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23/09/2021
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El crimen de “Perico”, un secuestro que no fue y el dolor de dos ciudades

A Mauricio Ponce de León, que vivió toda su niñez en Ranchos, lo asesinaron salvajemente en Chascomús. A los 11 años había sido arrollado por un tren y perdido sus piernas. Se repuso a eso, pero en 2005 un joven le quitó sus sueños.

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Por Fernando Delaiti, de la agencia DIB

Mauricio Ponce de León era conocido como “Perico” en su pueblo natal, Ranchos. Allí pasó una niñez tranquila, de esas que se suelen vivir en el interior bonaerense. Hasta que a sus 11 años todo cambió de golpe. Un tren lo arrolló en la estación local, le seccionó una pierna y la mitad de la otra. Luchó por su vida durante varias semanas y, pese a las consecuencias en su cuerpo, salió adelante. Su fuerza de voluntad fue mayor y hasta le permitió ganar un par de medallas en los Torneos Juveniles Bonaerenses allá por 2003 y 2004. Pero un año más tarde, ya en Chascomús, “Perico”, que le había ganado la batalla al tren, no pudo con Diego Urquiaga, un supuesto amigo que lo atacó salvajemente y lo terminó asesinando de al menos 33 puñaladas.

Tras el accidente con el tren, Mauricio siguió viviendo en Ranchos, pero años más tarde se mudó a Chascomús, esa ciudad famosa por su laguna y ser el lugar de nacimiento del ex presidente Raúl Alfonsín. Fue después de dar una pelea judicial que le permitió tener una indemnización por parte de la empresa ferroviaria de un millón y medio de pesos. Es decir, unos 500 mil dólares a los valores de esa época.

El dinero que había cobrado Ponce de León lo administraba su tía, Mabel, aunque el joven había decidido invertir en propiedades y se había comprado un auto. De hecho, días antes de que se cuerpo apareciera muerto, la familia había tomado posesión de uno de los edificios más importantes de la ciudad: el Club de Empleados de Chascomús, ubicado sobre la avenida principal, y en cuya planta alta funcionaba un tradicional boliche en el que bailaron varias generaciones. Abajo, en tanto, estaba el All Sport Café, un imán para los adolescentes de la época.

Esa compra, que generó cierta polémica a nivel local, fue una de las tres hipótesis que manejó en un principio la Justicia. Las otras dos: un crimen vinculado a la venta de drogas y un posible intento de secuestro para pedir rescate, sabiendo que la cuenta bancaria del joven era abultada gracias a aquella indemnización. Esta última fue la que finalmente se confirmó.

Las últimas horas

Al mediodía del sábado 26 de febrero de 2005, Mauricio, quien en dos días festejaría su cumpleaños 20, salió de su casa en el flamante Peugeot 206 rumbo a lo de Urquiaga. Su amigo le había ofrecido un equipo de DVD a muy bajo costo para colocar en el auto. Una oferta irresistible. Sin embargo, cuatro horas después un llamado a la comisaría daba cuenta de la aparición de un cadáver en un monte a un kilómetro de la Ruta 2. El cuerpo, ensangrentado y entre un espeso barro, era irreconocible. Cuando a la noche los padres del joven fueron a hacer la denuncia por su desaparición, se enteraron la peor de las noticias.

Luego de que los peritos identificaran a Mauricio, los investigadores tomaron en pocas horas decenas de testimonios. El caso conmocionó de tal manera a toda la sociedad que el entonces presidente Néstor Kirchner recibió a la familia del joven en Casa de Gobierno y el ministro de Interior, Aníbal Fernández garantizó el apoyo del Estado nacional para que la Justicia no desvía la investigación.

Uno de los primeros detenidos fue Urquiaga. En su casa hallaron el celular Siemens que pertenecía a “Perico”. Luego llegó el turno de otros jóvenes de nombre Pablo, Matías y Néstor, también conocidos de la víctima. Al parecer uno de ellos contó lo que Urquiaga había dicho, como al pasar en un asado: “Si lo secuestramos y pedimos un rescate”. Salvo este último, tiempo después los otros tres fueron liberados.

Paralelamente, los peritos que intervinieron en el caso determinaron que a “Perico” lo atacaron, a pocas cuadras de la Laguna de Chascomús, dentro del auto: lo golpearon, intentaron estrangularlo y, desvanecido, lo bajaron y lo pisaron en varias oportunidades. Después, le aplicaron 33 cortes y puñaladas en distintas partes del cuerpo.

La condena

En julio de 2008, el Tribunal Oral Criminal N° 2 de Dolores condenó a Urquiaga a prisión perpetua como presunto coautor del delito de “homicidio agravado por ensañamiento”. Los jueces entendieron que el móvil no había sido el robo (le sustrajo además del celular unos 1600 pesos con los que iba a pagar el reproductor de DVD), sino fingir el secuestro de Mauricio, matarlo y luego cobrar un rescate.

Sin bien lo calificaron como coautor, fue el único condenado ya que los otros tres jóvenes vinculados en un principio, habían sido sobreseídos. Sin embargo, para el Tribunal, Urquiaga no habría actuado solo, aunque no se acreditó quiénes fueron sus cómplices.

El fallo, confirmado por la Corte Suprema, dejó tras las rejas al asesino, aunque no borró los lindos y alegres recuerdos que dejó Mauricio el tiempo que vivió en Chascomús. Tanto esta ciudad como Ranchos, que lo vio crecer, aún no pueden entender tanta saña. (DIB) FD

 
 

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