancho, donde había un lugar especial para la jaula donde había sido encerrado noche tras noche. “Dentro de ella se exhibían los innumerables aportes que habían quedado en su poder, como piedras, plantas disecadas, animales embalsamados, metales y elementos de todo tipo, que podían muy bien parecer, a los ojos de algún visitante desprevenido, una extravagante colección de recuerdos de viaje”, afirma Juan Gimeno.

Osvaldo vivió todavía muchos años. Falleció el 20 de marzo de 1963 y fue sepultado en el cementerio de La Plata. Años después su sobrina nieta Marta Fidanza ordenó cremar sus restos.

Juan Corbetta entrevistó a Marta en 2010. Ésta le comentó que “Osvaldo creía que los seres y fenómenos producidos en estado de mediumnidad no eran originados en el contacto con seres espirituales sino por extraterrestres”. ¿De qué viajes, entonces, venían esos “recuerdos” que Fidanza guardó hasta su muerte? Quizás nunca lo sabremos. (DIB) MM

 
 

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