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24/07/2021
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Marsella, un punto de encuentro

Fundada por marineros griegos, la ciudad de Francia que baña la costa del Mediterráneo fusiona costumbres y arquitectura de varios lugares.

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Marsella es una gran ciudad en expansión que recibe a personas de todo el mundo. Su cultura resulta, por ello, una mezcla de matices y características sumamente heterogénea, con una arquitectura y una cocina con influencias españolas, italianas y norteafricanas.

Alejandro Dumas, que la conoció bien y que ambientó allí parte de su más célebre novela, “El Conde de Montecristo”, la definió como “el punto de encuentro de todo el mundo”. Y esto se lo debe, en gran parte, a su vocación marinera y a las caricias que recibe de las aguas del Mediterráneo, que hicieron de la segunda ciudad más habitada de Francia una urbe cosmopolita, de fusión de culturas.

Fundada por marineros griegos hace más de 2500 años, fue sede de un vizcondado en el siglo IX e incorporada a la corona de Francia en 1481. Pero su fama de rebelde tiene un importante punto de partida: es que desde Marsella partieron hacia París, poco antes de la revolución de 1789, tropas para luchar contra el Imperio Austriaco. Y los cánticos de esos campesinos, artesanos y sirvientes dieron nombre a lo que hoy es el himno nacional de Francia, un canto violento conocido mundialmente como La Marsellesa, que tan bien suena a los oídos.  

La ciudad siempre estuvo abrazada al antiguo Puerto Viejo o Vieux-Port, lugar en el que se localizan los orígenes de la villa. Ya en el 600 a. C., era el centro comercial y social. Actualmente es una zona mayoritariamente peatonal, activa, con pintorescas y pequeñas casas flotantes sobre el puerto deportivo, mercados de pescado y de agricultores en el muelle y el impresionante faro Sainte-Marie en la explanada de La Joliette. Poblado de veleros, protegido por fortalezas y rodeado de terrazas donde dejar pasar el tiempo con un café, un vino o un pastís (un anís típico de Francia), la zona es un lugar para caminar lentamente entre sus calles y mezclarse entre el marsellés que, sin un objetivo claro, está por allí.

En torno al puerto, se encuentra el barrio más antiguo: Le Panier. En un paseo por sus calles estrechas y pequeñas plazas, te enamorarás de los edificios de estilo provenzal con aire decadente de fachadas de colores y ropa tendida en sus balcones, de las cafeterías y locales alternativos, y de una autenticidad que no encuentras en ningún otro barrio de la ciudad. No sólo aquí hay que descubrir las navettes, una especie de bizcocho cuya receta sigue siendo un secreto y cuyo origen se desconoce con certeza, sino también hay que comprar uno de los clásicos: sus famosos jabones, que todavía se vende sin envolver. 

El Parque Longchamp, un majestuoso espacio verde. (Oficina de Turismo de Marsella)

Entre fortalezas

Por sus calles, se llega a las catedrales Nueva Mayor y Vieja Mayor, ubicadas entre el Puerto Viejo y el comercial. La primera, edificada a finales del siglo XIX en estilo románico-bizantino, es la más grande construida desde la Edad Media, y limita con la Vieja Mayor, construida en piedra rosa allá por el siglo XII. También en esa zona hay que ir hasta el Mucem, dedicado a las civilizaciones del Mediterráneo en el siglo XXI. El museo está unido al fuerte de San Juan por una pasarela tendida sobre el mar. Justamente el fuerte, con una historia de más de 900 años, es uno de esos lugares que conmueve. Allá por 1660 cuando Luis XIV decidió reforzar las defensas de la ciudad, este sitio se utilizó con fines militares. 

Otros de los monumentos donde nuestra vista irremediablemente se detiene es en la basílica Notre Dame de la Garde, antigua fortaleza vigía, ahora santuario. Construida a partir del 1853, se destaca por su estilo neo bizantino recubierta de mármol y pórfido proveniente de Italia y por una estatua dorada de once metros de la Virgen María que corona el campanario. En su interior con mármoles de franjas blancas y rosadas y elaborados mosaicos​, sorprende por la presencia de exvotos, muchos dedicados por marineros agradecidos, y una decoración con maquetas de barcos colgadas de las bóvedas.Además, desde la iglesia tendrás las mejores vistas de Marsella con el Mediterráneo de fondo y disfrutarás de uno de los mejores atardeceres.

Una buena opción, si el mar está tranquilo, es tomar un barco en el Puerto Viejo y llegar al célebre Castillo de If. En esta fortaleza del siglo XVI, situada en una pequeña isla de la bahía de Marsella, se inspiró Dumas para situar la prisión en el que pasó varios años Edmond Dantès, en su famoso libro. Aunque la obra es de ficción y este fuerte fue originalmente destinado a proteger la costa marsellesa, a partir del 1800 se convirtió en una temible prisión estatal para asesinos y presos políticos, gracias a su ubicación que imposibilitaba las fugas.

En tanto, si uno quiere aire en un espacio verde en pleno centro de la ciudad, el Parque Longchamp es un majestuoso lugar que no deja indiferente a nadie. Ocho hectáreas de espacios verdes, museos, arquitectura suntuosa. (DIB) FD

*Nota del suplemento De Viaje N° 212

 
 

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