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19/06/2021
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El misterioso fenómeno de las vacas mutiladas que azotó la provincia en el otoño de 2002

Cuando el país vivía una de sus peores crisis, los noticieros comenzaron a mostrar imágenes de animales hallados sin rostro, sin músculos, sin órganos. Se habló del Chupacabras, de sectas, de extraterrestres. Para el Gobierno se trató de la acción de un ratón, pero esa explicación no convenció a nadie.

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Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB

Si 2001 fue tremendo para Argentina, 2002 fue espeluznante. Tras un comienzo de año marcado a fuego por la “crisis de los cinco presidentes”, llegó una debacle económica y social en la que se perdieron miles de empleos. El país parecía en un pozo sin fondo y encima, en el Mundial Corea-Japón, la Selección quedó eliminada en primera ronda. En medio de este abrumador contexto tomó, de a poco, estado público algo que al principio no era más que un hecho curioso y después llegó a llamarse “oleada”: el fenómeno de los animales mutilados en el campo, centrado en la zona pampeana (Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Córdoba), pero que también afectó a Entre Ríos, Uruguay y el sur de Brasil. Cada día invadían los noticieros imágenes de vacas (también hubo caballos, ovejas y cerdos pero en menor proporción) con las caras destrozadas, sin ubres, sin ojos, sin orejas, sin ano. Todo este horror incomprensible se cortó cuando desde el Senasa aseguraron que los culpables era un ratón hocicudo o una avispa. Pareció que las mutilaciones terminaron ahí y no hubo más noticias. Pero ¿qué pasó ese lluvioso y frío otoño de 2002? ¿Los mutiladores eran animales depredadores, el “Chupacabras”, extraterrestres, sectas o agentes de servicios secretos?

En el mes de abril de 2002 se registraron los primeros casos de la oleada de mutilaciones. Todo empezó, para el público, en la localidad de Salliqueló, al oeste de la provincia, con el hallazgo de una vaca a la que le faltaban la lengua, músculos, ligamentos y cartílagos de una mejilla. Al poco tiempo apareció un ternero en Leubucó sin el pabellón auricular izquierdo, mejilla, lengua y faringe, ni órganos genitales. Los cortes eran limpios y parecían cauterizados.

A partir de ahí la situación explotó y los casos comenzaron a multiplicarse a lo largo de los meses. Según un informe del Centro de Estudios UFO de La Pampa (Ceufo), al final de la oleada se contaban unos 500 casos de mutilaciones en casi todo el país, con absoluta preponderancia de la provincia de Buenos Aires (183 animales) y La Pampa (91).

Las características que presentaban los animales se repetían permanentemente: no había señales de lucha ni pisadas alrededor de los cuerpos; faltaban órganos internos, ojos, oídos, lengua, recto, genitales, quijadas; las incisiones no presentaban sangrado y el corte se veía limpio, quirúrgico; muchas veces se vieron luces en la zona antes del hallazgo de los animales violentados. En ciertas ocasiones, tanques australianos cercanos al lugar de hallazgo de los cadáveres se habían vaciado de la noche a la mañana.

Hipótesis

El experimentado investigador Gustavo Fernández es el director de la revista digital Al filo de la realidad. Descree, como tantos lo han expresado entre productores, veterinarios y dueños de campos, de la explicación ofrecida por el Senasa en julio de 2002 y que pareció haber zanjado la cuestión: la intervención del ratón del género Oxymycterus, conocido como “hocicudo rojizo”, “cuya población ha crecido recientemente y ha cambiado sus hábitos alimentarios”. Hasta el Gobierno de La Pampa intervino, asegurando que ese roedor “nunca habitó en la provincia”. Otra de las teorías “naturalistas” fue la acción de la avispa chaqueta amarilla, pero también quedó en ridículo.

Y entonces, ¿qué otra explicación hay?

Hipótesis, justamente, no faltan. En la memoria popular la oleada quedó vinculada a los ataques del Chupacabras, esa entidad “nacida” en Puerto Rico que seca de sangre a los animales. Pero jamás se halló nada semejante, ni quedó ningún rastro, en el medio millar de casos de mutilaciones sucedidos entre abril y julio de 2002 en nuestro país. Ningún trabajador del campo vio jamás a una criatura como la mencionada.

También se habló de sectas que mutilarían animales para sus rituales. El doctor Bernardo Cané, director del Senasa, comentó que la ablación de los órganos de las vacas podría obedecer a “casos aislados de prácticas esotéricas”. Pero esto fue negado hasta por el gobernador bonaerense de ese entonces, Felipe Solá: “Si se hubieran concentrado en una sola zona se podría hablar de una secta o de fanáticos religiosos, pero esto se dispersó geográficamente”, dijo al diario La Prensa.

Aliens

De todos modos la hipótesis más mencionada, y que todavía hoy se sigue relacionando con las mutilaciones, es la que hace intervenir a presuntos extraterrestres. De esta manera, las luces que se llegaron a ver en algunos campos eran ovnis, que traían “grupos comando” de aliens dispuestos a llevarse órganos vacunos. El investigador portorriqueño Jorge Martín contó que según testimonios de personas que fueron abducidas, “los seres alienígenas explicaron que utilizan substancias hormonales de los animales que mutilan para obtener ciertos nutrientes y substancias glandulares que necesitan para su sobrevivencia como especie”.

Otro conocido ufólogo, pero en este caso argentino, también avala esa idea. Se trata de Antonio Las Heras, quien en “Presencia Extraterrestre” (diciembre de 2002) afirmó que “la hipótesis más aceptable es que las mutilaciones son resultado de investigaciones científicas ejecutadas por entidades inteligentes nacidas en otros sitios del universo”.

Intervención humana

Por su parte, Fernández arriesga otra hipótesis más terrestre. “En un par de casos hubo clara intervención humana”, asegura en diálogo con DIB, y agrega: “En Bahía Blanca cuando levantaron el cadáver de una vaca mutilada había un celular debajo. Además, en una ocasión un productor de La Pampa contó en un programa de TV de Chiche Gelblung que había sido visitado por cuatro personas para comprarle un animal que iba a ser sacrificado para un experimento sociológico”.

El investigador afirma que “se utilizaron instrumentos quirúrgicos avanzados pero existentes” para las mutilaciones. Y relaciona la oleada con la misteriosa “gripe de Azul” que parece haber nacido a la sombra de los experimentos de la década del ’80 en esa localidad que ya se mencionaron en una nota anterior. “Quizás las mutilaciones intentaron sofocar un brote especialmente virulento de esa gripe… y para enmascarar el accionar de quienes estaban detrás, decidieron extenderse al resto de la provincia”, sugiere.

Lo cierto es que el fenómeno de las mutilaciones de ganado no es algo que se limitó a ese período de tiempo ni a nuestro país. El primer testimonio de una misteriosa nave aérea intentando secuestrar una vaca corresponde a EE.UU., en 1897. Volviendo a nuestros tiempos, las mutilaciones continuaron después de julio de 2002 y de hecho llegan hasta estos días. Pero ya no aparecen en los medios masivos. Y todavía se desconoce qué son y por qué ocurren. La única certeza es que aquel otoño de 2002 quedará siempre en la memoria como el de “las vacas mutiladas”. (DIB) MM

 
 

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